Emoción, ¿por qué si no?



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Durante más de medio siglo he escrito poemas, cientos de ellos, pero no puedo decir que me haya dedicado a la poesía, que mi única pasión es la poesía. Lamentablemente, sufro de una dispersión mental que me lleva, cuando quiero, de la filosofía a la física cuántica, de la astronomía al misticismo, de la cosmología a la fantasmogénesis, del mundo de los sueños a la realidad, del cáncer al médico.

Jesús Maroto no es que se dedicó a la poesía, es que es poesía.

Jesús Maroto moriría si no pudiera escribir versos a diario. No, al contrario, soy simplemente un aprendiz aficionado de todo y maestro de nada. Bueno, para nada, no, siempre he querido ser un buen hombre y siempre he sido fiel a mí mismo. Nunca me he engañado a mí mismo ni he engañado a nadie. Creo que lo he logrado. Soy el maestro de mi vida.

También es cierto que me molesta que me pisen en los autobuses cuando frenan. Luego lanzo una maldición. Tampoco puedo soportar la arrogancia, la arrogancia. Y menos aún soporto la violencia, cuyo escudo de armas está coronado de crueldad.

Entonces, en esta capacidad, la poesía es una de las jaulas revoloteando de pájaros que rigen mi existencia, pero no soy un especialista, no puedo enseñar nada, ni tengo un doctorado, así que entenderás mejor estas líneas.

Soy especialista en ponerme los pelos de punta o en mojarme los ojos cuando algo me golpea. Me pasó con «Mientras estemos vivos». Estas líneas que escribo con ferocidad no son las palabras de un docto y cansado profesor de literatura, son las palabras de un hombre emocionado, de un hombre en la calle esquivando el laberinto del COVID.

Mi ser se ilusiona cuando recibo el libro de Jesús Maroto, escrito en tiempos de pandemia. Lo abro al azar, leo el poema Los buenos dias y mis palos de sombra caen.

Envidio a Jesús por su habilidad como hombre, como poeta, como un genio que encanta versos y serpientes, como un hombre de poemas mágicos.

Envidio profundamente a Jesús. Me hubiera gustado haber escrito sus versos y no seleccionaré algunos de ellos, como se hace a menudo, porque me niego a hacer una disección literaria de los poemas que componen el libro, que, por cierto, , tienen sesenta y uno. La disección se deja a los demás, la emoción vibrante permanece para mí. Cada poema es un latido y el libro un corazón.

Sesenta y un poemas de la vida actual, versos graciosos que parecen escritos en el airecomo hojas de otoño mecidas por el viento. Sesenta y un pájaros hermosos, sesenta y un árboles robustos, sesenta y un ladrillos de diamantes, sesenta y una lágrimas me atraparon en los ojos.

Está claro, no me escondo y repito: estoy profundamente conmovido. Después de todo, después de todo el don de la brevedad, por la identidad simple y profunda de cada poema, cada verso, cada palabra.

Jesús Maroto es un gran poeta, y no soy un don nadie que pida, por favor, que este libro se lea de arriba abajo, en la montaña y en el llano, en el mar y en la tierra, en las escuelas e institutos, en las universidades, en teatros y discotecas, bares, centros culturales, en casa o en la carretera, en días pares e impares, en salud y enfermedad, en riqueza y pobreza.

Habiendo recibido, después de leer este tercer libro, publicado por Jesús Maroto durante la pandemia, me quedo sin palabras. Los dos libros anteriores eran hermosos, pero esto es inimaginable. Es como descubrir un gran amor a los setenta años ya casado. Es como descubrir el fondo de las profundidades más oscuras del mar con una lámpara. Este libro es algo imposible.

Y por todo esto, como dije anteriormente, confieso que ya no me atrevo a escribir un solo verso más. Otros los escribirán. Me limitaré a leer los versos de los grandes poetas, entre ellos Jesús Maroto.

Sigue leyendo, emocionate. Verán que este libro de poesía es un gran regalo vital.. Un gran regalo que va en mi mesita de noche, junto al Tao Te King, junto a Bécquer, Machado, Gabino-Alejandro Carriedo y otros libros secretos que hoy no quiero desvelar.

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