La difícil digestión de la coalición



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La dificil digestion de la coalicion

Solo tiene un año, pero la coalición comienza a mostrar claros signos de fatiga material. El PSOE culpa a Unidos Podemos, al que acusa de querer ser tanto el gobierno como la oposición, y el grupo que lidera Pablo Iglesias culpa a los socialistas por negarse a cumplir con lo que se han suscrito en temas como la limitación del alquiler, que ahora es la batalla la que genera más tensión internamente.

Ambos tienen puntos de vista opuestos, pero ministros y líderes de los dos grupos coinciden en una idea: «No podemos seguir así». La semana fue muy dura. Comenzó con una lucha por la política de igualdad. Unidos Podemos culpar al PSOE de presentar unilateralmente las leyes de un ministerio que lideran y los socialistas no perdonan a los de las iglesias que buscarán votos en el Congreso e incluso sondearán al PP para derogar la ley socialista. Y terminó con un debate sobre las manifestaciones a favor del rapero Pablo Hasél.

La situación es insostenible, admiten en ambos sectores. Está prevista una reunión para la semana que viene entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para intentar rebajar esta tensión que ya parece insoportable y que está afectando a todas las negociaciones en curso y al funcionamiento interno del gobierno, según varios ministros, pero nadie tiene claro si Una simple cita podría reorientar el conflicto porque al margen de los dirigentes, que conservan su espacio de diálogo, el enfrentamiento entre varios ministros, especialmente entre la vicepresidenta Carmen Calvo e Igualdad, Irene Montero, parece muy difícil de resolver.

Un grupo de ministros sin partido, nombrados por el PSOE, pero independientes, está empezando a plantear internamente la idea de que quizás el gobierno se desgastaría menos si Sánchez decidiera sacar Unidos Podemos y seguir solo. Pero es una opinión minoritaria dentro del Ejecutivo. Tanto el resto de ministros socialistas como los dirigentes clave del PSOE -que no quieren vivir el infierno parlamentario que supondría la destitución del grupo de Iglesias del gobierno- así como el entorno de Sánchez insisten en que el presidente está Muy claro que no es el momento de desestabilizar al ejecutivo.

Con 120 escaños, 56 de la mayoría absoluta, sería «frivolidad», según varios ministros, líderes y barones socialistas, romper con Unidos Podemos y arriesgarse a perder votos constantemente en el Congreso. Los ministros más lejanos de Unidos Podemos, especialmente algunos exponentes clave del sector económico como Nadia Calviño o José Luis Escrivá, pero también otros que mantienen un fuerte conflicto dialéctico con los de Iglesias, como Margarita Robles, jefa de Defensa, internamente. El Gobierno ya ha logrado aprobar los presupuestos y podría aguantar mucho tiempo solos porque unidos no podríamos tener mucho espacio para votar ni siquiera en contra de las medidas sociales.

Pero los ministros más vinculados al PSOE, en particular José Luis Ábalos y María Jesús Montero, apoyados por líderes clave que están en las negociaciones parlamentarias diarias como Adriana Lastra, y apoyados por varios barones territoriales, apelan internamente a las matemáticas: imposible de gobernar con 120 asientos y con United We Can al frente. El pasado jueves, sin ir más lejos, se volvió a comprobar esta dificultad: un decreto clave de Escrivá sobre las pensiones salió con solo cuatro votos y un rebote, con el apoyo de Junts por Catalunya. Sin UP sería casi imposible gestionar estos votos. Por no hablar del coste para el PSOE de ser el responsable del colapso de una coalición que ha generado grandes expectativas entre los votantes progresistas.

Mientras tanto, Unidos Podemos admitir que la situación ha llegado a un punto insostenible porque la tensión acumulada en los últimos meses está bloqueando varias negociaciones en curso.

El grupo de Iglesias tiene una larga lista de quejas que indican que el PSOE no está respetando el acuerdo de gobierno firmado ni los pactos alcanzados en los últimos meses. La casa es la última. El día que se cerraron los presupuestos, Iglesias y Sánchez acordaron que habría una ley que limitaría el precio del alquiler. Ese trato se publicó y se dio por sentado. Pero ahora, según United We Can, los socialistas están retrocediendo y solo quieren incentivos fiscales, pero no límites claros a los aumentos abusivos como en otros países.

La controversia de Hasél

Al contrario de lo que pueda parecer, la polémica por las manifestaciones en apoyo del rapero Pablo Hasél no es la que más problemas genera para la coalición. Sánchez ha marcado claramente las diferencias entre el PSOE y Unidos Podemos, y lo hace siempre que hay una discrepancia en asuntos sensibles como la monarquía, pero hay un acuerdo interno de que hay que reformar el código penal para que Hasél y casos similares no sufren penas de prisión, como es el caso en la mayoría de países europeos.

Los verdaderos problemas están en la igualdad y sobre todo en los alquileres, las pensiones y otras decisiones económicas como dónde y cómo gastar los 72.000 millones del fondo europeo; si está más orientado a grandes proyectos que beneficiarán a las grandes multinacionales españolas o hacia sectores con mayor presencia de pequeñas empresas.

Esta semana comenzar es la clave. Allí veremos, con esa reunión de líderes, pero también con las negociaciones en curso entre los ministerios, si se puede reorientar la situación.

Lo más llamativo es que este momento de máxima tensión llega precisamente en la peor semana posible para la oposición, cuando el PP hace noticia porque vende su sede para intentar salir del agujero en el que la metieron las elecciones catalanas, donde Tenía la mitad de los votos que Vox, y Ciudadanos, que perdió 30 escaños en el lugar donde nació, decide internamente si aún tiene futuro o ha iniciado una lenta agonía hacia la desaparición.

“Nuestra gran ventaja es que no hay nada por delante, pero esto no durará para siempre. Y el gran problema es Vox ”, resume un ministro. El gobierno, en lugar de quedarse a contemplar el colapso de la oposición en la peor semana posible para Pablo Casado e Inés Arrimadas, ha optado por dedicarse a un despliegue de sus tensiones internas. Todo el mundo culpa al de delante. Pero también se instala la idea de que necesita ser redirigido. Algunos ya se han puesto manos a la obra para probarlo en los próximos días. Pero nadie tiene claro si tendrán éxito.