España rota



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Luis Enrique, durante el partido entre las selecciones española y polaca, en el estadio de La Cartuja de Sevilla, correspondiente a la fase final de la Eurocopa 2020/21.  ALEJANDRO RUESGA
Luis Enrique, durante el partido entre las selecciones española y polaca, en el estadio de La Cartuja de Sevilla, correspondiente a la fase final de la Eurocopa 2020/21. ALEJANDRO RUESGAAlejandro Ruesga / Alicantur

Dos partidos, dos empates, un gol a favor y otro en contra pusieron al borde de la España de Luis Enrique. Solo la victoria ante Eslovaquia garantiza el paso a la segunda ronda del Campeonato de Europa sin tener que mirar de reojo entre Suecia y Polonia. El tenso escenario en el que el técnico y sus internacionales deben hacer malabares antes del trascendental evento del miércoles era impensable al comienzo del torneo. «Esperaba tener seis puntos ahora mismo y cero goles encajados, pero la realidad es la que es», admitió el técnico asturiano tras el segundo empate consecutivo. Este segundo revés, ante el conjunto polaco, hizo estallar todas las costuras de la Roja, desde el césped hasta la grada, pasando por el técnico y sus jugadores.

El estado del césped ha catalogado a La Cartuja como la peor de las 11 sedes de la Eurocopa. Tras el empate ante Polonia, Luis Enrique y los jugadores volvieron a cargar el terreno de juego, cuyas mejoras se deterioraron con cada minuto que pasaba. La federación y la Junta de Andalucía, que pretenden sacar del barbecho desde hace años un coliseo infrautilizado, están luchando mientras les resulta cada vez más difícil explicar por qué no fueron elegidos Sánchez Pizjuán o Benito Villamarín. El montacargas por el que la prensa nacional e internacional accede a las gradas y la alternativa al elevador rudimentario, una escalera mecánica de tubos colocada entre el andamio, dispara chasquidos en cada subida o bajada. La imagen ofrecida nos traslada a la España gris e improvisada de antaño.

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Los abucheos que se dispararon contra el técnico y los jugadores al final del partido del sábado hicieron que la mayoría de la afición se preparara para proclamar el divorcio y es probable que se produzca la desvinculación si la victoria ante Eslovaquia no es solvente en el marcador y en el juego. Si sobre todo se perdió un gol contra Suecia, también se perdió el buen fútbol contra el equipo dirigido por el portugués Paulo Sousa. Luis Enrique lo admite sin rodeos: «Lo que hay que hacer es jugar mejor, marcar y ganar».

El técnico explicó el empate ante Polonia transmitiendo desconcierto porque esta vez el rival no se limitó a defender en su propio campo como lo hizo Suecia. «Han cerrado muchas de las opciones, nos han presionado y han hecho transiciones», analizó, revelando cierta sorpresa por el planteamiento al que respondió Paulo Sousa. Una carrera de Lewandowski (32 años), de zona en zona sin que nadie llegara a la encrucijada hasta que Jordi Alba consiguió interrumpirla a escasos metros de Unai Simón, volvió a pintar los riesgos del libreto de Luis Enrique ante los contraataques de la opuesto. La retirada de Morata y Gerard Moreno también puso de relieve los cambios que hizo el técnico para intentar romper el empate establecido por Lewandowski. «Me hubiera gustado que los cambios hubieran aportado más, pero son los primeros en estar interesados ​​en hacerlo bien», disculpó el técnico.

Si algo transmitió esta selección, fue el brío de su juventud lo que presionó a su rival en el campo contrario hasta el punto de asfixiarlo. Contra Polonia ese signo se fue diluyendo con el paso de los minutos hasta caer en un desorden que nos hizo pensar que la derrota también podía aparecer en cualquier contraataque.

Toque irrelevante

Fila a fila, también se saltaron todas las costuras que cuestionan la lista de Luis Enrique y sus alineaciones. La facilidad con la que Lewandowski conquistó el espacio para rematar a Laporte resucitó el deseo de Ramos por semejante set o el trabajo relegado al banquillo de Azpilicueta. Las consecuencias de la alineación de Marcos Llorente como lateral reavivaron la pérdida de peso de su presencia y goles en el juego de ataque del Atlético y, entre otras cosas, reavivaron las quejas por la lesión de Carvajal y la destitución de Jesús Navas.

En el medio y en los últimos 30 metros España no corre el balón y el estado del césped no es el único culpable. Una vez más, la abundancia de pases fáciles y a pie convirtió a España en el rey de la posesión irrelevante del torneo. La comparación de ritmo de pelota impuesta por Alemania como gobernante de la pelota como la selección de Luis Enrique explica dónde se ha estancado el fútbol español desde que comenzó su declive en el Mundial de Brasil 2014. Si en el medio, Rodri, Koke y Pedri fueron los apóstoles del juego horizontal, en los últimos 30 metros la bajada de calidad volvió a experimentar tras la retirada de Iniesta, Xavi, Cesc, Cazorla, Silva y compañeros. No hay partidos en las inmediaciones del área para recordar en los dos partidos disputados hasta el momento. Y Morata y Gerard Moreno, entre rigor y rechazo con la red vacía, no concretaron las pocas oportunidades claras que les crearon.

Con este panorama, en la concentración de España se aferran a la lógica de la estadística. Apoyan la fe en la victoria ante Eslovaquia asegurando que en tres partidos es imposible que el dominio y las ocasiones de gol generadas ante suecos y polacos no se materialicen. Pero como dice Luis Enrique, “esto es fútbol”, y a su España no le sobra ni un partido ni un gol.

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