Los rostros detrás de las muertes y despidos de covids



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2020, el primer año COVID-19, abrió uno de los más grandes crisis económica de la historia reciente. Se acaba el desastroso 2020, pero detrás de nosotros queda atrás una primera estela de despidos y estamos, con una cifra de 3,8 millones de parados que corren el riesgo de seguir creciendo. Y el 2021 comienza lleno de incertidumbre, con 755.000 trabajadores esperando para volver al trabajo. Cifras detrás de las cuales hay nombres e historias que van mucho más allá de lo que pueden mostrar las estadísticas.

Leila: «Este 2021 tengo que empezar de nuevo»

Leila Se incorporó a la empresa en abril y nunca ha vuelto a la empresa. De una primera subida a una segunda y de ahí a las eras, explica esta joven de 31 años. Al otro lado del teléfono, se puede escuchar a sus dos hijos corriendo por la casa, apresurándose durante los últimos días de vacaciones antes de regresar a la escuela. “Cuando empiecen las lecciones empezaré a buscar trabajo. Este 2021 tengo que empezar de nuevo& rdquor; dice Leila.

Hasta hace poco, esta joven trabajaba en Arytza, una multinacional agroalimentaria con operaciones en los cinco continentes y especializada en la elaboración de pan y productos similares para grandes cadenas, principalmente supermercados. Una industria que no ha visto disminuir sus ventas durante esta pandemia. «Las cosas no iban muy bien antes y usaron el virus como excusa para dejar de fumar& rdquor; dice Leila. Como este joven oficial de primera línea, un total de 6.930 trabajadores fueron despedidos en Cataluña antes de este 2020; la cifra más alta desde 2013. Y las perspectivas para 2021, cuando terminará el veto a los despidos de muchas empresas bajo la égida de la era, no son mejores.

Hace 10 años se incorporó a la empresa como trabajador temporal y después de haber encadenado contratos y cubierto siniestros hace cuatro años, logró quedarse indefinidamente. Una tranquilidad que ha perdido este 2020. En casa tuvieron que ajustarse el cinturón, porque tanto Leila como su marido han pasado por una época y «no es lo mismo que salario& rdquor;, puntos. Él tampoco llegó a tiempo y tuvieron que pedir moratorias para pagar la hipoteca del apartamento y de los dos coches que utilizan para ir a trabajar.

Leila intenta poner buena cara al mal tiempo. «Todavía no sé dónde voy a buscar, tal vez lo ponga todo patas arriba», dice este oficial de primer nivel. «Intento ser optimista, aunque las cosas se pongan difíciles. El virus ha hecho mucho daño, pero quiero pensar que soy joven y por suerte estoy en paro y puedo aguantar un rato mientras busco & rdquor ;, reflexiona.

Carmen: «Mientras estemos despiertos estoy tranquila, entonces no sé que va a pasar»

Carmen, empleado durante dos décadas en una empresa textil de la provincia de Barcelona, ​​ha entrado recientemente en la segunda fase de esta pandemia. El primero de marzo, causado por el confinamiento Más rígida y que se prolongó hasta agosto, le siguió otra en noviembre por el descenso de la producción y el part time. La empresa donde trabaja Carmen se especializa en el suministro de grandes marcas y está sufriendo las consecuencias de las restricciones y cierres intermitentes de tiendas y grandes almacenes en los últimos meses.

El anuncio de esa segunda etapa fue recibido por Carmen y el resto de la plantilla con nerviosismo, tanto por el síntoma de mal negocio que esto implica, como por la perspectiva de estar sin ingresos durante unos meses. Pues en esta empresa textil hemos sufrido el colapso de SEPE durante su primer nacimiento y no recibió beneficios hasta después de tres meses. Carmen pudo arreglárselas con el ahorro que le permitía su salario de 1.200 euros. «Muchos compañeros se divirtieron mucho, tenían que pedir moratorias sobre la hipoteca o sobre los ingresos ”, explica también el presidente del comité de empresa y delegado de la USOC.

El desescalamiento del verano fue una especie de espejismo, en el que se retomó la tarea y Carmen y sus compañeros pensaron que nunca volverían a hablar de las iniciales erte. Ahora vuelven a ellos, aunque esas cuatro palabras son una de las pocas certezas que pueden captar en estos días, en los que los diarios y telediarios abren con nuevas restricciones y una tercera ola de contagio que recorre toda Europa.

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Mientras Carmen cerró 2020, un total de 755.624 trabajadores suspendidos, adjuntos a un expediente que obliga a las empresas a no poder despedir por un período de seis meses si quieren contar con ayudas públicas. Una presa de contención en la que el Gobierno ha invertido 21.000 millones de euros, entre prestaciones y ayudas a las empresas; una figura sin precedentes.

“Ves cómo están las cosas y te preguntas si la empresa podrá aguantar o no, si perderás tu trabajo & mldr;”, dice. Carmen mira hacia atrás y piensa en la crisis financiera que comenzó en 2008 y en la forma en que muchos de sus colegas mayores fueron despedidos. «Hasta el 30 de junio tenemos un acuerdo de rte y estoy tranquila, así que no sé qué va a pasar», reflexiona.

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