«Las ayudas directas son imperdonables ante las limitaciones laborales»



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Su cédula ya contiene su dirección en Burgos. «Me registré el 29 de diciembre», confiesa, apenas 24 días después de entrar en la arquidiócesis, tras dejar diez años como obispo de Bilbao. Ahora llega a una provincia que «no me es ajena» y de la que habla con pasión, la misma que pone cuando, en la Piazza Duomo, responde a los ciudadanos que lo saludan con un «adiós, don Mario».

– Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra, Doctor en Teología y Máster en Gestión Bancaria; Habla inglés, francés, italiano, alemán y vasco. Es como mostrar tu currículum.

-Puedo presumir de que ya no tengo fósforo. Las circunstancias y la obediencia me llevaron a esto. Mi elección siempre ha sido la medicina. De hecho, considero mi vocación cuando estoy en el cuarto año. Quería dejarlo para ir al seminario y el entonces obispo de Córdoba, Infantes Florido, me dijo que no lo dejara y que hiciera un doctorado en bioética.

-¿Te has imaginado alguna vez ser arzobispo a los 55 y obispo a los 48?

-Nunca me imaginé obispo, menos en Bilbao y menos en Burgos. Es una verdadera aventura. Si hace 30 años me dijeron que me convertiré en arzobispo de Burgos … (risas) ¡Qué gran manera de soñar!

-Es una carrera muy rápida.

-Esto no es una carrera. Para hacer carrera, habría sido médico. Es una cuestión de fidelidad y obediencia. Ante todo fidelidad. No he tratado de ser obispo ni arzobispo y eso les da mucha paz y tranquilidad. No quiero nada que no sea fiel al llamado que recibí el 13 de marzo de 1988 cuando le dije que sí al Señor y le entregué mi voluntad y mi vida. Fui a todos los destinos con mucho gusto y dedicación. No es el plan de promoción profesional que tengo en la cabeza, sino ser fiel a lo que un día me llevó a dar mi vida.

Pero la Santa Sede habrá visto algo en ti.

-Bueno, todavía no había otras opciones. ¿Quién está aquí? Bien, esto. Bueno, eso es todo.

-Bilbao no es una diócesis fácil. ¿Te ayudó a aprender a ser obispo y puedes hacer todo a partir de ahí?

-Tuve dos grandes maestros. El primero, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo. Primero me nombró vicario episcopal y luego general en Córdoba. Con él comencé las tareas de gobierno en una diócesis. Mi segundo gran maestro fue Ricardo Blázquez, cardenal arzobispo de Valladolid, porque fui su auxiliar cuando era obispo de Bilbao. La verdad es que he estado rodeado de muy buena gente, gente excelente porque es como andar en bicicleta. Aprendes caminando. En Bilbao todas las decisiones del Consejo Episcopal se tomaron por unanimidad, salvo en una ocasión en la que hubo un voto en contra, y las propuestas maduraron en el Consejo Presbiterial y en el Consejo Pastoral Diocesano que llevé adelante. En algunos estuve menos convencido, pero me gusta llegar a un consenso. No quiero dejar a los heridos en la alcantarilla y prefiero que vayamos juntos, aunque sea más lento.

-En esos años, ETA dejó de matar. ¿Debemos perdonar y olvidar o simplemente perdonar?

-Cristo tiene los signos de la Cruz en sus manos. Por tanto, la Pasión no se olvida. Está marcado en la carne. La memoria permanece no solo en la mente sino también en el cuerpo. No olvidas lo que pasó y es bueno recordar lo que pasó. El perdón es inherente al mensaje cristiano. La palabra de perdón de Jesús en la Cruz es fundamental. La memoria es necesaria, el olvido no es bueno, es necesario conocer la historia, pero el perdón cura y cura las heridas. San Pablo nos dice que, como Iglesia, somos ministros de reconciliación.

-Hay quien piensa que en Bilbao hay tantos sacerdotes como el de Lemona, que justificaron el terrorismo de ETA.

