ERC juega la hegemonía de la independencia en un marcado juego de cartas



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Aunque coqueteé con muchos de ellos, ERC es la única fiesta que llega el 14 de febrero sin revelar quiénes serían sus socios prioritarios para tener este domingo la oportunidad de liderar un futuro gobierno en Cataluña. «Soy el único candidato que nadie veta», alardeó el candidato hace unos días Pere Aragonès. Desde el inicio de la campaña, ERC ha pasado de coquetear con la idea de un tripartito con el PSC mientras negociado con el PSOE en Madrid, negar la mayor y expulsar a Illa de la ecuación, seducir al PdeCAT de Artur Mas, para invitar a la CUP e incluso afirmar categóricamente que «su rival no es el independentista vecino» aludiendo en la medida de lo posible a la bendición de Junts, reedición del actual acuerdo de gobierno con algunos socios que no apoya.

Todo ello en dos atípicas semanas de campaña en las que ERC recurrió a su habitual maniobra de distracción juega con ventaja frente a un constitucionalismo con pocas opciones y un rival más fuerte de lo que predicen las encuestas, todavía no tiene muchos. Los de Puigdemont, que esperan sorprender este domingo superando al ERC en las urnas como ya sucedió en 2017, no se plantean un escenario diferente al de un gobierno junto con el ERC de no poder seguir adelante con un gobierno solo, con la que el candidato ha llegado a fantasear en la campaña Laura Borràs.

Borràs y el espíritu de Torra

Pero intentar la investidura de Laura Borràs seguiría siendo una apuesta muy arriesgada. Está acusada de intimidación y malversación por su paso por la jefatura del Instituto de las Letras Catalanas y aunque su caso pasará del Tribunal Supremo al Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), el líder de Junts podría terminar siendo deshabilitado como sucedió con Quim Torra, en su caso, por un delito de desobediencia.

Este cargo le costó el veto de los dos únicos equipos capaces de hacerlo presidente: ERC y La taza. Al margen están los de Artur Mas que nunca ofrecerían sus votos a sus ex compañeros en las filas que llaman «una copia de la CUP». La primera en escenificar su negativa fue la cabeza de la lista radical, Dolors Sabater, que no dudó en decir que su acusación de un caso de corrupción sería «un impedimento“que la CUP -que aspira a ser la llave del gobierno- apoye a Borràs en una investidura.

Unas declaraciones que le han costado críticas internas -por la buena relación que los exdiputados de la CUP tienen con Borràs- y que luego intentó suavizar dejando esta decisión en el aire hasta el día de esa hipotética investidura. Amenaza que nos trae a enero de 2016 cuando los 6 diputados radicales envían a Artur Mas «en la canasta de la historia“Por su pasado convergente, que obligó a la designación de un nuevo candidato de partido. Fue la llegada de Carles Puigdemont a la Generalitat. Un escenario, con un nuevo candidato, que podría repetirse.

Tras verbalizar su veto, la CUP dio un paso al frente, el líder de la ERC, Oriol Junqueras, cuestionando la idoneidad de la candidatura de Torra: «Siempre que ERC encontraba una situación de este tipo, le pedía a ese militante que dejara de ser candidato», dijo en una entrevista con La Sexta. Algunas declaraciones que han marcado un punto de inflexión en el pacto de no agresión sellados por ERC y Junts en la campaña para no beneficiar al candidato del PSC.

El «cemento» de Aragonès

«El ERC es el cemento para unir una mayoría soberanaEl sucesor de Junqueras, Pere Aragonès, dijo hace una semana en una entrevista con La Vanguardia donde volvió a presumir de que era el único candidato capaz de formar gobierno con opciones muy diferentes. Su estrategia de no presentarse temprano. Nadie lo sabe aunque en las últimas horas de campaña sus dirigentes han endurecido su discurso contra el CPS, su principal opción de gobierno, si la calculadora lo permite un pacto con los comunes con el apoyo del PSC fuera del Ejecutivo. «Pero el apoyo nunca es gratuito», se quejó Aragonès el jueves. Ni siquiera los de ERC en Madrid.

Sin embargo, a medida que avanzaba la campaña, las encuestas reflejaban un castigo al ERC por su intento de acercarse al PSC que recortan la distancia entre los de Junqueras y los de Puigdemont. Fue antes de esta advertencia que ERC multiplicó los mensajes contra un tripartito o incluso para recibir apoyo externo de los de Salvador Illa. «Somos incompatibles», «no vamos a estar de acuerdo con el CPS», insistió en la última semana de campaña el líder de ERC y su candidato, Aragonès.

Tal es el esfuerzo por dejar claro que descartan esta vía -para detener la fuga de votos- que, forzados por Junts, han puesto su firma en una especie de Acuerdo «Anti-Illa» impulsado por un grupo cercano a la ANC. Un documento que, sin embargo, no fue firmado por el candidato Pere Aragonès, evidenciando la vigencia que este papel tenía para ERC. «No dice nada que no hayamos dicho ya», insistió sobre el partido separatista.

No será hasta el 15 de febrero cuando el Ayuntamiento catalán empiece a cancelar, y no será hasta que ERC vea los números sobre la mesa, cuando desvele sus verdaderas intenciones. Por supuesto, siempre y cuando Junts no termine adelantándolos. En ese caso, ERC no tendría más remedio que tragar saliva y coser un pacto con demasiados parches que traerá Cataluña de vuelta al bloque.

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