El independentismo refuerza su mayoría pese al triunfo del PSC



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Ninguna pandemia con la consiguiente crisis económica ha servido para dotar de previsibilidad al escenario político catalán. Las elecciones celebradas este domingo en Cataluña, con una fuerte abstención motivada por el coronavirus, dieron la victoria al Partit dels Socialistes de Catalunya de Salvador Illa en número de votos pero sin que este empujón fuera suficiente para derrotar al bloque independentista, que afianza la contienda. Las encuestas elaboradas por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts por Catalunya repiten la coalición de gobierno de los últimos años que ha generado tanta inestabilidad dentro y fuera de la comunidad autónoma. La novedad será, si los separatistas vuelven a ponerse de acuerdo, que Esquerra Republicana encabezará por primera vez el gobierno de la Generalitat, desmantelando Junts.

Los socialistas lograron atraer no solo gran parte del voto de no independencia que en 2017 optaron por Ciudadanos sino también el de quienes quieren pasar página tras diez años de procesada. Obtuvieron 33 escaños y el 23% de los votos, su mejor resultado desde 2006. Esquerra Republicana estuvo muy cerca, con 33 escaños y el 21,3% de los votos una vez más no ganando las elecciones pero ganando el premio de consolación de estar en primer lugar entre los partidos independentistas por primera vez en las elecciones parlamentarias. Sus eternos rivales del centro independentista, ahora bajo la marca Junts, fueron terceros con 32 escaños y el 20% de los votos.

Muy por detrás quedaron otros cinco partidos, que destacaron el surgimiento de Vox en el Parlamento como la cuarta fuerza con 11 escaños, lo que lo convirtió en el principal referente del derecho a luchar por la independencia. Esto dejó fuera de juego a Ciudadanos, el partido que había ganado las elecciones con 36 escaños en 2017 y ahora debe conformarse con solo seis en una de las mayores derrotas electorales jamás vividas en Cataluña. El PP volvió a empeorar sus resultados y se quedó con solo tres escaños, uno menos que el peor resultado de 2017. Catalunya en Comú, el referente catalán de Podemos, consiguió ocho diputados (los mismos que tiene). En la izquierda independentista anticapitalista, la CUP también obtuvo sus mejores datos históricos, con un máximo de nueve diputados.

Con estos resultados, el independentismo podría volver a gobernar, aunque el PSC también puede intentar sumar Catalunya en Comú y ERC a una eventual mayoría de izquierda. La mayoría absoluta en Cataluña es de 68 diputados. Si prevalecía la coalición independentista, ahora estaría dirigida por Esquerra Republicana en lugar de Junts, que fue la fuerza ganadora en 2017 dentro del bloque secesionista. Esto permitiría a ERC intentar hacer de su agenda lo que impera ahora, más alejado del camino unilateral del expresidente Carles Puigdemont, prófugo en Bruselas, y partidario de impulsar un referéndum consensuado.

Para ver si es posible reformular el actual gobierno de coalición, será necesario ver si Esquerra y Junts pueden ponerse de acuerdo en un mensaje común sobre la cuestión territorial. Junts acusa a ERC de haber renunciado a la lucha por la independencia tras abrazar caminos más pragmáticos, mientras que Esquerra acusa a Junts de querer ir demasiado lejos en sus objetivos sin tener una mayoría social suficiente.

Ayer, por primera vez en las elecciones al Parlamento, los partidos independentistas obtuvieron más del 50% de los votos, pero esto fue en las elecciones con escasa participación y gracias a la suma de cuatro formaciones – una de ellas, el PDeCAT Fue excluido el hemiciclo – y con proyectos muy diferentes. Además, muchos de ellos admiten que el 50% de los votos no son suficientes para proclamar la independencia, ni para reformar el Estatuto de Autonomía. En realidad, el independentismo logró superar el 50% con alrededor de 630.000 votos menos que los obtenidos en las elecciones de 2017 y con solo el apoyo del 26% de los votantes del censo electoral en su conjunto.

