Contención de daños



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Desde que la primera gran manifestación independentista inauguró oficialmente el llamado ‘procés’ en 2012, el 11-S ha sido un termómetro fiel del momento político catalán. Desde las manifestaciones norcoreanas de los primeros años hasta las dificultades para llenar los vagones que ahora reconoce el ANC, han pasado casi diez años, pasando de un movimiento que ha llegado a ser visto como ganador, al actual ‘depre indepe’. El otoño negro catalán de 2017 supuso un punto de inflexión y desde entonces, hay que verlo así, el independentismo, o parte de él, no ha hecho más que practicar la política de contención de daños de cualquier líder sensible en cualquier parte del mundo. se aplica. Un bonito contraste con lo que llegamos a experimentar. No hay que olvidarlo: desde la audacia de Mas, se fue a un Puigdemont en modo suicida para acabar en la presidencia ‘freak’ de Torra (¿alguien se acuerda?). Pere Aragonès, en sus primeros cien días, se limitó a intentar no equivocarse. Eso ya es mucho en comparación con sus predecesores.

En este contexto, también es divertido ver cómo en las redes el independentismo más ‘hardcore’ impulsado por Junts se dedica a desollar al ‘presidente’ y a Junqueras para proclamar una obviedad: la estrategia del unilateralismo va más allá de lo que se acerca. el objetivo de la independencia. En ERC, ni siquiera de una manera tácticamente interesada, parece que lo han hipotetizado: contención de daños, el objetivo es perdurar en el tiempo, en fin, autonomía. Las próximas citas serán balizas para leer el momento: en primer lugar, la Diada confirmará que la facción independentista DUI ha entrado en una fase ‘descendente’, cada vez más amarga, enojada con todos, nuestra Liga Norte. Sin respirar fuerte, la ‘mesa de diálogo’ vendrá después, un momento para los posibilistas. ¿Dónde está la pelota? El objetivo es durar.

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