La CUP o el cambio de paradigma



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La CUP o el cambio de paradigma

«La CUP envió a Mas al basurero de la historia». Era el 10 de enero de 2016 y el diputado y abogado Benet Salellas condenaba así el desenlace de las desgarradoras negociaciones que llevaron, en el último segundo, a la dimisión de Artur Mas como presidente de la Generalitat. Los anticapitalistas han demostrado ese triunfo sin la menor intención de gobernar. Votaron por su sucesor, Carles Puigdemont, y desde entonces ha llovido mucho. Tanto es así que ahora, cinco años después, la CUP vuelve a tener la llave de la investidura y su composición se plantea por primera vez asumir responsabilidades en el Gobierno, incluida la Presidencia del Parlamento.

Con nueve diputados y la quinta fuerza en las elecciones del 14-F -detrás de PSC y ERC, igual a 33 y Junts para Catalunya, con 32-, los anticapitalistas están dispuestos a dar el paso hasta que un futuro ejecutivo se ponga patas arriba. 180 grados y promover un plan de choque social – el derecho a la vivienda -; Transformar el modelo de los Mossos d’Esquadra y retomar la «iniciativa» en el camino de la autodeterminación. Es decir, un referéndum pactado o no con el estado, aunque haya caído en su programa electoral la fecha de 2025. Con pocas opciones Salvador Illa por falta de apoyos, el republicano Pere Aragonès es el mejor para invertir. Si el ERC está de acuerdo con los Junts, sumarán 65 votos y solo se necesitarán tres de la CUP para tener mayoría absoluta (68). El primer preludio para conocer la foto final será el día 12, cuando se constituirá la Sala.

En la legislatura anterior, la CUP se había ofrecido a estar en la mesa pero hasta ahora nunca había dado grandes pasos para asumir responsabilidades en la política regional. Sus dirigentes sostienen que la situación es tan excepcional que los obliga a «rebelarse» tanto contra el surgimiento de Vox -11 diputados- como ante posibles intervenciones del Tribunal Constitucional (TC). Su objetivo es una estrategia que plantee el «enfrentamiento democrático» para lograr sus objetivos. Los anticapitalistas aspiran a que el Parlamento no se aleje del TC y que se pueda hablar en pleno de la monarquía, de la autodeterminación ”o de la suspensión de las leyes sociales. El último fue el que regula el precio del alquiler. “El Parlamento debe resistir y defender su actuación. Y el gobierno actúa como escudo social ”, dijo el diputado Carles Riera tras el Consejo Político, reconociendo que esto daría lugar a“ secuencias represivas ”.

Sus prioridades son la política social, la autodeterminación y la reforma de los Mossos

El 14-F volvió a poner a la CUP en el centro de la política catalana, la misma que obligó a la salida de Mas y pidió el referéndum del 1 de octubre a cambio de apoyo presupuestario. Incluso el procés, como todos los partidos, lo sacudió y las elecciones de 2017 lo sumergieron en su particular viaje por el desierto: pasó de 10 a 4 diputados. A diferencia de los líderes de los Junt o del ERC, ninguno de sus líderes terminó en prisión y solo la diputada Anna Gabriel huyó a Suiza, donde vive. Simpatizantes de la inversión de Puigdemont en 2018, cuando ya estaba en Bruselas, los Cupair votaron en contra de la investidura de Jordi Turull, a punto de entrar en prisión, y se abstuvieron en la de Quim Torra. Muy crítico con su gobierno, lo acusaron de gesticular y ejercer políticas autonomistas.

El cambio en el papel que ahora desempeña se forjó en una asamblea de 2019 en Girona donde aprobaron una nueva estrategia para acabar con la política de bloqueo y gobernar siempre y cuando se acepten sus términos. Tras su derrumbe en el ayuntamiento, debutaron en general al conseguir dos diputados. Con las urnas subidas, acordaron con Guanyem poner a Dolors Sabater, la exalcaldesa de Badalona, ​​a la cabeza de la lista. Queriendo influir en la gobernabilidad, el Consejo Político de la CUP lo corrigió advirtiendo de las condiciones. Sabater lo redujo a un malentendido ya resuelto.

Carles Riera dice que el Parlamento no debe temer lo Constitucional

Nacida como movimiento municipal, asambleario y coral, la CUP está formada por 11 entidades y no todas quieren apoyar al gobierno. Dos de sus principales almas están divididas: Endavant está en contra – «No seremos una muleta» – y Poble Lliure quiere contribuir. «Ya estamos empezando», dijo Lluis Llach, quien apoyó a la CUP en la campaña cuando se enteró del cargo de Endavant. Donde no hay fractura es para reclamar la transformación de los Mossos, cuestión capital para las peticiones de prisión de la Generalitat a los manifestantes independentistas. CUP le da crédito a ERC por haberse comprometido a hacer cumplir una moratoria sobre las balas de espuma> – una joven perdió un ojo en una protesta en apoyo del rapero Hasél – desde el musgos no actúes en desalojos. «Esta legislatura será un fracaso si no es el fin de la represión de la Generalitat», dijo Riera. «Hay que detener dos sangrados: la vulneración del derecho a la vivienda y la protesta», ha dicho la diputada Eulàlia Reguant.

No es válido en CUP especular sobre sus decisiones en la asamblea sobre si el veto de Mas terminó en un extraño empate con 1.515 votos.

No es válido en CUP especular sobre sus decisiones finales ya que la asamblea sobre si Mas vetó o no terminó en un extraño empate con 1.515 votos. Xavier Pellicer, diputado, dijo que para llegar a la etapa actual tenían que pasar por aquella en la que enviaron a Mas a la «basura» de la historia. «Ahora el electorado lo ha hecho», dijo en la SER, aludiendo a que el PDeCAT tenía cero escaños. «No estamos tan equivocados».