El gran lío del Ministerio de la Verdad o cómo desinformar para combatir la desinformación



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El uso generalizado de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería móvil ha facilitado la comunicación entre personas, independientemente de que estén separadas unos cientos de metros o decenas de miles de kilómetros. Pero también permitieron que el diseño campañas de agitación masiva o manipulación de la opinión pública de una forma mucho más sencilla y eficaz.

Estos sistemas han simplificado las formas en que los países pueden hacer esto desestabilizar otro estado para obtener un beneficio de forma más o menos tangible. Y también ha reducido significativamente los costos. Con unos cientos de miles de euros se pueden obtener los mismos resultados que hace décadas hubieran costado una auténtica atrocidad. Es por eso que las campañas de desinformación se han vuelto comunes en los últimos años.

Varios estudios han confirmado este tipo de campañas, concebidas por potencias extranjeras, con Rusia en el horizonte, en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, el referéndum Brexit del mismo año en Reino Unido, las elecciones presidenciales francesas de 2017 o el referéndum ilegal 1-0 en Cataluña. Y es por eso que la UE ha creado un grupo de trabajo para detectar amenazas de este tipo contra los países miembros.

los Departamento de Seguridad Nacional Comenzamos a trabajar en la detección de estas campañas en nuestro país en cuanto se detectaron las primeras a nivel internacional. El gobierno del PP intentó crear un marco legal adecuado para que pudieran investigar y luchar de la mejor manera posible. La oposición, con PSOE Y Podemos, son tirado discutiendo estaban creando un archivo Ministerio de la verdad. Y ese marco nunca fue aprobado.

En el último año han vuelto a trabajar en este marco legal, que se publicó esta semana en el Boletín Oficial del Estado. El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice en su segundo sentido que un hecho un desastre es «una trabajo hecho mal y sin cuidado«. Una definición que en su versión más extrema define a la perfección lo que ha sucedido en los últimos días con este nuevo intento, si nos quedamos con la versión más benevolente de lo sucedido.

El texto es tan ambiguo y da lugar a tantas interpretaciones que parece que el gobierno ha preparado un Ministerio de la verdad, que estará controlado por el Palacio de La Moncloa, un evaluar la información publicada en los medios de comunicación y que, además, será el encargado de decidir si la noticia que se publique es verdadera o falsa. En efecto, los La Comisión Europea ya está analizando el plan como si fuera contrario a los principios europeos

A Departamento de Seguridad Nacional son claros. Argumentan que el único objetivo de la orden ministerial era contar con un marco y estructura adecuados para poder actuar cuando detectan una campaña de injerencia extranjera contra nuestro país, y que en ningún caso entrarán en decir si la información publicada por un medio es verdadera o falsa, al igual que no lo han hecho en los casi ocho años desde su inicio.

Pero es perfectamente normal que los partidos de oposición, los medios de comunicación y la opinión pública tengan sus dudas, porque gran parte de la dirección de Podemos en los últimos años ha apoyado la redacción de un tipo de texto legal que le permita mira con mano de hierro a todos los que dicen cosas que no les gustan o se sienten incómodos. Hace solo unos días lograron pasar un proyecto de ley a tal efecto en el Congreso.

Además, ayer el líder de Podemos en Castilla y León, Pablo fernandez, así justificó el texto del decreto ministerial. «Es fundamental y crucial luchar contra las noticias falsas. Estamos en un momento en que Los partidos de derecha y extrema derecha basan sus discursos en mentiras¿No hacen estas palabras mucho más creíble que lo que se ha escrito sea la base para la creación de un Ministerio de la Verdad? Más aún si la disputa sobre el control de las críticas gubernamentales en las redes sociales que realizó el general de la Guardia Civil José Manuel Santiago durante el primer estado de alarma.

Desde el Departamento de Seguridad Nacional insisten: «No.o nos dedicamos a las fake news, no le prestamos atención. Buscamos campañas de desinformación, que no suelen llevar noticias falsas porque se desacreditan al segundo día. Buscamos interferencia extranjera y hemos encontrado inferencias muy fuertes en cosas que afectan la soberanía nacional, pero no se pueden proporcionar datos.«.

Afirman que no buscarán engaños y verificarán noticias mediáticas, pero esta posición contradice las explicaciones que dio ayer el Canciller. Arancha González Laya. «Se trata de limitar la transmisión de falsedades a través de la radio, la televisión e incluso las plataformas digitales que distorsionan el debate público, manipulan a la población y pueden causar graves daños a la democracia. De eso se trata», dijo. .

Entonces, ¿cuál es el verdadero objetivo? ¿Son solo las campañas de desinformación e interferencia que mantiene el Departamento de Seguridad Nacional? ¿Es el control de los medios como dijo Laya? O pasemos a otras posibilidades: ¿Laya no había leído o no sabía de qué se trataba la orden ministerial y hablaba de oídas? ¿El ministro de Relaciones Exteriores no puede distinguir entre una campaña de interferencia internacional y un tweet que dice que el coronavirus se previene bebiendo lejía?

Para empeorar las cosas, el texto de la orden ministerial incluye una frase demasiado sorprendente: «fortalecer la libertad de expresión y el debate democrático, examinar la libertad y el pluralismo de los medios, así como el papel en la sociedad civil. “Aunque la frase aparece tal cual en el Plan de Acción Europeo para la Democracia elaborado por el Grupo de Trabajo de la UE, ¿de qué sirve analizar el pluralismo de los medios si no se trata de detectar injerencias internas de países extranjeros?

La realidad es que si el gobierno solo quisiera legislar para acabar con la desinformación, lo que ha logrado es un verdadero lío aderezado con grandes dosis de desinformación cortesía del ministro Laya. Y si querían su propio Ministerio de la Verdad, el error no fue pequeño, ya que dejó claro que la búsqueda de campañas de desinformación es el engaño detrás del cual se escondían sus intenciones de limitar la libertad de expresión de todos los españoles. .

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