España, una derrota con futuro



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Esta vez una España sin escrúpulos ha inventado una cruz. No le faltó casi nada ante una Italia muy italianizada, lejos de la versión expansiva que había mostrado en el torneo. El equipo de Luis Enrique se encargó de organizar el fútbol, ​​el de Mancini de gestionar la victoria. Esto requería un penalti que España no merecía conseguir. Se han tirado los dados y se han tirado los malditos guiños de fútbol. Dani Olmo, de lejos el mejor del partido, y Morata, autor del sorteo, fallaron. La Roja no se benefició de su gobierno y cayó a la orilla. Pero hay caídas y caídas. El de este grupo progresista no supone ningún defecto. El equipo crece y Pedri, Unai, Olmo y compañeros ya pueden proclamar sin dudarlo: ¡Presente! Habrá rasgos a mejorar, en gran parte derivados de los inicios, pero hay una canasta y un consorcio de jugadores que lo han hecho bien.

Contra Italia, que llegó al evento con 32 partidos invictos y 13 éxitos seguidos, la joven España nunca ha vacilado, nunca ha superado. No por la importancia del cartel, para muchos la estrella más alta de sus carreras primarias. Hizo girar la bola y apretó la mandíbula sin ella. Una molestia para Italia en todos los ámbitos del juego, sin sustento con el balón en los pies del rival y sin periscopio para doblar la defensa española aplastada, defensa muy adelantada y con Unai Simón en campo abierto.

Londres (Reino Unido), 07/06/2021 - El seleccionador de España Luis Enrique (L) reacciona con sus jugadores Thiago Alcantara (C) y Pedri durante la semifinal de la UEFA EURO 2020 entre Italia y España en Londres, Gran Bretaña, 6 de julio de 2021 . (Italia, España, Reino Unido, Londres) EFE / EPA / Andy Rain / POOL (RESTRICCIONES: Solo para fines de informes editoriales. Las imágenes deben aparecer como imágenes fijas y no deben emular secuencias de video de coincidencias de acción. Las fotografías publicadas en publicaciones en línea deben tener un intervalo de al menos 20 segundos entre el envío).

Fotogalería: Italia – España, en la foto el partido de las semifinales de la Eurocopa

El equipo de Mancini, más incómodo que nunca en el torneo, no pudo encontrar a Verratti, Barella no se encontraba bien y tardó un tiempo en hacerse con algunos campos de Insigne. La pelota es un tormento para los hombres de Mancini, que apenas la salpican. Nada de esa Italia tan pictórica es toda la Eurocopa. La multitud española en el momento de la presión abandonó su apartamento. De alguna manera la Azzurra estuvo de acuerdo: el baile no será nuestro, es una noche para descubrir que solo está esperando una chispa. Siempre ha sido el papel del acusado.

La España atestada apretaba y apretaba, mientras Dani Olmo flotaba con gran acierto por el perímetro de Bonucci y Chiellini, dos centuriones. Luis Enrique quiso quitarles una referencia, alguien más estático como Morata. El mismo montaje que la final de 2012, cuando Del Bosque tiró a Cesc como un falso ariete. Lopetegui se repitió cinco años después, con Asensio como cebo a los nueve. En ambas ocasiones ganó España. Ya era la época de los imperecederos Bonucci y Chiellini.

Excelente para girar y encarar, Dani Olmo ha tirado de la cadena en más de una ocasión detrás de la zaga del oponente. Un fósforo, el del Olmo, para enmarcar. Ágil, descarado y picante. Desde Olmo la selección española rima al son de Pedri, Koke y Busi y Laporte y sus compañeros en las trincheras han coincidido bien. Sólo una salida apresurada de Unai puso en alerta a España. Con el portero de picnic y la casa al aire libre, Barella ata la pelota en un nudo. Era el momento que buscaba el Azzurra. Un parpadeo fatal del ojo de un oponente para penalizarlo. Está en Calcium Genes, un simposio sobre cómo no perder en 90 minutos y ganar en un segundo.

Obviamente, Dani Olmo pone a prueba a Donnarumma con un tiro seco de rebote. Al equipo de Luis Enrique, con juicio y esqueleto, le faltó una marcha extra en los últimos metros. Más aventurero que Olmo. Ocurre que es en ese tramo final donde se encuentra la gran complejidad del fútbol. Es en la fase terminal cuando se requiere más delicadeza. Y más cuando se trata de Italia, Chiellini y una vida.

Un equipo sin arrugas

De regreso del descanso, Italia tuvo una entrada más suave. Supo rastrear mejor los espacios en ataque y por un tiempo no pareció tener tanto desafecto por el balón. España no cambió, que continuó su ruta, aunque tuvo que redoblar su vigilancia. Busquets falla un disparo con el dedo meñique justo antes del gol italiano. El peor partido gestionado por el conjunto español. Un pase de la mano de Donnarumma, tres toques y el bingo de Chiesa, que desliza bellamente la pelota en la red. Italia pura, que históricamente penaliza sin previo aviso. Una de tus monedas favoritas. A la cabeza, volvamos al enchironamiento.

Luis Enrique dio paso a Morata, quien enseguida sintonizó el juego. España siguió haciendo lo suyo, recogiendo con el balón y sin encogerse antes de cada fregado. Pero el tiempo se estaba reduciendo. Y contra Italia suele ser aún más decreciente. No fue para Dani Olmo, el jugador de la bandera de la noche. Más intrépido que nunca, el catalán fue el corneta español. Sin una sola arruga frente a los alguaciles italianos, Olmo golpeó y golpeó, con tanta determinación como agudeza. Un disparo de pistola se escapó de un dedo. Pero luego pudo sortear el campo minado con un muro conciso y afilado con Morata. El madrileño atacó el área como si se tratara de un convoy por derecho propio y colocó el balón en las redes de Donnarumma tras un control orientado con la derecha y que culminó en un disparo de zurda. Una salida colosal para Morata, la culminación de un impacto imborrable para Dani Olmo. Y el billete español para otra prórroga que el equipo, de suficiente valor, no merecía. Si Italia. Sin disimulo, quiso que fuera su objetivo, al abrigo de Bonucci y Chiellini. Quien de verdad se rebeló ante cualquier desenlace fatal fue Olmo, que subió el listón al gigante Donnarumma con una falta lateral lanzada con mala uva. Sin remedio. Aquí vienen las penas y … Castigo máximo para una España con viaje.

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