El ático se enreda en un alambre de púas



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Actualizado

Sábado 13 de marzo de 2021 –
23:17

Los rojblancos no logran marcar ante un Getafe combativo que jugó en la inferior durante más de 20 minutos. Surez y Dembl, que acabaron formando pareja de ataque, tuvieron ocasiones

Soria detiene un disparo de Dembl.

Soria detiene un disparo de Dembl.

PIERRE-PHILIPPE MARCOU AFP

Con una caricia Luis Suárez quiso apagar la agonía. El Altico vivió encaramado en el área del Getafe y la charra acabó besando la pole. Luego trató de hacer las cosas a su manera, Dembl, pero tampoco hubo manera. Ni siquiera en superioridad los hombres de Simeone lograron cruzar el alambre de púas diseñado por Bordals, que terminó siendo un muro blindado con seis puntas afiladas. Un mordisco indigerible que detiene el paso del líder (0-0). No siempre es fácil salir del barro.

Inicialmente, el Atlico se presentó en el animado y atrevido Coliseo. Jugabilidad vertiginosa e intenciones bien definidas. Pero ya se sabe que cuando el Getafe está al frente una cosa es lo que quieres y otra te dejan hacer. Esos hermanos iniciales duraron para el líder mientras los chicos de Bordals en líneas de cierre y líneas de envoltura. Hubo un aviso de Carrasco, que Correa encontró con su periscopio, pero no fue más que un simple encargo. Y poco a poco, la noche se fue haciendo más oscura y concurrida. A veces, mirarse en el espejo no es tarea fácil. Por lo tanto, durante mucho tiempo ambos agudizaron la vista y el instinto, escudriñando cuándo y dónde se podía encontrar una solución para desbloquear la alfombra.

Marcador de posición de Marcos Llorente, además de ofrecer mil deselecciones, detuvo una reacción azul como solo él pudo. Recuperó 30 metros en un abrir y cerrar de ojos, dejando a Koke en la carretera como si un avión lo pasara, y rechazó el intento de la Cucho, que no sabía cómo diablos se las arreglaba para aparecer ante sus ojos, cuando pensaba que su viaje a Oblak estaba claro.

Hasta la interrupción, hubo otro intento de Carrasco y algunas escenas cómicas, como la piscina de Maksimovic en la zona rojiblanca, que el propio jugador corrigió casi sonrojándose. El conjunto, debido a la protesta, le costó a Gimnez la amarilla. Entre el alambre, Oblak y Soria, acostumbrados a vivir al calor de sus compañeros, no tuvieron problemas.

Sal no ofreció remedio a Simeon. Además, pasó desapercibido. Así que bajé de las gradas Joao flix, esperando su turno, esperando encontrar algo en su sombrero para planchar con una noche que viajaba arrugada. Para ello, se acercó a Koke con la esperanza de poder comenzar su homilía desde las profundidades. Arambarri siempre andaba con el colmillo dispuesto a bajarle los humos a los portugueses. Joao nunca se escondió. El Getafe, que no atraviesa sus mejores días, tenía en mente cortar la sangre ante el rojiblanco, después de 13 derrotas consecutivas y 34 goles encajados y nadie a favor desde que lo dirigió Simeone. Detén a un ogro, vete.

Las etapas de Soria

Atlico lo pasó mal, cuando el Getafe volvió a ser ese equipo que miró hacia arriba y no dejó mirar atrás. Guapo También rechacé un contador con aroma a veneno Oblak Me quité los guantes. Fue un mareo rojiblanco que Simeone intentó paliar con una revolución. De repente Lodi, Dembl y, sobre todo, Lemar saltaron al green. Era el momento de pensar en algo y parece que no hay mejor manera de hacerlo que con Joao Flix, Koke y el propio Lemar, para una sala de máquinas diseñada para cruzar la trinchera.

En esos casos, Nyom cruzó un cable y, a través del VAR, fue expulsado. Un gesto tan grosero que el mismo jugador, cuando vio al árbitro corregir su tarjeta amarilla, simplemente bajó la cabeza. Sin embargo, en la inferioridad, Cerveza inglesa, entregado y terco, siguió luchando. Ni el VAR ni el árbitro parecían ser penalti Dembl en su propio terreno, demostrando que lo suyo no es defenderse. El francés acabó formando pareja de baile con Suárez y las suyas, aparte de la caricia del palo del uruguayo, fueron las mejores ocasiones. David Soria respondió implacablemente a todos, excepto a uno, imperdonable, que lo envió al limbo solo. El líder terminó atrapado en el barro y con un pellizco inesperado en su suave colchón.

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