¿Cuándo será el coronavirus como un resfriado común?



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¿Recuerdas cómo era la vida normal? De repente, nos hemos visto inmersos en un mundo peligroso donde virus invisibles en el aire nos amenazan cuando nos encontramos con amigos, cuando tocamos un objeto o cuando entramos en el local donde solíamos consumir.

Miramos con recelo a personas que no nos parecen lo suficientemente sabio. Sin embargo, en nuestra vida anterior nos movíamos libremente sin máscaras y nos saludamos dándonos la mano. Nos abrazamos y besamos, compartimos objetos y vivimos juntos.

Si nos hubieran preguntado sobre la distancia social, habríamos pensado en comportamientos gruñón, clasista o incluso racista. Pero en ningún caso hubiéramos hablado de estar a más de metro y medio de distancia de los demás todos los días.

Ahora nos consideramos culpables de todo lo que nos pasa y miramos a nuestro alrededor con miedo de guías, salidas, confinamientos y otras restricciones. Ahora, en determinados momentos, nos sentimos más seguros cuando estamos aislados.

¿Fue la vieja normalidad un error?

Sin embargo, no está claro que nuestra vida normal haya sido un error. Contactos sociales nos permitieron reforzar relaciones entre los miembros de la Comunidad. Además, desde el punto de vista microbiológico, nos permitieron formar una comunidad de microorganismos que compartimos entre todos los que vivimos en una ciudad o grupo social.

Estos microorganismos compartidos estimulan nuestra respuesta inmunológica, lo que nos permite estar protegidos contra otros virus y bacterias que encontramos a diario. También participan activamente en la digestión de los alimentos que comemos.

No vivimos en una burbuja estéril sino en un entorno lleno de microorganismos con los que, evolutivamente, hemos aprendido a convivir. Nada tiene sentido en biología a menos que sea a la luz de la evolución. Examinemos nuestra relación con los microorganismos bajo esta luz.

¿Quién nos enseñó a comportarnos así?

Parte de este aprendizaje evolutivo de nuestra especie se refleja en nuestro comportamiento. Nos gustaría pensar en tocar, besar, acercarnos y compartir objetos para comportamientos decididos racionalmente.

Sin embargo, la verdad es que todos estos comportamientos han sido seleccionados o tolerados evolutivamente. Son parte de la domesticación de nuestra propia especie. Es decir, con el tiempo, se han ido seleccionando y predominando en la población aquellas variantes de nuestra especie que mejor se han adaptado a vivir en un entorno microbiano determinado.

Por su parte, las variantes microbianas que mejor podían imponerse en nuestras poblaciones prevalecieron sobre otras más letales que, al eliminar al huésped, dificultaron la transmisión.

En este juicio de coevolución podríamos llamarlo domesticación: domesticación de humanos y microorganismos. Aunque quizás sería más correcto cambiar el término domesticación (de domus, casa) por urbanización (de urbs, ciudad) ya que las comunidades microbianas con las que convivimos son las seleccionados para nuestra vida en poblaciones cada vez más densas. Por tanto, volveremos a nuestra vida normal, ya que es lo que nos permite vivir mejor en comunidad.

Seguramente aparecerán nuevos patógenos más o menos virulentos que se introducirán en nuestra comunidad y producirán nuevas epidemias y pandemias. Es un imprevisible accidente natural que se eleva como una gran ola que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Pero sin embargo, la ola pasará y el mar volverá a calmarse. Volveremos a nuestra vida normal porque es el resultado de nuestro proceso de selección: la vida en comunidad parece compensar evolutivamente el riesgo de epidemias.

El coronavirus no desaparecerá en la nueva normalidad

Este coronavirus Me quedaré a vivir permanentemente en nuestra especie. No satisface ninguno de los presupuestos que nos permitirían pensar en su erradicación. Es un virus adaptado a la población humana con reservorios animales, la enfermedad que produce no tiene un diagnóstico claro y diferenciado y no disponemos de una vacuna con suficiente eficacia.

Además, el coronavirus es un virus de ARN que, aunque no es tan variable como el virus de la influenza, es muy variable, por lo que pueden aparecer nuevas cepas que escaparán parcialmente de nuestro sistema inmunológico y pueden producir ondas epidémicas de diversa gravedad.

El virus de ARN es muy variable, por lo que pueden aparecer nuevas cepas que escaparán parcialmente de nuestro sistema inmunológico y pueden producir ondas epidémicas de diversa gravedad.

Sin embargo lo és Espere que estas olas tiendan a ser menos pronunciadas en el futuro., aunque ocasionalmente pueden surgir nuevas variantes pandémicas como en el caso de la influenza.

¿El coronavirus convivirá con nosotros en la nueva normalidad?

Las oleadas posteriores de infección en personas que han sido vacunadas o han tenido la enfermedad harán que la inmunidad individual y grupal se propague a toda la población. El coronavirus SARS-Cov2 se convertirá en un nuevo virus del resfriado invernal que causará esporádicamente casos graves.

Esta protección provocada por la circulación de baja incidencia del virus en la comunidad inmunizada se producirá cuando volvamos a la vida normal que describimos al principio de este artículo.

Mantenimiento de las medidas aislamiento social y otras medidas destinadas a reducir la movilidad de la comunidad microbiana con la que vivimos reducirá el efecto protector de esta convivencia. Así, nos hará más susceptibles a los microorganismos que nos rodean y contra los que estamos protegidos del contacto esporádico habitual de nuestra vida normal.

Una vez que se controla la fase crítica que causa este colapso, la vida normal seleccionada evolutivamente durante el proceso de domesticación humana prevalecerá nuevamente.

El problema fundamental de las pandemias es el colapso del sistema de salud y del sistema social. Una vez que se controla la fase crítica que causa este colapso, la vida normal seleccionada evolutivamente durante el proceso de domesticación humana prevalecerá nuevamente. Esto es lo que sucedió después de todas las pandemias anteriores que ha sufrido nuestra especie.

Publicado originalmente en
La conversación de TI.

Antonio G. PisabarroCatedrático de Microbiología, Departamento de Ciencias de la Salud, Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada, Universidad Pública de Navarra

Denisse Patricia Rivera de la Torre. Profesor de Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de Sonora, Universidad de Sonora.

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