Los talibanes gobiernan Afganistán y Abimael Guzmán gobierna Perú



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Mientras que todos los medios de comunicación de todo el mundo se deleitan con la deserción norteamericana y europea de Afganistáncobarde, estupido y suicida, pero anunciado como casi todos los suicidios-, en Perú Hubo un triunfo mucho más importante que el totalitarismo sobre las democracias, más o menos imperfectas, más o menos liberales. En Lima, una mayoría parlamentaria pequeña pero suficiente ha dado tu confianza a algo que solo convencionalmente se puede llamar gobierno, con más de la mitad de sus ministros procesados ​​por todo tipo de delitos, desde terrorismo hasta asesinato pasando por todo tipo de corrupción y cuyo presidente es Guido Bellido.

Pobreza oratoria y miseria intelectual

Bellido comenzó su piedra discurso en quechua convertirse en el campesino, como si los campesinos peruanos no entendieran el español, y siguieran tropezando con el español, como su presidente Castillo, su maestro, que apenas puede hablar en público. Pero entre los dos, con el criminal Vladimir Cerron, el Lenin de los Andes, en la trastienda, piensa en imponer el proyecto comunista de Sendero Luminoso, ahora aliado con su antiguo rival MRTA, una banda soviética formada en Cuba que compitió con Sendero en la década de 1980 y principios de la de 1990, hasta que Fujimori capturó Abimael guzman, que pidió la paz y liquidó la dirección del MRTA en la liberación de rehenes secuestrados durante meses en la embajada japonesa.

Los políticos y medios tradicionales nunca perdonaron al entonces dictador y ahora preso, que triunfó espectacularmente contra un enemigo, el genocida Sendero Luminoso, frente al cual la bella derecha y la izquierda populista, Belaúnde y Alan García, habían fracasado estrepitosamente. El argumento inapelable de la dictadura de Fujimori, al principio, fue la impunidad de los terroristas de Sendero, los llamados «terrucos», por la corrupción de una Justicia que los liberó antes de tener que juzgarlos. Bajo Fujimori los abusos se cometieron en la guerra sucia contra Sendero, pero en duras condiciones para los soldados y ante la extrema crueldad del partido comunista más salvaje del mundo, apenas igualado por Pol Pot.

La llamada izquierda democrática se ha convertido caviar Establecido en el poder después del fujimorismo, fue cómplice abiertamente de Sendero en los años de Belaúnde y aceptó las fechorías paramilitares de Alan García. Pero tras la caída, el juicio y encarcelamiento de Fujimori y su Rasputín Vladimir Montesinos, los caviar de la Comisión por la Paz y la Reconciliación –el difunto Carlos Iván Degregori fue quizás su talento más brillante–, hicieron algo que conocemos perfectamente en España, porque fue el mecanismo que utilizaron el PSOE, la Izquierda y el PNV para blanquear la LA EDAD: llamar al terrorismo conflicto interno y equiparar los atroces asesinatos de ETA o Senderista a los abusos de la lucha contra el terrorismo.

La cosecha roja de Sendero: 70.000 muertos

terrorismo de Sendero, que fue dirigida personalmente por Abimael Guzmán «,Presidente Gonzalo«, casi provocó 70.000 muertos, más que en toda la historia del Perú, incluidas las guerras. Su reciclaje era o parecía imposible hace treinta años, pero se logró a través de dos campañas paralelas: la más importante fue la de izquierda. conejillo de indiasgobierno democrático, para lavar su proximidad ideológica o complicidad política con el terrorismo senderista, y el de Movadef (Movimiento de Amnistía y Defensa de los Derechos Fundamentales), el brazo político de la convulsión en la que participaron los principales dirigentes que ahora han tomado el poder.

Dos días antes de que el Parlamento peruano votara a favor de sus verdugos, y en previsión de una explosión de claridad y dignidad, aquellos dirigentes de ayer senderistas y hoy peruanos, que engañaron a la oposición y a la opinión pública en el típico estilo bolivariano con alegada vacilación moderada de Castillo contra Cerrón y ganas de cambiar primer ministro, anunció la salida de Montesinos del penal de máxima seguridad donde cumple condena -como Fujimori, que está muy enfermo- a un penal común.

