Carlos Iturgaiz: «En el PP vasco siempre encontramos la vacuna para curar»



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Bilbao

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El pasado jueves el Consejo de Administración Regional del PP Vasco aprobó, con 54 consentimientos y solo tres abstenciones, la presidencia de la Carlos Iturgaiz (Santurce, 1965), quien asume la tarea con el objetivo de investigar «Unidad y consenso». El presidente de Bizkaia considera cerrada la herida interna que se abrió tras la dimisión de Alfonso Alonso por sus discrepancias con Génova.

24 años después, volvió a ser nombrado presidente del PP vasco. ¿Son las sensaciones muy diferentes?

La situación ha cambiado, en esos días ETA mató para hacernos desaparecer física y políticamente del País Vasco. Pero hoy me hago cargo con el mismo entusiasmo y fuerza para afrontar los importantes retos que nos esperan.

¿Qué te dijo Pablo Casado?

Me felicitó y me agradeció por asumir el cargo. Dijo que tengo toda su confianza y apoyo. Evidentemente estoy agradecido por el cariño del presidente nacional no solo a Carlos Iturgaiz, sino al PP del País Vasco.

En 2019 anunció que dejaba la política. Pero solo unos meses después se convirtió en primer candidato a Lendakari por el PP vasco; y luego presidente del partido.

En lugar de dejar la política, me tomé un descanso. Le dije al presidente que, aunque no contaba conmigo para el Parlamento Europeo, me tenía para todo lo que necesitaba. Soy un fiestero y mi ADN es PP. Y cuando me pidió que ayudara en el Partido Popular Vasco, no lo dudé ni un segundo.

¿Tenía miedo de que pudiera haber otro cambio traumático en la presidencia?

Es cierto que ha habido muchas convulsiones tras la dimisión de Alfonso Alonso, pero el PP es un partido muy adulto. Hemos sufrido mucho en esta tierra, tenemos ese sello, pero siempre encontramos la vacuna para sanar. Con mi candidatura se detuvo la hemorragia interna, se cerraron filas y no hubo resignación. El pasado ha pasado y ahora es el momento de enderezar el barco.

¿Cuál será el papel de Amaya Fernández en el nuevo PP vasco?

Es portavoz de los Consejos Generales de Vizcaya y está haciendo un gran trabajo. Gracias por el papel que ha desempeñado en los últimos meses como presidente interino. Lo que hicimos el jueves fue completar la transición de provisional a normal.

Habló antes de la necesidad de «enderezar el barco» del PP vasco. ¿A dónde quieres llevar la fiesta?

El PP de Euskadi es la alternativa al nacionalismo, la presa de contención donde todos los constitucionalistas se sienten a gusto. Es nuestra esencia y nuestra gran fuerza en un terreno muy complicado que Urkullu y el PNV intentan socavar.

La oposición, e incluso algunas voces internas, critican el «conservadurismo» del discurso.

Pero es que si el PP no defendiera la Constitución, la unidad de España y las libertades no sería el PP. ¿Por qué lo cambiamos si es la esencia, el orgullo de la fiesta?

¿Temía perder la confianza del Génova tras los malos resultados del 12 de julio?

Cada vez. Las encuestas nos han dado peores resultados, pero hemos logrado un buen resultado en un momento muy difícil.

¿Cuál es su lectura electoral?

Demostraron la tendencia a la baja que se venía dando desde hace tiempo en el PP. La abstención no nos favoreció, y tampoco votó la división de centro derecha. En las anteriores elecciones autonómicas Vox no consiguió casi los votos, y ahora cuenta con casi 20.000, procedentes principalmente del PP. Otro sector se refugió en el PNV, que introdujo el voto del miedo: o se vota por el nacionalismo o vienen los de Bildu. Pero aun así pudimos conseguir un grupo parlamentario, y de momento somos el grupo constitucionalista más grande del parlamento vasco, tras la vuelta del PSE.

¿Cómo intentará reconectarse con los votantes?

El PP tiene el reto de llegar de nuevo a todos los municipios y comarcas del País Vasco donde ha perdido presencia. Mi objetivo es patear todos los territorios para traer la voz del partido, para que sepan que somos la única voz creíble de alternativa al nacionalismo vasco. En el primer comité de dirección, pretendo «asignar tareas» a mi secretaria general, Laura Garrido, y al vicesecretario Mikel Lezama para hacer una agenda de presencia por provincias.

Garrido, un «Alonsist»; y el joven Mikel Lezama, considerado discípulo de Borja Sémper. ¿Te costó encontrar el equilibrio entre las distintas sensibilidades del PP vasco?

Al contrario, cuento con todos mis compañeros de partido. Los necesitamos a todos por las dificultades de hacer política en el País Vasco, donde los que se sienten vascos y españoles siguen siendo estigmatizados. Si dices que eres del PP en muchos lugares dejan de hablarte o te hacen la vida imposible, porque hay una parte de la sociedad que está enferma, que no es tolerante. Es una tragedia.

Cuando su nominación como presidente se hizo oficial, dijo que llegaría al cargo para buscar «consenso». ¿Incluso con el gobierno de Iñigo Urkullu?

Lo primero que hice fue contactarlo para ayudarlo con los problemas de la pandemia, para salvar vidas y crear empleos. Pero la respuesta de Urkullu fue mirar para otro lado, ni nos llamó. Además, Urkullu, con esa arrogancia nacionalista, ni siquiera andaba con los líderes de la oposición en Lendakaritza.

¿Mantienes tu mano extendida?

Siempre apoyaré a Lendakari para salvar vidas y ayudar en la economía. Pero él sabe que hay una línea insuperable para mí, que es romper España, como pretende hacer con Bildu y su nuevo estatuto de independencia.

¿Pusiste más líneas rojas en la mesa?

Pongo las líneas rojas el día que llegué: con los que no condenan la violencia, los de Bildu, no nos pondremos de acuerdo en nada, no nos sentaremos y no iremos a ningún lado. Aunque algunos pretenden blanquear los batasunos.

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