España y la nueva revolución urbana



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Dado que el arqueólogo australiano Veré a Gordon Childe publicado en 1950 La revolución urbana El urbanismo habla de revoluciones urbanas, con mayor o menor acierto, para referirse a momentos históricos en los que ciertos hechos, no necesariamente violentos aunque algunos decididamente feroces, hacen avanzar a la humanidad desde aquellos asentamientos humanos que se han convertido desde el 3500 a.C. como señaló el profesor Chueca Goitia, en el archivo histórico: las ciudades. En efecto, esa teoría construida por Childe a partir de la dialéctica marxista, que explica el nacimiento de las ciudades a partir de la especialización del trabajo, favorecida por la existencia de excedentes agrícolas en la fértil región de crecimiento mesopotámico, se ha desdibujado a lo largo de los años. años con la contribución de otros grandes arqueólogos, urbanistas, historiadores, que suavizan El materialismo de Childe introduciendo a otros personajes que, independientemente de la realidad física de las ciudades, dotará a esos núcleos urbanos originales y su posterior evolución de otros elementos como las costumbres de las personas, la cultura, el sentimiento común.

Desde aquella primera revolución urbana en Childe, ha habido una evolución en la ciudad que nos ha llevado, una vez más, al borde de un nuevo cambio, de una revolución que está cambiando la perspectiva urbana hacia un concepto que sin duda cambiará la forma de ver y vivir las ciudades. Por supuesto, como todos los anteriores, esto también es fruto de la evolución de ese archivo de Historia que son nuestras ciudades. Hoy recibimos mucha información y parece que España se convierte en un mero receptor de nuevas ideas, cuando en realidad sigue estando, como siempre, en la génesis de este nuevo concepto urbano. España, de hecho, es una de las naciones más antiguas del mundo y ha vivido y participado, como muy pocas, de la evolución humana y urbana que nos trae a las ciudades de hoy. Desde los primeros asentamientos humanos en la península, el sistema ortogonal grecorromano, el cardus per decumano del Hispania romana, el shari, el durub y el azikka del urbanismo andaluz, las ciudades medievales amuralladas, las ciudades renacentistas con sus principales plazas porticadas, el urbanismo ilustrado con sus paseos urbanos y espacios ajardinados, los bulevares y bulevares que impregnan el centro urbano. De la actualización y el alojamiento a nuestra realidad de expansión y reforma urbana iniciada por Hausmmann a mediados del siglo XIX en París. estoy ahí nuestra maravillosa Gran Vía de Madrid, la expansión de Cerdá en Barcelona o la ciudad lineal de Arturo Soria en Madrid. Incluso recogemos el modernismo del siglo XX y formulamos, con Pedro Ispizua del modelo de Howard, nuestra idea de ciudad jardín en Bilbao. Y llegamos a la Carta de Atenas inspirada en Le Corbusier y los grandes edificios altos, brillantemente recogidos también por nuestro planeamiento urbanístico, que culmina con la aceptación y revisión por parte de los urbanistas españoles de los llamados principios del nuevo urbanismo, surgidos y años ‘ 80 y 90 del siglo pasado.

«Desde hace unos cinco años se enfatiza la necesidad de mirar atrás al individuo, al ciudadano»

Más allá del orgullo que pueda suponerlo España ha participado, como muy pocos países del mundo, en la evolución y revolución de la historia del urbanismo No tengo intención de engañarte, absorbe quien escribe, hoy nos enfrentamos a la obligación de seguir siendo parte elemental, nuclear de la nueva revolución urbana en la que estamos inmersos. Como muchas otras, la evolución actual se basa en la necesidad de superar sistemas obsoletos, agotados, que ya no tienen las herramientas para satisfacer las necesidades de la ciudad como base física de la actividad humana y de los ciudadanos como protagonistas y centro de esta actividad. El vector de partida, el punto de inflexión, no es muy diferente al que se originó en ocasiones anteriores. Una pandemia mundial refleja y destaca las ineficiencias que deben superarse. Una crisis sanitaria mundial indica lo que no se puede seguir haciendo y dónde debe centrarse la planificación urbana futura.

Esto está en línea con la tendencia que se empezó a tener en cuenta hace dos décadas la inseparabilidad de los conceptos de urbanismo y sostenibilidad, entendida en su sentido más amplio, como sostenibilidad ambiental, económica y social. Desde hace unos cinco años, también se señala la necesidad de mirar al individuo, al ciudadano, para enfocar cada cambio en su desarrollo y en el vínculo interindividual y con la comunidad.

Hoy no entro en consideraciones filosóficas sobre el estancamiento sistémico del urbanismo español, ni sobre la imperiosa necesidad de su evolución jurídica y materialAunque entiendo que ambos son fundamentales para que la evolución suceda de forma orgánica y España pueda seguir formando parte de ese núcleo en transformación.

La combinación de las doctrinas y tendencias de los últimos años con la necesaria y urgente reformulación de los cimientos de nuestro sistema urbano, Promoverá el cambio, la transformación de las ciudades y la humanización de esa revolución concebida por Childe en 1950. La ciudad multicéntrica, la ciudad de los 15 minutos, colocada hoy en el centro del debate, podría convertirse en un factor evolutivo si se sientan las bases para el desarrollo, mejora, adaptación y humanización de los principios de esa Carta de Atenas. No podemos, no debemos perder el tren de la revolución urbana en ciernes. En España debería permitirse la flexibilidad de los usos del suelo urbano como forma de asegurar su combinación. La ciudad compacta puede seguir funcionando, puede ser, si el ciudadano puede satisfacer sus necesidades dentro de ese radio de 15 minutos. Y esto implica la necesaria flexibilidad del sistema, como único medio para romper una homogeneidad que ha resultado inoperante contemplada en el marco de la sostenibilidad. Tampoco podemos relajarnos ante la demanda de una movilidad racional y razonable. La otra revolución, la tecnológica, debe contribuir a la reducción progresiva de la necesidad de movilidad, aumentando la accesibilidad.

Está en nuestras manos hacer posible la evolución necesaria. La generación de una nueva revolución urbana en la que España sigue siendo protagonista ”

En definitiva, está en nuestras manos hacer posible la evolución necesaria. La generación de una nueva revolución urbana en la que España sigue siendo protagonista e impulsora. En el que somos capaces de trascienden coyunturas y median límites ideológicos, poniendo el énfasis en el ciudadano, buscando ciudades más saludables y sin olvidar, sería un error, que el crecimiento de la ciudad no se puede prohibir, limitar o impedir. Podemos, eso sí, asegurar un crecimiento orgánico y funcional, más humanizado, controlando su expansión, regenerando y rehabilitando la ciudad construida y respetando siempre su esencia, carácter e identidad.

Tal vez lo necesitemos un medidor de talento como Don Arturo Soria encontrar quién es capaz de acompañarnos en el camino de la nueva revolución urbana, aunque algo define y siempre ha definido a las ciudades, es su capacidad infinita como generadora de ideas, su magnetismo por el talento.

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