Iglesias llevaba meses planeando ceder el liderazgo de Unidos Podemos a Yolanda Díaz



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Yolanda Díaz, mediante escritura del Ministerio de Trabajo, el 11 de marzo.
Yolanda Díaz, mediante escritura del Ministerio de Trabajo, el 11 de marzo.MINISTERIO DE TRABAJO / Europa Press

Los vertiginosos episodios políticos de los últimos días, con la culminación de las elecciones anticipadas en Madrid, han dado a Pablo Iglesias la oportunidad de esclarecer la maniobra que viene madurando desde hace tiempo: regalar a Yolanda Díaz el cartel electoral Unidos Podemos. Se lo había propuesto varias veces a la ministra de Trabajo, pero ella se había resistido hasta ahora, según fuentes de formación. Díaz, por el momento, no ha reaccionado a la propuesta de Iglesias de asumir la segunda vicepresidencia y postularse para Unidos Podemos en las próximas elecciones generales, aunque en formación el relevo ya se da por hecho. Tampoco el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, impidió el reemplazo.

En público y en privado, el vicepresidente segundo ha elogiado en los últimos meses a Díaz, con quien mantiene una amistad desde hace años, antes de la fundación de Podemos. Apeló al Ministro de Trabajo como prueba de la rentabilidad que, según él, logró su formación con su ingreso al gobierno. En poco tiempo el líder gallego había pasado de ser un diputado que ni siquiera estaba en primera fila a uno de los máximos ministros del Consejo de Ministros, consolidando así una «nueva dirección» en Unidos Podemos, en palabras del propio Iglesias. .

Detrás de esas palabras había un plan que Iglesias manejaba con mucha más discreción: había concluido que él mismo debería haber dado un paso atrás y convencido a Díaz de que él sería el mejor recurso electoral de la formación. Este lunes, en el video en el que anunció su decisión, lo expresó en términos aún más ambiciosos: «Él podría ser el próximo presidente del gobierno». Pero Díaz, con un perfil mucho menos agresivo que Iglesias, se resistía, según las fuentes consultadas. Ya lo había hecho en ese momento, antes de llegar al gobierno, cuando el líder de Unidos Podemos le dijo sin darle la posibilidad de negarse: «Usted será el Ministro de Trabajo». Ahora afirmó que su horizonte no fue más allá de la culminación de un mandato ministerial que logró, entre otras cosas, un fenómeno que casi nadie podía esperar: una carta comunista que se ha ganado la confianza de los sindicatos y el mecenazgo.

Pese a la negativa de Díaz, Iglesias insistió. Y aprovechó en la convocatoria de Madrid para forzar la comedia y ceder a la dirigente gallega su lugar en el gobierno y liderazgo social de la coalición. El fundador de Podemos hizo de la permanencia en el Ejecutivo el gran norte de la estrategia política de su organización, pero personalmente, según dirigentes cercanos, nunca terminó de verse del todo sobre el papel. “Al contrario de lo visto desde fuera, en la organización se instaló la idea de que Pablo no sería el próximo candidato”, dice un miembro de la dirección. «Lo mencionó él mismo en una entrevista, aunque parece que no lo creyeron». Por ello, aunque casi nadie esperaba un movimiento concreto de Iglesias este lunes por la mañana, su abandono del gobierno no fue una sorpresa del todo ni que Díaz sea el elegido.

En video, me encuentro con Yolanda Díaz en el Ministerio de Trabajo.Alicantur SEMANAL

Díaz tiene una posición muy libre dentro de la coalición liderada hasta ahora por Iglesias. Aunque proviene de Izquierda Unida, de la que fue líder en Galicia, lo dejó el año pasado, descontento con la línea del coordinador general y también ministro de Consumo, Alberto Garzón. Mantiene la tarjeta PCE y está en buen acuerdo con su secretario general, Enrique Santiago. Su relación con Podemos es casi exclusivamente a través de su amistad con Iglesias. Siempre ha tenido la mejor conexión con la confluencia catalana.

En el gobierno, el ministro de Trabajo ha sido protagonista de enfrentamientos con algunos socialistas, en particular con la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, un gran baluarte de la ortodoxia en el gobierno. Esto también le dio tensiones con La Moncloa en determinados momentos. Pero, a diferencia de Iglesias, el ministro de Trabajo no optó por estirar el pulso retransmitiendo las discusiones en público y trató de mantenerlas en términos más técnicos que políticos.

Si finalmente fuera la vicepresidenta segunda, Díaz le garantizaría a Pedro Sánchez una actitud pública mucho menos belicosa que la de Iglesias. Tampoco es que su figura no despierte sospechas entre los socialistas, pero en este caso por motivos muy distintos: es el ministro Unidos Nosotros quien tiene mejor imagen entre los votantes del PSOE. En otras palabras, un competidor electoral potencialmente más difícil de descifrar.