¿Están extintos los toros de lidia?



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Desde el momento en que Rodríguez Uribes tomó posesión del portafolio cultural, La corrida de toros, plenamente incorporada a su jurisdicción, es objeto de su cuidado y protección independientemente de si le gusta o no, lo cual es respetable como opinión personal.

Que debe ser objeto de su protección se deduce de la condición de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que goza legalmente la tauromaquia: esta condición obliga a las autoridades de las que depende. «Protegerla y cuidarla» como literalmente Ore instrucciones al respecto.

Pero resulta que al ministro no parece gustarle, como demuestran las declaraciones que han puesto en marcha el mundo del toro, contrastando el toreo con el teatro; Rodríguez Uribes dice textualmente que «no debería animar a la gente a ir a los toros», sino que les anima a ir al teatro porque «es pacífico y no causa polémica».

Sin embargo, fuera de la polémica, el que ha despertado con declaraciones tan lamentables que los toreros consideran, lo agrego con razón, un atropello.

También es lamentable que un ministro que desaconseja ir a los toros se meta en la cartera los caramelos envenenados por la tutela del toreo, que por ley está obligado a tratar. Le recordaremos estas obligaciones.

Los toros son «un patrimonio cultural inmaterial de los españoles según la ley 18/2013, y por tanto deben ser protegidos, difundidos y cuidados por los dirigentes españoles aunque no les guste. Según informa la Fundación del Toro de Lidia, es la citada Ley la que permitió defender la tauromaquia en los tribunales y vencer a aquellos dirigentes que la habían prohibido en varios territorios españoles, prohibiciones que fueron anuladas con una sentencia.

¿Qué puede hacer un ministro de cultura que se declara en contra de la obligación de respetar algo que ordena la ley? Hay varias soluciones: el primero y lo que parece obvio, no aceptar el cargo, pero la tentación debe ser muy fuerte; para que al menos pudiera callarse y, como recomienda el profesor Amorós, con expresión taurina, «saber quedarse en su sitio».

Por qué el críptico ataque expresado en la frase «No debo animar a la gente a ir a los toros» es incompatible con las obligaciones asumidas, incluso si se trata de una opinión personal dado el perjuicio que se puede hacer a un grupo profesional en pleno cumplimiento de la ley, con los correspondientes pagos de cualquier tipo de impuesto.

Este grupo, aunque acostumbrado a recibir todo tipo de insultos, esta vez está particularmente indignado.

Más de veinte mil familias viven del toro bravo: no solo los toreros o las grandes figuras, sino también todo el personal subordinado y los que se mueven entre los ganaderos, alcaldes, criadores y profesionales relacionados con la feria. En estos momentos de crisis hay demasiada tristeza y penuria económica en tanta buena gente que las declaraciones del Ministro están llenas de insensibilidad y posible ignorancia.

Otra posibilidad, si el ministro disfrutara de la virtud, el toreo, el coraje, sería que se atreviera a unirse al mundo de la lucha contra el toreo para lanzarse contra el toreo, exigiendo su abolición: legalmente contradeciría las obligaciones de su posición, pero al menos sería coherente y su posición abriría no solo una polémica como las que tanto dice que quiere evitar, sino una auténtica batalla.

Todo sería preferible al «pellizco» que le dio Rodríguez Uribes a un grupo que, coloquialmente decía, «no se mete con nadie».

El toro bravo: una carrera en peligro de extinción

Vayamos con el gran protagonista del desastre taurino que estamos viviendo: el toro bravo, que es el «Bos Taurus ibericus lucha contra la raza».

Independientemente de si a los toros les gusta o no, nadie lo duda. supervivencia del toro Bravo depende del valor económico agregado que genere su lidia, ya que cualquier raza bovina con mayor aptitud para la carne reemplazaría a los toros bravos en la ganadería extensiva si la Fiesta desaparece.

Como consecuencia lógica, la crisis taurina muestra que actualmente se produce tras la COVID-19 está enviando miles de toros valientes al matadero, parece que hay casi quince mil los que han emprendido el triste camino de acercarse a la dehesa con esa finalidad para la que no había sido criada con tanto esfuerzo. Desde el mundo urbano esto no nos preocupa en absoluto: para los que amamos el campo y la naturaleza es escalofriante.

El ancestral hábito celtibérico de luchar contra los uros y sus rebeldes descendientes de ganado criados en libertad en la Península Ibérica. evitó la extinción de este tipo de bovinos como ha sucedido en el resto de Europa: es más lógico seleccionar bovinos tranquilos y fáciles de manejar que hacerlo con otros cuya cría es peligrosa: peleas, en sus diversas formas, muchas de las cuales son desconocidas por su antigüedad , vino a salvar los genes bovinos de agresión ancestral unarrecife bovino.

Pero es a partir del siglo XVIII cuando se produce el milagro genético que supone la selección realizada por los ganaderos que establecieron las castas fundadoras del toro de lidia.

Nombres como los de la familia Cabrera, Gallardo, Ulloa y sobre todo los de la Conde de Vistahermosa Y P. Vicente José Vázquez, que no eran científicos sino hombres del campo, fueron capaces de recrear la imagen de los viejos uros que se extinguieron en la Edad Media, gen por gen, produciendo su selección no solo de agresión, que se llamó coraje, sino también de cualidades, como fijeza en forma de asalto, que hizo posible la lucha y, en consecuencia, la supervivencia en el tiempo de estas líneas.

A lo largo de los años, el proceso de selección llevado a cabo por ganaderos taurinos ha dado lugar a algunos entornos dominantes que sería muy difícil que desaparecieran a corto plazo; pero otros, llamados minorías porque se adaptan peor a la corrida actual, corren grave peligro de extinción, y es posible que rebaños completos con estas reservas genéticas bovinas lo estén haciendo ahora mismo porque no pueden sostener a los románticos pastores que mantienen su peso. desastre económico.

Seguro podría preguntarle al Sr. Rodríguez Uribes que cumpla con sus obligaciones como ministro de Cultura, o si esto le parece demasiado, que al menos se haga el favor de documentarse porque el argumento desborda por completo desde el punto de vista humano, artístico y ecológico, la vieja polémica entre tauromaquia y antitaurina.

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