El gusano que acabó con el sueño sueco de llegar al Polo Norte



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los triquinosis es una enfermedad causada por gusanos parásitos de la familia de dioses Trichinella. Pueden infectar a la mayoría de los mamíferos y llegar a los humanos después de ingerir carne de cerdo, jabalí … o de oso poco cocida, como probablemente sucedió en una de las expediciones más emocionantes al Polo Norte.

Antes de comenzar la epopeya, es mejor fijarnos temporal y geográficamente. En el siglo XIX, el hombre inició una serie de emprendimientos encaminados a conquistar los polos del planeta, no en busca de conocimiento, sino al desafío como país de ser el primero en llegar a esos lugares inexplorados.

Además, existía la peculiaridad de que Suecia permanecía en un segundo plano,

en lo que respecta a las expediciones científicas al Ártico, muy por detrás de Noruega. Y es precisamente en ese clima donde apareció la figura del ingeniero y aeronauta sueco Salomon August Andrée (1854-1897).

Un viaje sin cabeza

Andrée era un hombre versátil que demostró una competencia especial como aeronauta autodidacta en globo de hidrógeno tripulado. En ese momento era el único vehículo tripulado que existía y siempre estaba sujeto a los caprichos de los vientos, que eran en última instancia los responsables del destino final de la travesía.

Tras una serie de aventuras aéreas, el ingeniero sueco creyó haber encontrado la fórmula para transformar el globo de hidrógeno en una aeronave, mediante un sistema de control por cable. Fue con este invento que se concibió la posibilidad de llegar al Polo Norte.

La sociedad sueca aceptó la propuesta con enorme patriotismo y no faltaron donantes generosos, entre ellos, el rey Oscar II de Suecia y él mismo. Alfred Nobel.

El globo, bautizado como ‘Águila’, partió en el verano de 1897 de las Islas Svalbard, con el objetivo de aterrizar en Rusia o Canadá tras cruzar el Polo Norte. Los compañeros de aventura que eligió Andrée para la ocasión fueron el fotógrafo Nils strindberg (1872-1897) e ingeniero Knut Fraenkel (1870-1897).

El globo estaba construido con capas de seda barnizada, rodeado por una red y cubierto en la parte superior por una capucha que lo protegía de la nieve y el sol.

El gusano asesino

L’Aquila, con sus casi treinta metros de altura, despegó a las 14.30 horas del 11 de julio de 1897. En el segundo día de la travesía, perdió altura y se estrelló ruidosa e inesperadamente contra el hielo. Los tres exploradores no sufrieron daños significativos, pero ese fue el comienzo de una agotadora marcha hacia el sur sobre el hielo. Algo que, por supuesto, no se esperaba.

Con un equipo inadecuado y una preparación deficiente, los exploradores caminaron durante tres largos meses durante los cuales cada uno de ellos tuvo que arrastrar un trineo cargado con equipos y suministros que pesaban más de 100 kilos.

La llegada del invierno ártico los sorprendió cuando estaban en Desierto de Kvitoya, en la Isla Blanca, agotados y desesperados, sin poder avanzar, decidieron montar un refugio en un enorme bloque de hielo, donde pasar el invierno. Desafortunadamente, unos días después, los tres exploradores murieron, aunque sus cuerpos no se habrían salvado, y accidentalmente, hasta treinta y tres años después.

Se han tenido en cuenta diversas hipótesis sobre el motivo de la muerte, sin que hasta la fecha se haya podido llegar a una conclusión determinada. Gracias a los periódicos se supo que los tres hombres comieron algunas porciones de comida enlatada y deshidratada que llevaban en el globo, pero comieron grandes cantidades de carne semielaborada de oso polar y ocasionalmente focas.

Los científicos que estudiaron su muerte encontraron el cadáver de un oso polar, que supuestamente formaba parte de la dieta antes de morir, y que estaba infectado con larvas de Trichinella spiralis, razón por la cual este gusano fue acusado de ser el responsable de su muerte.

M. Jara
M. Jara

Pedro Gargantilla es internista en el Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de numerosos libros de divulgación.

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