La hostilidad ideológica entre los votantes crece desde la moción a Rajoy hasta niveles cercanos a la «intolerancia».



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I Encuesta nacional sobre polarización política

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Un estudio concluye que la polarización ha generado una «falsa percepción de radicalismo ideológico» entre votantes de diferentes orígenes.

El presidente Pedro Sánchez, en una reciente comparecencia ante el Congreso.
El presidente Pedro Sánchez, en una reciente comparecencia ante el Congreso.SERGIO R. MORENO

La moción de censura contra Mariano Rajoy, en junio de 2018, fue el punto de partida de una escalada de hostilidad entre frentes ideológicos que hoy permite a España afrontar «niveles cercanos a la intolerancia», como concluye la Primera Investigación Nacional. Polarización elaborado por el grupo de investigación del Centro Murciano de Estudios de Opinión Pública (CEMOP).

El estudio, publicado en la revista Más poder local y presentado este miércoles en el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada de Madrid, explora cómo la polarización afectiva se ha convertido en un fenómeno en alza en nuestro país en los últimos tres años, hasta el punto de dominar las relaciones entre ideologías en la actualidad.

¿Qué es la polarización afectiva? “Es la tendencia de las personas que se identifican o simpatizan con los partidos de izquierda o derecha a percibir negativamente a los partidarios del otro bloque ideológico ya sus correligionarios positivamente”, define Cemop.

Por tanto, una de las principales conclusiones extraídas del estudio es que desde la llegada de Pedro Sánchez al Ejecutivo se ha incrementado la animosidad entre formaciones de distintos signos ideológicos y que, por el contrario, se ha reforzado la afinidad entre votantes de un mismo bloque ideológico.

«Falsa percepción del radicalismo»

Una de las consecuencias del auge de este fenómeno, como se explicó, es la «falsa percepción del radicalismo ideológico» en los contrarios. El electorado concibe los planes de los partidos del otro bloque ideológico de una manera más extrema de lo que realmente son.

Todos los votantes, independientemente de su predilección, han manifestado esta radicalización, pero se da mayoritariamente en el ala izquierda del espectro político: simpatizantes del PSOE y Podemos colocar a Ciudadanos, Partido Popular y Vox mucho más propensos al extremismo ideológico que ellos, por el contrario, los votantes de derecha piensan en los dos partidos que hoy componen el gobierno.

Este resultado de la polarización afectiva se entiende como una «brecha perceptiva» que, según los analistas, es mucho más evidente en la izquierda, especialmente en Unidos Podemos: «Los partidarios de una formación tienden a exagerar la amplitud de su desacuerdo con otros grupos, especialmente los del bloque ideológico opuesto, como una forma de incrementar su identificación con el grupo al que pertenecen y su rechazo al grupo opuesto ”.

Los votantes de la viola son, junto con los de Vox, los que «tienen más rechazo a sus rivales ideológicos, los que más sufren por los demás y los que sienten más simpatía por su partido», explica la encuesta.

Este rechazo se manifiesta en el resultado del cuestionario elaborado para este estudio: son los más «reacios» a que sus hijos tengan una pareja con una ideología abiertamente opuesta a la suya, a contratar a una persona con ideas diferentes oa tener amigos con un ideología abierta, diferente.

«Es decir», concluye, «discriminan más personalmente por razones políticas» que los votantes que eligen otros partidos políticos. Los votantes de Unidos Podemos vuelven a ser, en este caso junto a los del Partido Popular, los que sienten más apoyo a la formación por la que votan que a su líder.

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