El aumento de la electricidad eleva la inflación en agosto al 3,3%, la más alta en casi una década



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Un hombre repostó en una gasolinera de Madrid.
Un hombre repostó en una gasolinera de Madrid.Mariscal / EFE

La inflación aumentó en agosto por sexto mes consecutivo. La tan esperada reactivación económica –y las altas expectativas sobre su vigor–, que impulsó la demanda adormecida durante gran parte del año pasado debido a la pandemia, explica gran parte del aumento: el índice de precios al consumidor (IPC) avanza este mes a una variación anual. del 3,3%, el más alto desde 2012, según datos avanzados publicado este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El aumento de la electricidad y la gasolina sigue arrastrando el resto de la canasta. «En este comportamiento se destaca el aumento de los precios de la electricidad, mayor este mes que en agosto del año pasado», dijo la agencia en un comunicado. Y todo indica que la tendencia seguirá. También este lunes el mercado eléctrico mayorista marcará un nuevo récord, con 124,45 euros el megavatio hora. Otro.

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Desde hace algún tiempo, las previsiones apuntan a un aumento generalizado de la inflación, más intenso de lo esperado. Y la energía le pesa mucho. Ya a fines del año pasado, con la paulatina relajación de las restricciones y la aprobación de vacunas contra el covid-19, el precio del petróleo comenzó a subir. El barril de Brent, el referente en Europa, se acerca a los 73 dólares -cuando estaba por debajo de los 20 en 2020- a pesar de ralentizar su crecimiento en los dos últimos meses por la incertidumbre que genera la variante delta del coronavirus. Y el aumento ya se ha trasladado al combustible: llenar un depósito de 50 litros de un coche, tanto gasolina como diésel, cuesta unos 10 euros más en julio que en enero.

El precio del gas en los mercados internacionales también triplica el nivel de hace un año, y junto con los derechos de emisión de CO – en el nivel más alto jamás registrado, por encima de los 50 euros la tonelada – han arrastrado el precio de la electricidad en toda Europa. En España, el mercado mayorista está en su punto más alto desde hace semanas: en agosto batió varias veces el récord diario. Y este lunes lo volverá a hacer, alcanzando el nivel sin precedentes de 124,45 euros el megavatio hora (MWh). A esto se suma el creciente costo de otras materias primas y la escasez de productos como los microchips, que están provocando un desabastecimiento en las fábricas de automóviles, teléfonos celulares u otros equipos tecnológicos.

Este aumento de los precios de la energía tiene un efecto dominó sobre multitud de otros productos, incluidos los alimentos, encareciendo su producción o transporte. Otras categorías relacionadas con el turismo también están repuntando, como los hoteles y las instalaciones de alojamiento, debido al despertar de la demanda, tras un 2020 marcado por continuos cierres y aperturas de comercios, establecimientos y fronteras.

La subida del IPC también ejerce presión sobre las finanzas públicas. El Gobierno ya ha aprobado la primera parte de la reforma de pensiones solicitada por Bruselas para el desembolso de fondos europeos, que entre otras cosas vincula la revalorización de beneficios a la evolución del índice de precios al consumidor. Y entre los pagilla La revalorización de febrero y del próximo año, ante la inflación de los últimos meses, el estado enfrentará un costo adicional cercano a los 4.900 millones en 2022.

El Ejecutivo también cierra los últimos márgenes para aplicar finalmente en septiembre el aumento del salario mínimo interprofesional (SMI), que estaba congelado desde diciembre provocando enfrentamientos entre los socios gubernamentales. A la espera de conocer los detalles de la subida, todo apunta a que se revalorizará entre 12 y 19 euros, según recomendación de los expertos laborales, para que al final del plazo alcance el 60% del salario medio. Este aumento aumentará el poder adquisitivo de los trabajadores con los ingresos más bajos, pero puede agregar combustible a la espiral inflacionaria.

Atención

En la zona euro, la inflación alcanzó el 2,2% en julio, el nivel más alto desde octubre de 2018. Los principales culpables del repunte son los sospechosos habituales: los altos precios de la electricidad y el combustible. El aumento de los precios de la energía también está ejerciendo presión sobre los precios en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): la inflación media de los clubes se recuperó un 4,1% anual en junio, arrastrado por un incremento de los productos energéticos del 17,4%. En Estados Unidos, donde la recuperación es vigorosa y los estímulos son aún más masivos que en Europa, los precios avanzan aún más rápido: el mes pasado alcanzaron el 5,4%, el nivel más alto en una década.

Los bancos centrales, sin embargo, están reaccionando con cautela. Tanto el Banco Central Europeo (BCE) como la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) consideran este incremento provocado por la auge por la demanda luego de meses de bloqueo, por el aumento de los precios de la energía y otras materias primas y por la escasez de algunos productos que está cortocircuitando las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, los indicios sobre la evolución de la situación sanitaria no son del todo claros: a pesar del avance de la vacunación, las nuevas variantes del virus abren nuevos interrogantes.

Con estos mimbres, el BCE ha decidido flexibilizar su meta de inflación cercana, pero por debajo del 2%, abriendo la puerta a superar este límite siempre que sea un período transitorio y «esté moderadamente por encima». Esto significa que los tipos de interés se mantendrán bajos y el estímulo se mantendrá a pesar de la subida de precios, eliminando la posibilidad de un giro brusco que obstaculice una recuperación aún no totalmente asentada y penalice a los países más endeudados. La Fed también ha optado por la cautela: su presidente, Jerome Powell, ha descartado una subida de tipos por el momento, aunque estaba dispuesto a reducir el estímulo a finales de año el viernes pasado. Los próximos meses dirán si el alza de precios es solo una situación temporal o si las autoridades deberían ajustar el tirón en sus políticas.