El candidato de ERC Pere Aragonès envió un mensaje al gobierno central. «Es hora de resolver el conflicto, es hora de sentarse y ver cómo lo resolvemos con un referéndum». La intención de ERC es formar gobierno no solo con Junts y la CUP, sino también con Catalunya en Comú. «Hay una clara mayoría de diputados independentistas y de izquierda», dijo antes de convocar fuerzas a favor de una «amnistía» para los presos del procés y la autodeterminación en un mitin.

La mayor parte de la izquierda parece más complicada porque, aunque PSC, En Comú Podem y Esquerra sumarían una gran mayoría de escaños, ERC se ha distanciado durante la campaña de cualquier acuerdo con los socialistas. Sin embargo, el candidato del PSC Salvador Illa insistió anoche en postularse para la investidura a pesar de no tener suficiente apoyo en este momento. Solo puede contar con la ayuda de los ocho escaños de Cataluña en Comú, además de sus 33 diputados. Nuevamente, muy lejos de los 68 diputados. Sea como fuere, el PSC quiso mostrar anoche su primera victoria en muchos años en unas elecciones catalanas. Illa dijo que «el cambio en Cataluña no puede retroceder».

Anoche no parecía fácil romper los bloques para formar un gobierno transversal. Para ello, el ERC debería renunciar por escrito a su compromiso de no acordar con el PSC la formación de un gobierno. O los socialistas deberían ceñirse a su compromiso de no invertir en la independencia.

Ahora aguardan días y semanas de intensas negociaciones. La CUP será una fuerza necesaria para la formación de un gobierno estrictamente independentista y en el pasado no lo han puesto fácil: en 2015 incluso lograron renunciar a Artur Mas para renovar la presidencia. Los comunes también dijeron que no quieren ser parte de un gobierno con Junts. Si ninguna de estas piezas coincidía, ERC podría haber decidido explorar otros acuerdos, pero esto estaba en el horizonte la noche de las elecciones. La primera prioridad de cada lado es garantizar la cohesión interna y explorar acuerdos con formaciones que no vetaron durante la campaña antes de aventurarse en nuevas alianzas.

A partir de ahora, la ley fija un plazo de 20 días para la constitución del nuevo Parlamento. Luego de esa fecha, el Portavoz de la Cámara tiene diez días para hablar con las fuerzas políticas y proponer un candidato presidencial. Sigue el debate sobre la investidura. Se requiere mayoría absoluta para la primera votación. Si no se consigue, la votación se repite a las 48 horas, con una mayoría simple ya suficiente (más votos afirmativos que negativos). Si de esta forma no es posible elegir presidente, hay dos meses para realizar todas las votaciones necesarias. Si no tienen éxito, se convocan automáticamente nuevas elecciones. Este escenario, aunque posible, estuvo a punto de darse en 2015, cuando la CUP obligó a última hora a la retirada de Artur Mas. Ahora todos dicen que quieren evitar una negociación larga y anoche ya hubo llamadas entre Junts, ERC, Comunes y CUP.

La alta abstención fue la principal diferencia con las elecciones de ayer. Menos del 54% del censo votó, superando la asistencia mínima registrada en 1992, cuando Jordi Pujol encadenó mayorías absolutas.

Las elecciones, las cuatro desde que Artur Mas inició el proceso independentista en 2010, se llevaron a cabo ocho meses antes de que se agotara el mandato. Las elecciones se precipitaron luego de que socios en el actual gobierno, Junts y ERC, no lograran ponerse de acuerdo sobre el nombre de un presidente para reemplazar a Quim Torra (Junts), quien fue descalificado por la Corte Suprema. Para el principal ideólogo de procesada, Artur Mas, ayer fue un duro golpe. Desconectado de Junts y ahora en apoyo del extraparlamentario PDeCAT, ha visto cómo en menos de diez años ha pasado de ganar con 62 diputados a ser anulado de la Cámara Catalana.