Estudiantes contra profesores: la batalla de las notas



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Revisión de los alumnos antes del inicio de la evaluación de admisión a la Universidad de Madrid.
Revisión de los alumnos antes del inicio de la evaluación de admisión a la Universidad de Madrid.Juan Carlos Hidalgo / EFE

La práctica de compartir notas es tan antigua como la propia universidad. Sin embargo, Internet ha permitido extender esta actividad más allá del grupo de pares, transformando lo que inicialmente era una actividad sin ánimo de lucro en una actividad donde las plataformas digitales se benefician del trabajo de los profesores.

Wuolah es la «plataforma líder para la descarga de notas entre países de habla hispana», donde «cada día miles de estudiantes intercambian documentos», según la web de esta empresa que nace de una idea que han tenido cuatro universitarios sevillanos en 2015. En ella , los alumnos pueden “descargar gratis los más de cuatro millones de documentos con publicidad que se suben a la plataforma” o hacerlo sin publicidad, pero pagando una determinada cantidad de dinero. La plataforma recomienda cobrar por las descargas porque «es una buena forma de suprimir el contenido de documentos que pueden distraer» al alumno, como los logotipos de empresas que se publicitan en el margen de las notas.

Específicamente, como se promovió esta semana, una moneda de Wuolah es equivalente a una descarga sin publicidad. Por diez de estas monedas (cuestan 4,95 €) obtienes diez billetes sin publicidad. Por 200 monedas (el precio es de 19,95 €) tienes acceso a 200 billetes.

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Por otro lado, la empresa remunera a los usuarios que suben notas en función del número de descargas. Según Enrique Ruiz, uno de los fundadores, si se lo toman «muy en serio», los estudiantes pueden ganar «alrededor de 100 €» al mes, aunque la mayoría de ellos «suelen ganar alrededor de 30 o 40 € al año». La compañía, por su parte, recaudó más de un millón de euros en rondas de inversión y contó con el patrocinio de la aceleradora de puesta en marcha de la Junta de Andalucía.

Según Ruiz, «el gran aliciente» para los alumnos «es el reconocimiento social», es decir, «ver la cantidad de descargas y sentir la admiración» del resto de compañeros. Sin embargo, esta práctica está generando malestar entre varios profesores universitarios, quienes denuncian, entre otras cosas, que da lugar a un nuevo modelo de negocio que atenta contra sus derechos de propiedad intelectual.

Beneficios variables

Andrés Recalde, catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que «el beneficio que pueden obtener los estudiantes» con sus materiales «es mínimo, pero una aplicación empresarial juega con grandes números». Por lo tanto, «mis notas, junto con las de muchos otros profesores, pueden ser de gran utilidad para ustedes, incluso si informan poco a los estudiantes».

La docente señala que cuando deja los materiales de estudio que ha preparado con sus alumnos, lo hace “gratis”, con fines educativos. “No me importa si los estudiantes los usan o los transforman. Solo espero que se respete una indicación de mi paternidad ”. Por lo tanto, cree que si él no se beneficia de sus materiales didácticos, otras personas tampoco deberían hacerlo.

La gran incógnita que generan plataformas como Wuolah es si los derechos de propiedad intelectual de los profesores se infringen con fines de lucro. María Ángela Fernández, asociada senior del bufete de abogados Bird & Bird, señala que esta no es una «pregunta sencilla» de responder. Si bien es necesario analizar cada caso, se pueden distinguir tres hipótesis. Primero, que el profesor no está protegido por la ley de propiedad intelectual, que «no permite la protección de ideas abstractas». Así, por ejemplo, si el maestro explicara únicamente las leyes de la termodinámica, esas ideas no serían susceptibles de salvaguarda porque son conceptos «ya existentes».

Tampoco habría ninguna violación si «el autor y la fuente fueran citados con fines educativos». Pero “no se puede copiar un manual completo, incluso si identifica al autor. La cita debe limitarse a enseñar un concepto ”, advierte.

Una pregunta diferente surge cuando el profesor expresa conceptos «de una manera nueva», en cuyo caso se podría proteger el «trabajo». Sería el caso, por ejemplo, del profesor de derecho romano que crea una historia para explicar a sus alumnos las instituciones que existían en Roma, explica el abogado.

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Y es que las explicaciones del profesor en el aula son susceptibles de amparo cuando son de su propia responsabilidad, es decir, cuando van más allá de la reproducción de un manual. “Partiendo de esta premisa, los estudiantes que las transcriben literalmente no pueden atribuírselas a sí mismos. Por tanto, para realizar actos de explotación, el alumno necesitaría la autorización previa del profesor o en todo caso vulneraría los derechos de propiedad intelectual que le corresponden a la asignatura ”, afirma Cristina Villasante, socia de Ecija Abogados.

En caso afirmativo, y «sin perjuicio de las consecuencias que la plataforma pudiera haber previsto en sus términos y condiciones, como la cancelación de la cuenta del usuario o la baja del contenido, el profesor podrá solicitar al alumno infractor una indemnización por daños y perjuicios», él dice.

Fuera de estos casos, el alumno podría desarrollar su propia creación susceptible de explotación económica. Para ello, las notas deben estar elaboradas «de forma original», utilizando las explicaciones del profesor como «citas simples que completen el resto del texto», explica Villasante. Este sería el caso del alumno que crea un nuevo esquema de aprendizaje de valencias.