La campaña de tensión infinita



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Mónica García, candidata de Más Madrid, frente a la oficina de correos donde depositó su voto anticipado el miércoles.
Mónica García, candidata de Más Madrid, frente a la oficina de correos donde depositó su voto anticipado el miércoles.David G. Folgueiras

La campaña del Madrid es tensa, sucia, condimentada con agresiones verbales. Y también con un punto caprichoso y hasta caprichoso. No hay día sin una nueva entrega, ahora cartas amenazantes, transformadas en serial. Ya son siete, tras el descubrimiento del miércoles, con dos balas en su interior, esta vez dirigidas no a un candidato ni a un político en activo, sino al expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero. La izquierda usa estas amenazas para argumentar que el fascismo ha renacido. La derecha los minimiza y acusa a la izquierda de utilizarlos como truco electoral. Este es el ruido infinito de esta campaña, que no deja espacio para hablar de otra cosa. Casi ni siquiera de la pandemia, cuando Madrid sigue en máxima alerta y es la segunda comunidad de España con mayor número de casos por habitante, por detrás del País Vasco.

Desde el momento de la convocatoria de las elecciones, la presidenta y candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, dejó claro cuál era su finalidad: la lucha ideológica – «socialismo o libertad» – y una especie de plebiscito regional sobre el gobierno de Pedro Sánchez. La oposición aprovechó el debate entre los dirigentes hace una semana para arrastrar a Ayuso a otro terreno. Frente a las cámaras de Telemadrid, hablaron de lo sucedido en las residencias y hospitales, la situación sanitaria, los impuestos, las perspectivas económicas … Pero pronto llegaron las amenazas a los políticos de izquierda y el ridículo. De la cruzada contra el comunismo a la cruzada contra el fascismo. Y la discusión sobre cómo gestionar la Comunidad de Madrid casi ha desaparecido.

En lo peor de la pandemia, hace un año, Díaz Ayuso hizo estallar las redes sociales tras aparecer en la portada de El mundo luto e con un gesto que imitaba al de la Virgen dolorosa. En esos días de ropa negra -el PP gritó al gobierno por no declarar el luto oficial- el presidente se entristeció. Un año después, Ayuso es todo alegría y vitalidad. En cada aparición pública, con creciente entusiasmo, describe Madrid como un paraíso para la diversión. «Aquí la vida es complicada, es cara, se trabaja duro, pero podemos salir hasta altas horas de la noche», dijo este miércoles a Onda Cero, tras quejarse de que «el campo ya no es feliz».

Empujada por el entrevistador, Carlos Alsina, la presidenta explicó por qué dice que hay más libertad en Madrid que en otros lugares. «Aquí se puede ir al cine, al teatro, a tomar una copa … Alimentando el alma, que tanto necesitamos», dijo. En otros lugares, sin embargo, en el resto del país, incluidas las otras cuatro comunidades gobernadas por el PP, «cierran comercios y hoteles». Además, en los pueblos pequeños hay libertades que son imposibles de disfrutar, continuó Ayuso con un ejemplo: «La libertad también significa que cambias de pareja y no te la vuelves a encontrar en la calle». Por todos estos motivos, Madrid atrae a tanta gente, que incluso la «mayoría de los jóvenes catalanes» quieren trasladarse a la capital, ha dicho sin dudarlo el presidente. Lo pudo comprobar ella misma, reveló, en la campaña de las últimas elecciones autonómicas.

Nueva amenaza

De las bromas sobre las sutilezas de Ayuso sobre la libertad, la campaña se ha convertido en agitación por una nueva amenaza. Correos interceptó la carta a dos balazos contra Zapatero en una oficina del madrileño barrio de Vallecas. Contenía un texto escrito a mano llamando al ex presidente un «parásito». Poco antes, el candidato de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, había denunciado en La Sexta la «infiltración» de la extrema derecha en las fuerzas de seguridad del Estado y el ejército. “Es un mal histórico y endémico de la democracia española. En Europa tienen alucinaciones ”, aseguró.

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, durante un desayuno-debate del Club Siglo XXI, miércoles en Madrid.
La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, durante un desayuno-debate del Club Siglo XXI, miércoles en Madrid.Eduardo Parra / Europa Press

Cuando la semana pasada surgieron las primeras amenazas contra Iglesias y miembros del gobierno, el PP no reaccionó al unísono. Su presidente, Pablo Casado, hizo una fuerte condena y también recordó que no tiene una mala relación personal con el candidato de Unidos Podemos. El Pp de Madrid, en cambio, introdujo matices en el rechazo y acusó de todo contra Iglesias. A medida que pasan los días, hay más armonía en las voces. En distintos tonos, Casado y Ayuso minimizan el alcance de estas amenazas y argumentan que, cuando el PP ha tenido casos similares, reaccionó con «serenidad». El líder popular, muy distante de la campaña, ha reaparecido para culpar a la izquierda de todas las tensiones creadas. «No hay problema de convivencia, hay problema de polarización instigado por un gobierno desesperado porque está a punto de perder descaradamente el 4 de mayo», dijo Casado en un acto con las víctimas del terrorismo. En la galería del Club Siglo XXI, Ayuso destacó sus dudas sobre la veracidad de las amenazas: «No sé si los sobres son ciertos o no, lo que sé es que no voy a hablar de ellos». Desde Vox, no es una mala palabra.

A las pocas horas de conocer la carta con la amenaza a Zapatero, el expresidente y 20 de sus ministros hicieron público un comunicado pidiendo el voto de Ángel Gabilondo. El candidato socialista tuvo dos caras en la campaña electoral, encabezada por La Moncloa. El suave centrista de los primeros días dio paso a un enérgico luchador contra la amenaza del «fascismo». El miércoles vuelve en tonos más templados, apuntando a Vox y el «discurso de odio». La otra pierna izquierda, Más Madrid, intentó mantenerse un poco al margen. Su candidata, Mónica García, no deja de atacar a Ayuso y sus posibles pactos «con la extrema derecha». Pero al mismo tiempo trata de no desviarse de su estrategia de hacer una campaña con tonos más positivos y que pretende estar más cerca de los problemas cotidianos de las personas.

En medio del tumulto, Ciudadanos, vencido por las urnas, intenta cuadrar el círculo: presentarse como la única fuerza que huye del «extremismo», asegurando que, en caso necesario, volvería a coincidir con Ayuso. Su candidato, Edmundo Bal, apoyado constantemente por Inés Arrimadas, se ha puesto en la piel de casco azul en medio de las hostilidades. El miércoles envió una carta a los otros cinco candidatos proponiendo que firmen un pacto para acabar con la «escalada de tensión y polarización». Bal expresó un compromiso general de condenar «todas las expresiones de violencia» y que todas renuncian a las actitudes que «criminalizan al oponente político». Nadie se molestó en recoger el guante.

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