Miguel González, el extremo del que me enamoré en el Metropolitano



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Fallece el exjugador del Atlico de Madrid a los 94 años

Miguel González, el extremo del que me enamoré en el Metropolitano

Las peticiones y urgencias de la Eurocopa provocaron la muerte, a los 94 años, de Miguel gonzalez. De Miguel, por la iconografía roja y blanca, en una de las épocas más brillantes del Atlántico de Madrid. Pero ese nombre común, Miguel González Pérez, tiene un lugar en la gran y poco común historia del Atlético. Los aficionados más veteranos, los más veteranos y supervivientes de los colchoneros habrán sentido una especial emoción al enterarse del trágico suceso.

«¡Miguel, coge la bici!», Le gritaban las gradas del viejo Metropolitano. Y Miguel «lo toma» porque era un extremo-extremo. Desde antes. De los habituales, aunque ya no estén estilizados y algunos, a los «siete» que ya no tienen el 7, los llaman «centrocampistas». Quizás lo sean ahora.

Pero Miguel fue extremo. Y un ala derecha, aunque de vez en cuando ocupara la izquierda, así, extrema: pequeña, pequeña, astuta, pícara, veloz. Muy rapido. Es imposible comprobarlo, pero quizás sea uno de los 10 o 15 alas más rápidos de la historia del fútbol español. Nacido en Santa Cruz de la Palma el 27 de abril de 1927, jugó de niño y hasta los 18 años en los equipos isleños. A pesar de lo distante

Canarias, en un momento en el que las comunicaciones no tenían, por supuesto, nada que ver con las de hoy, su fama del Real Victoria del Puerto de la Luz le trajo a la Península con una transferencia bancaria de medio millón de pesetas (3.000 euros ). Después de casi siete horas de vuelo, aterrizó a los 20 años en Madrid. Al Atlético.

La velocidad y el regate de «El Palmero» rompió las defensas. Y no falló un gol. Entrenador, Helenio HerreraContaba con él desde la pretemporada y lo hizo debutar con los rojiblancos en Liga el 18 de septiembre de 1949, en Balados. Aún no era una cita habitual como habitual, en un plantel con gente como Marcel Domingo, Aparicio, Mjica, Juncosa, escudero, Ben barek, Carlsson o Silva, y su progresión se detuvo cuando, en un partido amistoso disputado el 5 de enero de 1950, en el Metropolitano, contra el argentino Rcing de Avellaneda, se rompió un tobillo.

No volvió a jugar hasta marzo del 51. Necesitaba minutos y el club, junto con Callejón, agosto Durn, se lo regaló a Oviedo. Regresó de Asturias a los 25 años para quedarse en el Atleti hasta los 33, tras dos títulos de Liga, uno de Copa, 252 partidos y 73 goles. En esos años vistió la camiseta de la selección nacional 15 veces, a menudo formando un frente con Kubala, Por Stfano, Surez Gento.

En 1960 el Atleti lo trasladó a Zaragoza. Alla Romareda se mantuvo tres temporadas jugando a buen nivel. En la campaña 1963-1964 se marchó al Real Murcia. Al finalizar el campeonato, colgó las botas en su camerino. Se quitó el título de entrenador y dirigió Getafe y Hércules. Como asistente de Otto Gloria Ocupó el banquillo rojiblanco y, al ser despedido Gloria, permaneció como técnico durante las últimas cuatro jornadas de la temporada 67-68 y toda la temporada 68-69. Posteriormente dirigió al Betis y, nuevamente, al Hércules. Casi sentimentalmente, preparó el Tenisca de su tierra canaria. Regresó a Madrid y hasta su jubilación trabajó en el negocio de la gasolinera de su socio. Feliciano rivilla, con el que coincidió en las temporadas 57-58, 58-59 y 59-60.

Probablemente fue el exjugador de pista y campo más viejo. Un motivo más de recuerdo y homenaje.

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