El socialdemócrata Scholz gana el debate electoral



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Corresponsal en Berlín

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Las encuestas tras el primer debate televisado, retransmitido anoche por las cadenas alemanas N-TV y RTL, indican que el ganador del presencial entre los tres principales candidatos fue el socialdemócrata Olaf Scholz. El 36% de los espectadores entrevistados lo percibe así, frente al 30% que favorece al candidato verde Annalena baerbock y el 25% que prefirió el conservador Armin Laschet, Sucesora de Merkel al frente de la CDU. Para los tres candidatos es «difícil soportar la comparación con Merkel», analiza la directora de la Academia de Educación Política Tutzing, Ursula Münch, quien reconoce que el estilo lacónico de Scholz durante el debate parece haberle beneficiado.

Mientras Baerbock y Laschet han optado en ocasiones por un tono más combativo y acusador, Scholz ha adoptado esa calma descarada a la que Merkel ha acostumbrado al electorado alemán, lejos de las acusaciones y mucho menos de la descalificación, por encima de los prejuicios y abrazando a los votantes al mismo tiempo. . Y la fórmula parece seguir funcionando. El analista de ‘Die Welt’, Nikolaus Doll, condensa esta reflexión aludiendo al apodo con el que el electorado alemán ha calificado cariñosamente a la canciller alemana durante las últimas cuatro legislaturas: Después de «Mama Merkel» viene «Papa Scholz».

La estrategia de los tres candidatos evitó ataques directos. Nadie mencionó en televisión que el candidato Scholz, como ministro de Hacienda, lleva a sus espaldas dos de los mayores escándalos financieros de la historia de la República Federal, Cum-ex y Wirecard. Scholz también trató de no entrar en detalles de sus políticas y utilizó frases como «Juro que dedicaré mi tiempo y energía al bienestar del pueblo alemán». «Es la voz de Helmut Schidt, cuando juró como canciller federal en 1974», recuerda Doll, «este es el mensaje subliminal: Scholz es Schmidt».

Haber trabajado codo con codo con Merkel en los últimos años, ciertamente a un nivel de colaboración mucho más alto que el de Laschet con la canciller, a pesar de pertenecer al mismo partido político, también parece beneficiar al candidato socialdemócrata. En su discurso, desliza abiertamente la idea de que se ve a sí mismo como El sucesor natural de Angela Merkel. Solo necesita doblar las manos en forma de diamante para los fotógrafos. «Olaf Scholz es un profesional en contrarrestar los ataques», afirma el politólogo Wolfgang Schroeder, «su estrategia es no defenderse y por lo tanto no ofrecerse como blanco a sus oponentes».

En las más de cuatro décadas que ha estado políticamente activo, el ahora vicecanciller de 63 años ha resistido muchas tormentas. Fue apodado «Rey Olaf» cuando su partido lo exilió como alcalde de Hamburgo, para desestimar su perfil como candidato a canciller. De hecho, le permitieron volver a la fama sólo después de las últimas elecciones, cuando el SPD acordó formar otra gran coalición por la «responsabilidad del Estado», tras el fracaso de otras negociaciones de Merkel, y con la dirigencia convencida de que esta asociación significaría la Muerte electoral de los que participaron de forma más visible. A menudo objeto de burla por su porte austero y sus discursos robóticos, que también le valieron el sobrenombre de «Scholzomat», se ha convertido, sin embargo, en el político alemán con más carisma y mayor índice de preferencia de cara a las elecciones del 26 de septiembre.

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