Lágrimas, despedidas y Alejandro Sanz en el desfile español



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Tokio

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Casi de la nada, en medio de una ceremonia marcada por la sobriedad y marcada solo por algunos matices de color, surgió de repente una fanfarria alegre y vital. Como si con la llegada de los deportistas quisieran dejar atrás el dolor provocado por la pandemia y dar paso a la fiesta deportiva. Fue un cambio radical de una noche triste y calurosa en Tokio. Un callejón sin salida en problemas. Un poco de optimismo. Según la tradición, el desfile se abrió desde Grecia, el país donde nacieron los Juegos. Lo hizo esta vez sin aplausos y sin emoción desde la grada, con el único aliento de los voluntarios apostados en el centro del estadio que acompañaron a los deportistas en la más triste marcha inaugural. El único, al menos, envuelto en silencio por la ausencia de público. Solo unos tímidos aplausos que acompañaron a cada delegación y que llegaron desde el palco de prensa. Una salvada leve, en su mayoría, que rompió las reglas solo en algunas ocasiones. El primero, con Argentina. Seguro. Los sudamericanos dieron media vuelta. Apasionado como siempre. Un adelanto de lo que sucedería a continuación.

Porque los españoles, que entraron en la posición 88 del Estadio Olímpico, también se hicieron notar. ¡Obviamente no! La delegación, más pequeña de lo habitual, no dejó de regocijarse. Damos el comando desde Mireia Belmonte Saul Craviotto, los españoles cruzaron el estadio de un extremo al otro. Vestido rojo y chaqueta blanca para ellos. Para ellos pantalón azul marino, polo rojo y chaqueta blanca. Todo formal al principio. Después, más despendolados, manteniendo siempre el orden y la distancia. La prudencia ordenó esta vez en ese momento. La última licencia antes de entrar en la pregunta. Para algunos, ni siquiera eso, ya que muchos se han quedado en el país antes de su inminente entrada a la competición. No había jugadoras de balonmano ni de hockey ni tampoco muchachas de waterpolo. Aun así, la española fue una de las delegaciones más numerosas, muchas otras reducidas por el coronavirus.

Al final, Saúl y Mireia compartieron el árbol formando una imagen única e icónica. Un ejemplo de igualdad que ya busca reflejarse en la sociedad. Brazo derecho para ella; el de la izquierda para él. Dos corazones unidos bajo una misma bandera. Un país atrás. El catalán radiante dejó entrever una lágrima; el palista más tímido estaba nervioso. Emoción para ambos, que vieron un sueño hecho realidad. Lo deseo en base a cuatro medallas a las que queremos sumar más en esta aventura japonesa.

Detrás de ellos, varios rostros conocidos. Por ejemplo Pau Gasol, que no quería perderse su último programa. Tras vivir en Londres como abanderado, esta vez el pívot estuvo acompañado de algunos de sus amigos. Junto al catalán se podía ver a Rudy Fernández, Claver o Llull, en los que cada paso sonaba a despedida. Una última vez. Como todo lo que hace en esta concentración olímpica.

Pau estaba rodeado, cuya altura marcaba el techo de la delegación. Un grupo larguísimo en el que faltaban muchas caras. Los que no pudieron participar organizaron su propio desfile en la ciudad. O durante el entrenamiento. Cualquier lugar era bueno para disfrutar el momento. Tamara Echegoyen y Paula Barceló lo hicieron en su barco en la bahía donde se realizará la navegación. Otros, como el triatlón o el hockey, en los pasillos de la residencia de los deportistas. Buen humor y alegría. Felicidad plena rota a altas horas de la noche en Japón por la confirmación de un positivo en la delegación ciclista nacional. Primer contagio que pone en riesgo la participación del equipo en la prueba de ruta. Mazazo que eclipsó la etapa final del desfile de los españoles. La mayoría optó por retirarse al pueblo a descansar y se perdió la actuación de otro español. Alejandro Sanz, quien fue uno de los solistas sobre el tema que anticipó la llegada de la antorcha olímpica. Una versión de «Imagine» de John Lennon que fue la más emotiva de la velada. Tras la canción apareció el fuego sagrado, que ya brilla en Tokio 2020. Luz de esperanza para todos los pueblos del mundo. Que comience el deporte.

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