Las parejas sin hijos o solas constituyen el 45% de las familias gallegas



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Santiago

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Techos bajo los cuales viven cada vez menos personas. Según los resultados de la encuesta sobre familias estructurales del Instituto Gallego de Estadística, con los datos de diciembre de 2019, casi la mitad de las familias gallegas –45 por ciento– Están formados por parejas sin hijos (23,1 por ciento) o personas que viven solas (22,3 por ciento). La tendencia al alza de las últimas décadas, y reflejo de las bajas tasas de natalidad en la Comunidad y el aumento de la esperanza de vida, implica que solo el 30,8% de las familias gallegas acogen a una pareja con hijos, lo que implica que esta autonomía es una de las más antiguas del viejo continente, con una media de hijos por mujer que llega con dificultad al 1,12 y que convierte a la mujer gallega en una de las europeas que luego hace su primera incursión en la maternidad (más de 33 años).

El estudio, con datos a finales de 2019, muestra otras realidades que apuntan directamente a una pirámide demográfica con una base muy pequeña y con el relevo generacional pendiente. Por ejemplo, más familias residen mayores de 65 años (22,5 por ciento) en comparación con los que tienen un hijo menor de 16 entre sus miembros (solo el 21,8 por ciento). En las provincias, el envejecimiento se acentúa en las de Lugo y Orense, donde las familias monoparentales se disparan a costa de las que forman familias con hijos. En términos globales, unos 238.400 gallegos vivían solos a 31 de diciembre de 2019.

Pero el IGE también revela otras circunstancias impensables hace apenas unas décadas, como el hecho de que el 64 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 34 años siguen viviendo con sus padres. De los que tienen entre 25 y 34 años y aún residen en el hogar familiar, según esta encuesta, el 18,64 por ciento no tenía ingresos de ningún tipo hace apenas un año. Este porcentaje sube hasta un 53,94 por ciento entre los 18 y 24 años de edad, el más golpeado por la cadena de crisis que impidió que muchos de ellos se independizaran a los veinte e incluso a los treinta.

El rostro amable de las condiciones de vida de las familias gallegas está marcado por los ingresos que reciben a final de mes, una cantidad que aumentó en 2019 un 4,3 por ciento hasta los 2.290 € mensuales, que es el séptimo año consecutivo en el que crece este indicador económico y un hito en la serie histórica que comenzó en 2007. El número de familias que llegan «con alguna dificultad» a fin de mes bajó al 40,71 por ciento, mientras que el porcentaje de familias que llegaron «con dificultad» también disminuyó, 33, 92 por ciento, y «con muchas dificultades», 6,79. Esas familias donde la percepción es que el final del mes es fácilmente alcanzable, hasta un 59,30 por ciento. Y un último llamamiento a la esperanza, el riesgo de pobreza en Galicia bajó 0,28 puntos hasta el 15,23 por ciento.

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