-Él mismo reconoció el error que había cometido y puso su puesto a disposición de la Diócesis. No es cierto que haya muchos sacerdotes que piensen de la misma manera. La diócesis ha hecho un enorme esfuerzo en esta tarea de reconciliación y la gran mayoría ha iniciado enormes procesos de curación. De esta forma queda completamente marcado. Que después pueda haber alguien que tenga este tipo de inclinación a título personal, no sé cómo cuantificarlo, pero la gran mayoría está en absolutamente otras coordenadas.

-El viernes entró en Burgos por dos meses. ¿Cuál fue su primera impresión de la diócesis?

– Aún es muy pronto para tener un diagnóstico preciso. Burgos me sorprendió por su vitalidad, por sus excelentes proyectos de acompañamiento a las familias, a los jóvenes … Gente muy dedicada y bien formada, con criterios consolidados y comprometidos con la evangelización. Me asombra la dedicación de los sacerdotes que conducen durante tres horas los domingos para celebrar la misa en grupos de diez o quince personas.

– ¿Hay algo que te preocupe especialmente?

-Que Burgos es más laico de lo que pensaba. Me ha llamado la atención que solo el 53% de los bebés son bautizados. Por supuesto, estoy muy preocupado por las consecuencias de la pandemia, de las personas que no pueden llegar a fin de mes, que están desempleadas, en Erte … Será un año desde el comienzo de la pandemia con una enorme pérdida de ingresos. en muchas familias. Lo primero que hice cuando llegué fue encontrarme con Caritas y vi personas cuyos negocios se habían arruinado. Son situaciones de extrema angustia a las que debemos remontar.

-Con la pandemia desenfrenada, ¿cree que los ciudadanos están bien?

-Como dice el Evangelio, «hay de todo en la viña del Señor». Vemos muchas personas que dan lo mejor de sí para servir a los demás: trabajadores de la salud, agricultores, ganaderos, transportistas … Y luego vemos comportamientos egoístas e irresponsables que piensan que esto no es para ellos o que son inmunes y no les importa pueden ser vectores de contagio para otros.

-¿Y nuestros gobernantes?

Ante estas restricciones, que impiden que muchas personas trabajen con normalidad, también es necesario arbitrar medidas para compensar estas pérdidas. El hecho de que haya personas que llevan casi un año trabajando ilegalmente por estas limitaciones implica que deben ser indemnizadas de forma inmediata y directa porque un año sin ingresos es muy complicado. Si me dejas de trabajar, tendrás que compensarme porque tengo que comer y pagar impuestos. La ayuda directa es imperdonable dadas las limitaciones en la posibilidad de trabajar.

-¿Y el diálogo político?

-Todos hemos perdido un mayor consenso y un alto punto de vista en estas situaciones. Siempre existe el riesgo de quedarse cortos a corto plazo y en las discusiones escolares. Esas miradas largas y ese sentido de estatus son necesarios en momentos como estos.

-¿Qué opinas de un país que ha aprobado la Ley Celaá y está por aprobar la Eutanasia y la Ley «Trans»?

-La libertad educativa de los padres es un pilar fundamental reconocido en los derechos humanos, en la Constitución y en el ordenamiento jurídico. Que las familias y los padres tengan la capacidad de decidir la educación de sus hijos, independientemente de que sea organizada o pública. La ley de eutanasia no ayuda a los enfermos terminales ni a sus familias. La vocación de la medicina es curar, o al menos aliviar y consolar y acompañar siempre pero ahora introduce un nuevo propósito que es eliminar la vida del paciente, algo extraño y antítesis de la medicina. Y en lo que a la Ley «Trans» se refiere, se necesita una legislación que, más allá de las ideologías, pueda ayudar a estas personas a tener un futuro positivo y esperanzador que desarrolle todas sus cualidades. Algunas de las propuestas son las de los peregrinos como que se puede ir al registro civil y cambiar de sexo o que se excluya a los padres de acompañar a sus hijos cuando se den cuenta de una situación delicada que les genera dificultades.

-¿Crees que es posible que la Iglesia se lleve bien con un gobierno del PSOE-Podemos?

– Con estas preguntas, la comprensión es muy complicada. Ha habido encuentros educativos que no han dado frutos. Y con las otras dos leyes no hubo encuentro. Ese camino, hasta ahora, no se ha recorrido y me refiero a los hechos.

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