Morbidelli impone su delicada maniobrabilidad y gana el GP de Teruel



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Morbdelly y Rins, en algún momento del GP de Teruel.
Morbdelly y Rins, en algún momento del GP de Teruel.PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Hace no muchos años, el Campeonato del Mundo respondía a la operación matemática más elemental: dos más dos. Solo había dos fábricas: Yamaha y Honda. Solo había cuatro conductores para observar. La suma fue redonda con la llegada de Casey Stoner a Honda. Así que las victorias se repartieron entre Lorenzo, Rossi, Pedrosa y el talentoso australiano. Cualquier resultado que saliera de ese grupo tenía una explicación.

Tan pronto como la lluvia o una caída inesperada dio a luz a un actor de reparto fotografiado en el podio. Esa dicotomía se rompió con la refrescante entrada en MotoGP de un irreverente Marc Márquez, al que el tiempo y su conducción agresiva han dejado como único referente en la máxima categoría del motociclismo. Sin el hombre a batir, lesionado, y el único superviviente de esos cuatro fantásticos, Valentino Rossi, confinado en la casa, un puñado de muchachos casi sin historial tomaron las riendas de MotoGP. Como en el teatro de Bertolt Brecht o en Los extras de José Sanchis Sinisterra, los actores no protagonistas son hoy los que ganan carreras, suben al podio y superan a los protagonistas de una obra que, a pesar de transcurrir en medio de una crisis de salud (o quizás precisamente por esta) ganado en emoción y habilidad por sorpresa.

En Alcañiz, casi todo el intrigante lo trajeron este domingo Morbidelli y Rins, lanzado y decidido en cuanto se apagaron los semáforos. Ni un pequeño toque en la salida detuvo al italiano, convencido de que podía imponer su ritmo desde las primeras curvas, como lo hizo hace unos domingos, con su primera victoria de categoría en el circuito de Misano. No había nadie más que el Barcelona capaz de perseguirlo. Delicado en su conducción el primero, con una Yamaha satélite, el segundo muy fino y elegante, con la constante Suzuki, ambos atentos al desgaste de los neumáticos, la perfección de su línea los transformó en dos líneas paralelas. Nunca se juntaron. Primero y segundo en Teruel animan un campeonato que se desató el mismo día que Márquez perdió el control de su moto en Jerez, durante la primera carrera del año.

Este domingo hubo muchas más sorpresas. Fue para presenciar la enésima carrera de protesta de Pol Espargaró, que descubre una KTM bastante constante, incluso agresiva, como su estilo en el manillar. Superó a los protagonistas: Quartararo y Viñales, casi sin confundirse. Y también a otra secundaria: Zarco (Ducati), que insiste en consolidarse como un gran piloto, por muy bien que se permita pasar los días malos. El cuarto catalán, el quinto francés, protegió un podio completado por Mir (Suzuki), impulsado por su valentía en las primeras curvas -salió 12º y en pocos segundos fue quinto- y por la responsabilidad ya asumida de defender el liderato de la general. No pasará que mañana termine el Mundial. Que en tiempos de pandemia y toque de queda ya arreglado, como en la más brutal de las ficciones, nunca se sabe. El mallorquín no perdió la cara en ningún momento, que, a pesar de no poder seguir el ritmo de su compañero Rins, tuvo muy claro que no podía estar detrás de Viñales. Y en ese adelanto lo apostó todo.

Por su parte, ni el propio Maverick ni Quartararo han demostrado tener el mordisco y la malicia que se requiere de los principales actores de la trama. Séptimo y octavo, incapaces de mimar esos neumáticos cuyo rendimiento se vio comprometido en Aragón, imposible pilotar su Yamaha en una pista con tan poco agarre, dicen ambos, solo piensan en llegar a Valencia para ver si el cambio de escenario les ayuda. para poner remedio a los que han llevado a cabo dos decepcionantes competiciones en tierras aragonesas. Afortunadamente, solo hay 14 y 19 puntos que aún los separan de Mir cuando todavía hay 75 en juego.

Ya hemos visto cómo en este campeonato el piloto más preparado para la victoria puede desaparecer del mapa en menos de lo que se necesita para abrir el telón y empezar la farsa. Este fin de semana, por ejemplo, fue increíble ver al piloto satélite de Honda Takaaki Nakagami llegar al pole position El sábado qué decepcionante fue verlo en el suelo en solo cuatro curvas. Que triste ver un fuera de la caja quedarse sin una motocicleta en poco tiempo. Lo mismo duraron Binder y Miller. Alex Márquez siguió el mismo camino, el de boxes, a diez vueltas del final y tras otra fantástica remontada. Con el abandono de Bagnaia y Aleix Espargaró la carrera habría terminado con sólo 15 corredores en pie.

Así fue este Gran Premio de Teruel, el segundo consecutivo en el circuito de Alcañiz. La lista de aspirantes a la victoria era tan larga como la lista de aspirantes al título, a la que nadie quiere ceder. Ni Morbidelli (25 puntos en general detrás de Mir), ni Rins (32), compañeros de los dos chicos apuntaron hace semanas a todas las miradas: Quartararo y Mir; líderes de pelotón esta vez, líderes este domingo de la revolución de los extras.

En un Mundial tan loco, nadie quiere ser descartado. Solo alguien con la experiencia de Dovizioso, que sepa que los 28 puntos que hoy le separan del líder son demasiados ya que sus sensaciones con Ducati nunca han terminado bien. La 13ª plaza de Alcañiz no ayudó.