Enrique Rodríguez Galindo muere de coronavirus, la plaga de ETA a la sombra de la cal viva



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Sábado 13 de febrero de 2021-21: 49

Todopoderoso jefe del cuartel de Intxaurrondo en los años 80 y 90, fue el oficial de más alto rango condenado por la ‘guerra sucia’, responsable del secuestro y asesinato de Lasa y Zabala

Enrique Rodríguez Galindo, en Intxaurrondo.

Enrique Rodríguez Galindo, en Intxaurrondo.

JUSTY GARCA

El ex general de la Guardia CivilEnrique Rodríguez Galindo (Granada, 1939 – Zaragoza, 2021) murió en Zaragoza a la edad de 82 años después de enfermarse con Covid-19. Pieza clave de la lucha contra ETA en las décadas de los 80 y 90 al frente de la Intxaurrondo (San Sebastián), se convirtió en una de las principales figuras públicas de guerra sucia contra ETA y el máximo funcionario condenado: 75 años de prisión por el secuestro y asesinato de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.

Durante muchos años fue responsable de los destinos de un pequeño ciudad de Guipzcoa, un pequeño Fuerte Apache que alberga a 1.500 guardias civiles, dentro de un complejo armado. Fue el soldado más premiado de la historia de España por su lucha contra la organización terrorista. Afirma haber desmantelado los comandos de izquierda y derecha, y desempeñado un papel fundamental en la detención de la dirección de ETA en Bidart en marzo de 1992, que a la larga significaría el declive de la banda y su posterior desaparición.

Rodríguez Galindo aterrizó en Intxaurrondo en 1980 y pocos años después se convirtió en el oficial más joven al frente del cuartel número uno de ETA, en los peores momentos de sus acciones terroristas. Ya en la década de 1980, sus métodos comenzaron a ser cuestionados, tanto desde fuera como dentro de las fuerzas de seguridad, cuando muchos de sus secuaces fueron condenados por malos tratos. Condena que el Gobierno, presidido por Felipe González y con Jos Barrionuevo al Ministerio del Interior, lo ha indultado en numerosas ocasiones.

El titular de Intxaurrondo siempre ha contado con el sólido apoyo de los responsables de Interior, tanto en el período Barrionuevo (1982-1988) como en el Jos Luis Corcuera (1988-1993). Particularmente estrecha fue su relación con el todopoderoso Secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera. El gobierno ha reconocido a Galindo como uno de los hombres más importantes en la lucha contra ETA, responsable del desmantelamiento de un centenar de comandos terroristas y la detención de 800 personas vinculadas a la banda. Al igual que Galindo, Barrionuevo y Vera serán condenados por el GAL, en su caso por el secuestro de Segundo Marey.

Las sospechas sobre los métodos utilizados por Galindo finalmente estallaron el 21 de marzo de 1995. Ese día, EL MUNDO despertó con un título histórico en la portada que revelaba la más dura realidad de guerra sucia contra ETA: «Aparecen los cadáveres de Lasa y Zabala tras ser torturados y enterrados en cal viva». Dos esqueletos encontrados en 1985 en la ciudad alicantina de Busot han sido identificados como los restos de José Antonio Lasa Y José Ignacio Zabala, presuntos miembros de ETA secuestrados por el GAL en 1983 y desde entonces han desaparecido. El titular de la portada iba acompañado de impactantes fotografías de los restos que, según consta en el informe policial, mostraban que Lasa y Zabala «fueron torturadas sin piedad y durante mucho tiempo para extraerles información». Les habían quitado las uñas y los dedos de los pies y sufrieron numerosas heridas, luego fueron asesinados a golpes, disparados en la nuca y enterrados en esta ciudad de Alicante en cal viva para hacer desaparecer las pruebas. Los presuntos responsables eran agentes de la Guardia Civil del cuartel de Intxaurrondo.

Portada de EL MUNDO de 21 de marzo de 1995.
Portada de EL MUNDO de 21 de marzo de 1995.

El impacto de este descubrimiento fue inmediato. Por un lado, la actuación policial contra ETA ha sido cuestionada por los métodos utilizados y se ha puesto en marcha una larga investigación judicial que se ha visto sometida a fuertes presiones políticas para no avanzar. Por otro lado, el guerra sucia, y en particular el caso de Lasa y Zabala, fue utilizado por ETA y la izquierda abertzale para justificar el terrorismo, reclutar nuevos miembros y reforzar el mensaje de que el estado español sigue teniendo prácticas franquistas. Hoy, con la ETA ya desaparecida, la historia que intenta imponer el nacionalismo vasco es que en el País Vasco había dos tipos de violencia, terrorista y policial, y que ambas están al mismo nivel.

Galindo declaró en el juicio, jurando por Dios y su honor, que «nunca había» ordenado «el secuestro, la tortura o el asesinato» de Lasa y Zabala. Pero la evidencia fue más fuerte que su palabra. El 26 de abril de 2000 la Audiencia Nacional lo condenó a 71 años de prisión por el secuestro y asesinato de los dos presuntos terroristas, sentencia que posteriormente fue elevada por la Corte Suprema a 75 años. Fue absuelto de los delitos de pertenencia a banda armada, lesiones y torturas. Junto a él, fue condenado el exgobernador civil de Guipzcoa Julen elgorriaga (71 años de prisión), teniente coronel ángel vaquero (69 años) y agentes Enrique Dorado Y Felipe Bayo (67 años y ocho meses).

Galindo, Vera y Barrionuevo.
Galindo, Vera y Barrionuevo.. CASAA / J. MARTNEZ

Fuerte creencia

Las sombras de las acciones ilegales de Galindo y el pequeño círculo de guardias civiles que estaban bajo su mando se espesaban sobre otros asesinatos de miembros de ETA que habían sido atribuidos a alcantarillas estatales, pero cuyos autores nunca han sido identificados. Ese pequeño grupo de guardias civiles, el pierna negra Galindo, siempre estuvieron en la lista de sospechosos.

A pesar de la fuerza de la sentencia, Galindo siempre ha tenido un fuerte apoyo político y la simpatía de una parte de la sociedad. Las tensiones que surgieron con la llegada a la Secretaría de Estado de Gobernación de Margaret Robles, actual ministro de Defensa y a favor de la destitución de las Fuerzas de Seguridad guerra sucia y que se investigaron todos los hechos ocurridos en los 80 y principios de los 90. Mientras promocionaba esta línea, Galindo fue ascendido a general.

El exjefe de Intxaurrondo intentó salir de la cárcel nada más entrar. Hubo solicitudes de clemencia que fueron denegadas por el Gobierno y luego presididas por Jos Mara Aznary repetidos intentos de ingresar al tercer grado. En 2004 fue puesto en libertad varias veces para ser tratado por un trastorno cardiovascular y en septiembre del mismo año se le permitió cumplir su condena en su domicilio. En 2005 ingresó en tercer grado y en 2013 finalmente fue liberado. De hecho, solo cumplió 4 años de prisión. En ese momento era un exoficial de 74 años con una salud dedicada, pero Galindo vivió lo suficiente para ver el cese de la actividad armada de ETA (2011) y su disolución definitiva (2018).

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