América Latina, de la crisis a la hostilidad política con el capital extranjero



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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.José Méndez / EFE

La historia de la inversión extranjera en América Latina es una historia de oportunidades, pero también de riesgos. En él hay espacio para crisis cíclicas, inestabilidad, tensiones y, en ocasiones, abierta hostilidad por parte del poder político. En última instancia, es una crónica de señales y conocimientos de ida y vuelta. El último capítulo fue escrito en México, como ya había sucedido en Bolivia o Argentina. El plan energético impulsado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, meses atrás, levantó todas las alarmas. Esta semana entró en vigencia una reforma eléctrica que distorsiona el modelo existente y favorece el abastecimiento de una empresa estatal con plantas obsoletas, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), a pesar del impacto económico y ambiental que conlleva este cambio. Un día después de su entrada en vigor, fue detenido por la Justicia.

Ante esta decisión, una apuesta nacionalista de carácter eminentemente político, Iberdrola descartó nuevas inversiones en el país a finales del año pasado. Sucursales de la misma empresa o Red Eléctrica sufrieron expropiaciones por parte del gobierno de Evo Morales en Bolivia hace años. La adquisición de YPF fue una de las nacionalizaciones más emblemáticas de Cristina Fernández en Argentina. Venezuela, cuyo gobierno ahora está buscando capital extranjero para enfrentar la crisis y eludir las sanciones de Washington, se ha convertido en un páramo para la inversión. Y el resto de la región, a menudo plagada de inseguridad, corrupción sistémica puesta al descubierto por la Caso Odebrecht o la volatilidad de las políticas públicas, no ofrece ahora las mejores condiciones para explorar los mercados. Incluso en Colombia, donde se ha abierto una enorme veta de oportunidad tras la firma de la paz con la guerrilla de las FARC en 2016, China es el país que está llenando el vacío dejado principalmente por España y Estados Unidos.

El fenómeno es, en términos generales, anterior a la pandemia del covid-19 y tiene que ver con mensajes políticos. Algunas de las medidas adoptadas por López Obrador en México y sus declaraciones, incluso hablando de “neocolonialismo” y vinculando sin pruebas a empresas españolas y estadounidenses con la corrupción y la especulación desenfrenada, representan, por ejemplo, un claro desincentivo. “La inversión es el mejor indicador de confianza que existe, porque no se trata tanto de lo que dice la gente, sino de lo que hace. Las inversiones comienzan a declinar en el tercer trimestre de 2018 «, dice la economista Valeria Moy, directora del Instituto Mexicano de Competitividad (Imco).» El contexto antes de la pandemia es importante. La cancelación del aeropuerto de Texcoco, por ejemplo, anunciada incluso antes de la toma de posesión del presidente, fue una señal terrible. Los inversionistas no estaban tan interesados ​​en la cancelación en sí, sino en el proceso y las formas de hacerlo, con una aplicación parcial. Era un cartel que decía: «Así es. que vamos a jugar ”, dice.“ Con covid ha habido un declive drástico, pero sí, las reglas del juego han cambiado y creo que se mantiene. Hay empresarios nacionales e internacionales que no están interesados ​​en dar la bienvenida. A menos que la rentabilidad es impresionante, nadie entiende dónde cambian las reglas del juego de vez en cuando ”, continúa Moy.

A esto se suma un factor que afecta sobre todo al sector financiero: los tipos de interés han bajado y esa ventaja, que es la que también atrae inversiones, se está diluyendo. Por otro lado, el miedo al arbitraje está creciendo, especialmente en los sectores de energía e infraestructura. “México no es un país agradable para inversiones de ningún tipo y estamos dando señales de no ser bienvenido, y no solo de extranjeros”, concluye el analista.

Pero también hay otras consideraciones que ayudan a comprender el panorama general. Hubo un momento en que incluso en contextos de profunda inestabilidad política, como sucedió en Venezuela, el factor de riesgo atrajo a algunos inversionistas. No es tan. “Los inversionistas internacionales tienen un apetito de riesgo mucho menor, el boom de las materias primas ya no es atractivo y hay una clara tendencia a la desinversión de empresas de carbón, minería e infraestructura”, enfatiza Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis. Así como algunas grandes empresas españolas han optado por la cautela, también lo han hecho las norteamericanas. En la licitación del metro de Bogotá, por ejemplo, una de las obras más emblemáticas del país andino, no se presentó ni una sola empresa estadounidense.

Riesgo de impunidad

Los riesgos de impunidad en América Latina, con noticias casi diarias sobre nuevos casos de corrupción, no ayudan a la percepción de los mercados en el subcontinente. “Los emprendedores no usarán un maillot de once yardas”, continúa Guzmán, quien también señala los frecuentes cambios en la arquitectura legal. Con cada gobierno, podemos esperar un cambio radical que responda más a una lógica ideológica y política que a una lógica económica. El caso de López Obrador es particularmente evidente. Como ocurrió con la reforma eléctrica, que en la práctica abre la puerta a una especie de nacionalización disfrazada, toda decisión tiene un trasfondo de «orgullo nacional». Este es para el consultor David Shields el propósito detrás de este tipo de reforma estructural. «Ser grandes héroes nacionales y volver a un pasado dorado donde todo era mejor».

Estas leyes pueden generar ingresos electorales. Sin embargo, hay nubes en el horizonte para la economía. “Estos cambios y los que vendrán no son favorables, especialmente para las empresas cuyo principal indicador de éxito es la prioridad del crecimiento trimestral”, continúa Guzmán. «Las empresas que están haciendo planes con plazos de 30 o 40 años pueden encontrar oportunidades», dice. Pero estas condiciones abren otro capítulo de inversiones en América Latina en el que China, en busca de raíces económicas e incluso políticas, quiere ser protagonista.