El riesgo de ser el primer y más papista del Papa



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MADRID

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Pasar a una economía más sostenible no es una opción. La descarbonización solicitada por la Unión Europea debe producirse sí o sí, y no solo porque es un objetivo o una petición de nuestros socios, sino por el bien de nuestro país, de nuestro presente pero sobre todo de nuestro futuro. No podemos dejar a nuestros hijos con una deuda infinita y también con un planeta explotado y casi destruido. Pero hay muchas formas de hacer la transición y hay que elegir la que menos dañe el crecimiento económico y el empleo. Y aquí es donde radica la diferencia entre la forma en que actúan algunos países o cómo lo hacen otros.

La lógica dice que hay que ir paso a paso, fijando metas de reducción de emisiones, pero sin demonizar ningún tipo de energía o tecnología, y prestando mucha atención a los efectos que puede tener cada medida. Y en España hemos vivido las consecuencias de hacer apuestas demasiado arriesgadas que todos tendremos que pagar más tarde. Y me refiero a los premios a las renovables. En 2007, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó un decreto que estableció un marco retributivo para promover la rentabilidad de las energías renovables y promover su expansión. Estas primas garantizaron, en determinadas condiciones, una rentabilidad en torno al 7%, aunque saltó hasta el 20%. Con estos incentivos, muchos inversores y empresas están apostando decididamente por este tipo de energía, Y si la meta era instalar 400MW en tres años, tres meses después de su aprobación casi se habían alcanzado esas cifras y en un año se habían duplicado los objetivos esperados. En total, entre 2007 y 2012 se instalaron en España 19.000 MW de energía renovable, lo que convirtió a España en un referente internacional en el sector, pero en detrimento de los consumidores que sufren, que han tenido que pagar y que siguen pagando nuestras facturas de luz. con el notorio déficit de tarifas, estos altos retornos para los inversores en energía verde.

El problema no era solo eso, sino que cuando se hicieron todas las previsiones y aumentaron tanto los costes para pagar estas primas a las renovables, cuando hubo que recortarlas, en 2012 se creó una inseguridad jurídica que aún se está resolviendo en los tribunales. Después de más de una década, y tras los recortes que se han realizado, los consumidores aún pagaban el año pasado más de 6.000 millones de euros en nuestras facturas de luz para pagar esas primas a las renovables. Está claro que el impacto de esta normativa no se ha calculado muy bien, aunque es cierto que ha servido para dinamizar estas energías. Ahora volvamos a la carga de la energía verde y está muy bien, pero ser más papista que el Papa tiene sus riesgos. Y me refiero, por ejemplo, al cierre de centrales térmicas. Por tanto, si bien todavía se están construyendo nuevas centrales eléctricas de carbón en algunos países europeos, la mitad de las de España cerraron el verano pasado y el resto son días contados. De hecho, nuestro país probablemente se convertirá en el país europeo que primero prescindirá de este tipo de energía. Pero ser tan rápido tiene costes, que se pagarán en términos de empleo y se prevé un castigo para una España vacía.

Hace unos días coincidí con el presidente de la Xunta de Galicia, Ignacio Núñez Feijóo, en una televisión donde los periodistas le preguntaban por la venta de la oficina de Génova, por los malos resultados del PP en Cataluña … cosas morbosas. Pero en los minutos previos a la entrevista, sin protagonismo, hablamos de cosas para comer. Acababa de regresar de reunirse con el vicepresidente Ribera para discutir proyectos que podrían financiarse con fondos europeos. “Le encantó uno de nuestros proyectos para aprovechar el bosque gallego en la industria textil”, aseguró, pero hay muchos otros proyectos no tan verdes que quedan en el aire. «Tenemos 15.000 puestos de vuelo en Galicia», me comentó, quejándose del cierre anunciado de la planta de Endesa en As Pontes después de que la eléctrica hubiera invertido 200 millones de euros para seguir funcionando. Y culpó al gobierno por no querer recortar los costos de emisiones. Quizás una transición un poco menos abrupta sería más apropiada.

Yolanda Gómez RojoYolanda Gómez RojoSubdirectorYolanda Gómez Rojo

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