Liga Hitchcock



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Militão toca el balón con la mano contra Diego Carlos este domingo en Valdebebas.
Militão toca el balón con la mano contra Diego Carlos este domingo en Valdebebas.PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Esta liga es una montaña rusa. Los altibajos de los candidatos al título se suceden. El suspenso es constante. Con el VAR involucrado, no lo decimos. En el Alfredo di Stéfano, en el corazón palpitante entre Madrid y Sevilla, la intriga era típica del mejor Hitchcock. Quién sabe si el momento más decisivo del campeonato. El partido estaba en marcha en el minuto 73 cuando los hombres de Lopetegui sacaron un córner. Per Militão, volando con Diego Carlos y de espaldas al balón, rebotó en su brazo derecho extendido. Nada dijo el árbitro. Benzema salió corriendo, parado solo frente a Bono, quien le ató las piernas. Dos penalizaciones casi simultáneas por resolver. El juez dictó sentencia para el Madrid y Rakitic clavó el 1-2.

Unos minutos antes del éxito del croata, la Real había reclamado una mano a Jordania. Interpretable como cualquier otro en estos tiempos en los que el fútbol depende casi tanto de las manos como de los pies. Tal es la colosal confusión. Cada una de estas jugadas es como tirar los dados. Hoy todo depende de cómo golpee el aire a un batallón de arbitraje que interpreta el reglamento engorroso y voluble según el día.

La extrema incertidumbre con esos penaltis en casa y fuera de casa no fue la última historia del partido. En la recuperación, un disparo de Kroos se desvió del talón izquierdo de Hazard y el Real salvó un punto. Insuficiente. Gobierna el Atlético, que depende de sí mismo como en este día el Madrid o el Barça hace unos días antes del golpe con el Granada. La Liga, el VAR, es una noria. Y fue este partido vibrante, con un Sevilla mejor al principio y un Madrid mejor después del descanso.

El Sevilla salió autoritario, con un monocultivo del fútbol. Alrededor del baile, Papu Gómez organizó una mesa redonda y los chicos de Lopetegui de guardia alrededor. Moscas perseguidoras reales, siempre detrás de un oponente sin ariete de referencia, pero con mucho regimiento frente a la pelota e intercambios continuos. Otro rival fuertemente blindado del Real, aún recuperándose de su trance con los corsarios del Chelsea. Y no solo por Ramos y Mendy, que volvieron a lesionarse. Desde el principio, Zinedine Zidane no se centró en Hazard, tan marcado por la juerga con su expansor del Chelsea tras el aplastamiento europeo.

Un par de maniobras de Benzema le sirvieron de cascabel a Zidane. En el segundo, su cabezazo de bingo en el centro de Odriozola fue invalidado por el VAR. El equipo vasco fue sorprendido en fuera de juego por un pie. El no objetivo tuvo un efecto inesperado. El Sevilla notó el choque más que el Madrid. A un paso de los visitantes, un equipo de acordeón que suma pelotones de ataque y defensa.

El Sevilla ha perdido algo de hilo con Papu, con Suso. En otras palabras, con la pelota. En ese momento, cuando la Real ya temblaba, llegó el gol de Fernando. Tras una falta de Casemiro en Suso, el Cádiz activó a Navas. El centro del capitán fue bellamente derribado por Rakitic, quien en la zona de la selva de Courtois avisó a Fernando a través de una grieta. El brasileño sentó a Casemiro y marcó con el pie izquierdo.

Poco vértigo y la huella de Kroos

Doble golpe para el Real Madrid, que pasó de celebrar prematuramente el gol de Benzema a hacerse con el hueco de Fernando sin remedio. A la cabeza, el Sevilla fue menos expansivo. En desventaja, la Real fue un poco mejor con el balón, pero más en el toque que en el remate. Demasiados jugadores blancos dedicados a reclamar la bola y la cadena. Poco vértigo. No hubo reposiciones más ofensivas que las de Nervión y los locales cerraron sin mucho impacto para Bono.

A la vuelta del descanso, otro Madrid. Un set con más volumen, otro ritmo. El esfuerzo es suficiente para bloquear al Sevilla en las afueras de Bono. Lopetegui intervino sin dilación. Su equipo, tan en el poder al principio, ahora necesitaba un estiramiento. Un microteléfono. En-Nesyri, un futbolista potente y rápido, como bandera para arrancar el equipo. Antes de que pudiera entrar en vigor, anticipó Asensio. Kroos acababa de mencionar a Vinicius con el gol tras una trenza con Modric. Hasta entonces, la noche no había dejado muchas huellas de Kroos, pero un abrir y cerrar de ojos es suficiente para jugadores así. El alemán lo tenía, y convocó a Asensio al área. La izquierda balear es tan geométrica que no necesitó darle la bienvenida al balón para hacer estallar la red de Bono.

La segunda parte fue en Madrid. El Sevilla es demasiado pequeño, los locales tocan el tambor y hasta con Hazard de paso. Ha llegado la jugada decisiva y una decepción para la Real. El último golpe de Kroos puede no ser suficiente para el ZZ. Pero nadie en esta liga está a salvo de ningún accidente. El carrusel es constante.

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