Duelo de miedo



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Alguien debería señalar al líder de campaña del PSOE que cada vez que Podemos inicia un mitin en Vallecas con piedra limpia, Gabilondo cae en las urnas. Aunque el anodino profesor de Filosofía insiste en negar a «este Iglesias», prometiendo mantenerlo alejado del Gobierno regional cuando venga a presidirlo, nadie lo cree capaz de cumplir su promesa. Basta contemplar cada una de las combinaciones aritméticas que pueden llevar a Gabilondo a la Puerta del Sol para darse cuenta de que no hay quien le permita prescindir de la podemita caudillo. Cualquier votante alertado lo sabe.

Uno y el otro, Iglesias y Gabilondo, constituyen una unidad de destino en la universalidad esto hace que sea imposible verlos como realidades autónomas. Sus destinos están entrelazados. Sin la contribución de los escaños comunistas no hay mayoría posible al alcance de los socialistas. Cualquier votante que esté dispuesto a depositar su papeleta en las urnas del PSOE sabe que está apostando, irremediablemente, a trasladar la fórmula del gobierno español a Madrid. La reflexión también funciona al revés. Los votantes de extrema izquierda tienen igualmente claro que sin la ayuda del avión nodriza de Gabilondo nunca asaltarán el cielo del poder del capital.

Así que no hay ningún mensaje electoral de ninguno de ellos que no tenga un impacto directo en el electorado siamés. No sería grave si esos mensajes fueran beneficiosos para los dos. Pero no lo son. A diferencia de. Siempre que el candidato socialista insiste en reclamar su torpeza, hablando de contención y moderación, las hordas podemitas, que esperan la próxima emboscada con pintura de guerra, sufren un derrumbe paterno y muy querido. Ser llamado a una batalla por la armonía no los motiva en absoluto. Por tanto, su horizonte electoral se ha mantenido estable en el 7%. El tiro de Iglesias no da más. Y si Gabilondo insiste en mantener su campaña Zen, dará menos.

Desde una perspectiva socialista, el panorama es aún peor. Su intención de voto se ha reducido en cuatro puntos y medio desde que Iglesias anunció su candidatura. En marzo era del 27,8% y un mes después, según la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Alicantur Noticias, era del 23,2%. El cartel del caudillo podemita es veneno para la taquilla del PSOE. Apuesto lo que hace falta, además, a que si se repiten episodios como los de Vallecas esta semana, la tendencia a la baja seguirá empeorando.. La caída de Gabilondo aún no ha tocado suelo. Alguien debería señalar esto Iván Redondo antes de que el desastre acabe con su reputación de chamán milagroso.

Pero es que, para colmo, las consecuencias negativas que tiene para la izquierda la radicalización tabernaria de la campaña no acaban ahí. Otro de sus efectos perniciosos sobre sus intereses es presentar a Vox como un partido que no cumple con el criterio de un diente por diente que uno esperaría de la formación de cuevas y montañas descrita por sus oponentes. Abascal dijo muy claramente: «No nos encontrarán en el enfrentamiento civil». Los hechos no lo refutan. Se está volviendo obvio que esta idea de que Vox es la extrema derecha que sale de noche a comerse crudos a los demócratas no es más que un engaño propagandístico.

Un engaño que, sobre todo, ya no funciona. En un mes de palpitante insistencia, sus impulsores consiguieron hacer retroceder dos puntos al partido de Abascal, menos de la mitad de lo que cayó el PSOE por los ladridos de los podemitas. En el duelo de miedos, Iglesias se lleva la palma. No hay miedo a Vox. Y, si lo hay, es mucho menos de lo que inspira Podemos. Algún día los cabezones de Moncloa entenderán que en estas elecciones no es prioritario premiar el liderazgo de Ayuso, sino castigar a Sánchez por haber elegido el comunismo vallecano, el que tira piedras y prende fuego a la carretera, como compañero de viaje. .

Lo explicó bien, en mi opinión, Narciso Michavila, editor de Gad 3. “La izquierda madrileña es una izquierda ilustrada, y no una izquierda obrera ni revolucionaria, por eso les atraía Iglesias como profesor universitario, pero las otras Iglesias arrojadas a las barricadas no las atrae en absoluto. » Yo también diría -agrego yo mismo- que les da miedo. Mientras se considere que el arco despierta el odio hacia las manifestaciones de campaña, la idea de deshacerse de él seguirá siendo una prioridad para muchos. El problema con el PSOE es que la mejor forma de conseguirlo es pateando a Gabilondo en el culo. Con el perro muerto, se acabó el parásito.