Cifuentes afronta su primera quiebra con el ‘caso principal’



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– A los que quieran que me vaya, no me voy … me quedo. Me mantengo.

Cristina Cifuentes pronuncia cada palabra sin perder la sonrisa. Ya es pasada la medianoche del 21 al 22 de marzo de 2018 cuando el todavía presidente de la Comunidad de Madrid, que evitó a la prensa todo el día después de hacer estallar el caso del maestro, está en la mesa de su oficina y decide difundir un video en Twitter. Grabación. «Seguiré siendo su presidente», señala durante una transmisión que termina cancelando semanas después. En ese momento no se da cuenta de que ha comenzado su declive y, obsesionada por escapar hacia adelante, expone ante la cámara los supuestos minutos de su Trabajo Fin de Máster (TFM) que finalmente la conducirá al banquillo. Un documento «falsificado» en palabras de la Fiscalía, el juez de instrucción y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Este lunes comienza el juicio.

Cifuentes, también encargado de Caso púnico, se enfrenta por tanto a su primera quiebra tras dimitir en abril de 2018 cuando, en medio del escándalo, se publicó un vídeo de ella retenida por un agente de seguridad de un supermercado por presuntamente robar dos latas de crema en 2011. La Audiencia Provincial de Madrid ha fijado cuatro sesiones para la audiencia oral -los días 18, 22, 25 y 29 de enero-, donde la Fiscalía pide tres años y tres meses de prisión para el exlíder del PP por inducir a la falsificación de un documento público. La URJC, por su parte, plantea esta solicitud de pena de hasta cuatro años de prisión.

El expresidente madrileño, que sigue defendiendo su inocencia, se enfrenta a un duro relato de la jueza de instrucción Carmen Rodríguez-Medel y la Fiscalía. El 21 de marzo, el mismo día eldiario.es Publicó la primera información sugiriendo que le habían dado el título, envió a una de sus consultoras (María Teresa Feito) a la universidad. Había que encontrar una manera de «evitar las nefastas consecuencias políticas» que enfrentaría, según relata la fiscalía en su relato. La revelación infligió un daño enorme a la línea de flotación principal del discurso de Cifuentes, que había emergido como una figura política que se presentaba como el flagelo de la corrupción en un PP madrileño devastado por el escándalo. Cifuentes afirmó encarnar la ruptura total con la etapa de Esperanza Aguirre e Ignacio González, quienes sucedieron a la presidencia de la Comunidad y del partido regional.

[En la imagen inferior, el acta del trabajo de fin de máster de Cifuentes. Si no la puede ver pinche aquí]

«[La asesora Feito] siguió las instrucciones de Cifuentes para realizar las acciones necesarias para facilitar una solución que no lesionara sus intereses ”, escribió el magistrado en la acusación, donde explica cómo instó el consejero a Enrique Álvarez Conde, el profesor que dirigió la epicentro maestro de la trama, para «crear» los documentos necesarios para justificar que «había completado el maestro con normalidad y superado todos los trámites». Luego, según testimonios, hicieron el acto que el popular mostraría horas ante los medios -cuando es de pecho, incluso le dieron una marcada. Cecilia Rosado, maestra implicada, admitiría más tarde que él la presionó para que lo falsificara y emuló la firma de las otras dos maestras que comparecen como parte del juzgado que evaluaría la política, aunque nunca lo hicieron, como señala el fiscal.

Durante la prueba que arranca este lunes, si no hay nuevos retrasos de última hora, Feito y Rosado también se sentarán en el banquillo. Álvarez Conde, juzgado, falleció a mediados de 2019. La Fiscalía pide tres años y tres meses de prisión para el exconsejero de Cifuentes; y 21 meses para el docente URJC.

«Fue algo planeado»

«Creo que he estado diciendo la verdad en todo momento», repitió Cifuentes en las pocas declaraciones públicas que ofreció sobre el tema. Tras su dimisión en abril de 2018, permaneció fuera de los focos hasta septiembre de 2019, cuando reapareció en Telecinco, en una relajada entrevista en la cadena Mediaset, donde empezó a colaborar asiduamente a partir de entonces. La expresidenta aprovechó esa oportunidad para presentar su caída como una gran conspiración en su contra. “Fue algo perfectamente planeado en una oficina y ejecutado a la perfección”, dijo. “Hubo interés por parte de un empresario que quería recibir dinero de la comunidad que no estaba recibiendo; el interés de quienes me lo juraron desde que empecé a levantar las alfombras (incluso, en algunos casos, de mi fiesta); y, desde el punto de vista político, fue muy positivo que la oposición me agotara ”.

De esta forma, parte de su estrategia defensiva ya estaba sobre la mesa. Cifuentes, un político experimentado -ha ocupado cargos públicos desde la década de los noventa- lanza pelotas, se presenta como víctima y evita responder las preguntas clave que la pusieron en el banquillo: ¿ordenó la falsificación del expediente? Si no lo hiciera, ¿por qué un grupo de personas apostaría a salvarla?

Ambas preguntas sobrevolarán la audiencia oral. Y el PP tendrá mucho cuidado. El juicio de caso del maestro Es la primera etapa del largo camino de la cruz que espera al Partido Conservador en los tribunales este año: a principios de febrero, por ejemplo, el juicio por el caso de los diarios Bárcenas. Además, las investigaciones del juez Rodríguez-Medel también han afectado al presidente de los populares, Pablo Casado. El magistrado concluyó que hubo un complot ideado por Álvarez Conde para otorgar títulos a políticos: entre otros, al actual líder opositor. El instructor incluso envió sus investigaciones a la Corte Suprema, ante la cual se registró a Casado, para abrir una causa en su contra por delitos de abuso y corrupción.

Los magistrados del Tribunal Superior en cambio se negaron a imputar al actual líder del PP. Alegaron que no se les presentó prueba suficiente de que existiera un acuerdo previo entre él y Álvarez Conde, a pesar de que creían que podía recibir «indulgencia». El juez, quien concluyó que la maestría fue utilizada «como un regalo» a estudiantes «con un cargo destacado en el ámbito político, institucional o que hayan mantenido estrechos lazos de amistad o de carácter profesional», ya contó con la confesión de estudiantes que admitieron haberles entregado su diploma sin haber hecho nada. Pero se vio obligada a desestimar la mayoría de las investigaciones y aplicar el mismo estándar a todos los acusados. Incluido Cifuentes, para quien su huida hacia adelante se convirtió en su principal error: sólo quedó viva la causa de la falsificación de su certificado TFM. El documento supuestamente creado para evitar el escándalo se convirtió en la gran prueba en su contra.