Por supuesto, detrás de la salida de Montesinos está la de Abimael Guzmán, a quien el defenestrado Béjar había solicitado y Bellido y otros senderistas de Perú Libre habían prometido en la campaña electoral. En otras palabras, por si acaso, incluso antes de ser votado en el Parlamento, Bellido habilitó la fórmula a rehabilitar legalmente el peor genocidio de la historia del Perú. Y a pesar de ese crimen, más de la mitad del parlamento peruano votó por él.

Los complejos de caviar izquierdo

¿Es posible esperar algo? moderación – palabra contagiosa – de un gobierno cuya primera decisión importante es la llamada «Ley de Abimele»? ¿Cómo pueden algunos miembros del Congreso decir que están en contra del terrorismo senderista, e incluso realmente, apoyar a sus abogados y herederos? Bueno, lo dicen. Peor aún, lo creen. Sin embargo, está claro que están haciendo lo que Lenin les dijo a los rusos ricos: regalar la cuerda con la que los colgarán.

¿Qué complejos afligen a este caviar de izquierda que lo ciega a la evidencia de que el proyecto comunista no los tiene? La primera es que, para legitimar su participación en el poder, porque se asume que todo gobierno, incluso de izquierda, necesitará gerentes – Cuba o Venezuela son prueba de ello – su obsesión es deslegitimar el derecho, crudamente identificado con Fujimori, y alegando el Lápiz comunistas, con la esperanza de que, en el momento del Poder, fueran llamados a compartirlo.

No fue así. En el programa de Beto Ortiz en Willax -canal en el que, en YouTube, se puede seguir el aterrador y fascinante espectáculo del sistema del comunismo en uno de esos países donde «esto no pudo pasar» – mi viejo amigo Enrique Ghersi, que fue en Albarracín, cuna de Grupo de libertad digital y quien fue uno de los primeros colaboradores de La Ilustração Liberal, explicó al público en general y a Caviani en particular que Bellido no habría pronunciado un discurso conciliador sino de conmoción, como efectivamente lo fue, y que la razón es que Castillo, Cerrón o Bellido son revolucionarios profesionales, leninistas o maoístas o senderistas, comunistas, en fin, que no quieren hacer ninguna reforma salvo la revolución roja a la que estuvo cerca Sendero. Y esa pobreza, como demuestran todas las víctimas del comunismo o socialismo del siglo XXI, es una herramienta, nunca un obstáculo para imponer la dictadura roja.

Como buenos socialistas, los Cavians piensan que el comunismo es una exageración de la derecha. Como buenos trincones, piensan que, con ellos en el medio, no puede pasar nada realmente malo, o lo arreglarán. Y porque han dedicado tantos años, tantos discursos, tanto metalenguaje sobre el conflicto interno, a blanquear el terrorismo senderista, no pueden admitir que son ellos, apoyando a Castillo para derrotar a Keiko, quienes sacarán de la cárcel a Abimael Guzmán, kerenski chifa, entonces todo lo que no queda no merece existir. No sobrevivirán a ese error.

Perú es más importante que Afganistán

Casi ningún medio sigue este suicidio del régimen constitucional en Perú. Afganistán es más atractivo para los medios de Perunistán, Cubanistán, Venezuelistán o Argentinistán, pero ya no es relevante en términos intelectuales, políticos y morales. Afganistán, como refugio de terroristas islámicos, es menos importante que el implante en toda América Latina, con China, Rusia e Irán al otro lado, una cadena de regímenes comunistas, narcotraficantes y libertos. La deserción de Kabul es el abandono en Lima, pero el resultado es el mismo: la ruina de las libertades y la pobreza, la degradación social y el despotismo, la maldición que algunos creían vencida por la caída del muro de Berlín, el Terror Rojo, uno cuyo El mayor verdugo de América se llama Abimael Guzmán.

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