Las tácticas bendicen a Max Verstappen



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El ‘cerrojo’ que hizo famoso al fútbol italiano también existe en la Fórmula 1. No pretende ser una defensa extrema, sino la entronización de la táctica. Por estrategia, Max Verstappen se impuso en Austin, a cinco carreras del final del Mundial, ante el acoso de Hamilton. El holandés se consolida como un líder solvente y protegido por un emporio. Carlos Sainz terminó séptimo y Fernando Alonso comenzó.

Austin es el hogar de uno de los circuitos más emocionantes de la Fórmula 1, hogar de algunas de las mejores carreras de cada temporada. Tiene condiciones especiales y ofrece divertidas posibilidades para los pilotos. Este no es el típico refugio de lema donde «no es posible adelantar». En Austin ocurre lo contrario. Sí, puedes adelantar y, por tanto, tienes que correr riesgos.. El Gran Premio de Estados Unidos ya es un evento de primer nivel y, a pesar de convertirse en el jardín privado de Hamilton durante los últimos cinco años, las posibilidades que ofrece a veces parecen infinitas.

Hamilton comienza en la rampa del 11 por ciento de desnivel positivo (pendiente positiva de 11 metros por cien metros) que termina en un giro a la izquierda donde la alegría de la Fórmula 1 se encuentra cada temporada. En esa curva 1 en Austin, siempre pasa todo. También ayer. Tienes que reducir la velocidad del coche a ochenta por hora y volver a arrancar la marcha tirando de la tracción. El británico sale más rápido cuando las luces rojas desaparecen y soporta la embestida de los búfalos de Verstappen, expulsando a su oponente al exterior con toda la ira que acumula por los duros métodos que su padre le enseñó cuando era niño.

La salida

Hamilton va primero en la curva e impone la antigüedad antes del discurso extremista de Verstappen, ya sea que quiera ganar o nada. Ganar o sufrir con la derrota se dibuja en su frente. La pareja avanza en una aventura que apenas acoge a los demás, el resto no existe, salvo el que sabe interpretar a ‘Checo’ Pérez, siempre solvente en cualquier tarea que se le encomiende.

Carlos Sainz sale asiduamente, Exprimido en un bollo de papaya, tan acosado por Norris y Ricciardo, cada uno por un lado, que tiene que someterse a la ley McLaren. El australiano conversador pasa y el español se prepara para una tarde agotadora con sus principales rivales.

Alonso arranca con la velocidad de su partey ruedas favorables desde el penúltimo lugar del podio. Un retroceso en honor a los viejos tiempos, cuando era intratable con grandes goles a la vista. No es difícil para él adelantar al más lento Haas o Williams, pero choca contra una pared en Alfa Romeo con motores Ferrari. Se atraganta como un gato con un ovillo de lana con Giovinazzi y Raikkonen, con adelantamientos por fuera por ambos lados y la obligación de volver a la posición para la salida de la pista. El plan son los puntos, para entrar en el top ten, una cuestión que parece menor pero que es importante en función de qué equipos.

Los ingenieros hacen sus cálculos y Verstappen utiliza lo que se ha denominado ‘socavado’, una maniobra que consiste en cruzar el garaje antes que el rival que tiene delante para ponerse neumáticos nuevos, y por tanto más rápido. Verstappen entra en la vuelta 11 y se lleva la primera gracias al garaje. LLa operación sorprende a Mercedes y Hamilton, que se ve obligado a buscar la forma de recuperar la plaza.

Alonso y Alfa Romeos

Aparte de la batalla de Alonso con los Alfa Romeos, la carrera es muy táctica, gestionada por las mentes de los ingenieros en lugar de las manos de los conductores. Verstappen y Hamilton mantienen una distancia segura, sin arriesgarse cara a cara, con calculadora en mano, por un lado, los puntos por el título y por otro los segundos y décimas del ritmo en las últimas vueltas.

Mercedes entiende que tendrán una oportunidad en las últimas vueltas, pero aquí es donde el talento de Verstappen sale a negar el reconocimiento. No le da un metro a Lewis Hamilton, que se acerca pero no tan cerca tener la posibilidad de activar el DRS, el alerón trasero se abre para ganar velocidad. El holandés no se relaja y consigue su octava victoria, un paso más para soñar con su primer título.

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