Muere Miguel Oriola, fotógrafo de moda y autor de una obra transgresora



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Fotógrafo Miguel Oriola, en una exposición de su obra en los Encuentros de Gijón, en 2018.
Fotógrafo Miguel Oriola, en una exposición de su obra en los Encuentros de Gijón, en 2018.QUIQUE PERELÉTEGUI

Siempre vestida de negro, vasos de pasta, con canas y barba, Miguel Oriola No dejó indiferente a nadie. Esa estética y su forma de expresarse, a veces aguda, siempre directa, la movió hacia su fotografía negra transgresora, que bebía el lenguaje radical desarrollado en Japón en los años sesenta en torno a los autores del grupo Provoke. En su obra viajaba a menudo por territorios sórdidos, lo que dejaba una sensación inquietante, exacerbada por la forma en que manejaba la luz. Todo esto le valió una etiqueta de niño terrible en el que se sentía cómodo. Oriola, fallecido el martes en Madrid a los 77 años, empezó a hacerse notar a principios de los 70, como visitante habitual de la revista. Lente nueva, un proyecto que quiso romper con el pasado de la fotografía española desde un espíritu lúdico y provocador, en línea con los inicios de la Transición.

Nacido en Alcoy (Alicante) en 1943, probó otras disciplinas, como el dibujo y la música, antes de dedicarse a la fotografía, profesión que aprendió como ayudante en el estudio del fotógrafo José Vicens, en su ciudad natal. Llegó a Madrid en 1964, donde estudió arte dramático y empezó como Lanza libre. A principios de los setenta instala su primera exposición en la capital; Jefe de fotografía en una agencia de publicidad, ganó el Premio Negtor en 1974, entonces un importante concurso comercial. Forma parte de una generación renovadora que incluye, entre otros, a Joan Fontcuberta, Eduardo Momeñe, Pablo Pérez-Mínguez y Jorge Rueda.

Oriola logra despegar, se dedica a la docencia, funda su propia revista en 1980, POPtografía, y su estudio, donde trabaja en el campo de la publicidad y la moda, en particular con la diseñadora Sybilla, campos de los que sacará su forma de vida, viajando por el mundo. A mediados de esa década colaboró ​​en varias ocasiones con El país semanal, el tambien lo hizo con Ático, Vogue, Elle o Cosmopolitan.

Al mismo tiempo desarrolla su obra personal, en la que se acentúa su mirada aguda a lo largo de los años, que endurece su fotografía, con imágenes crudas, como las de su serie. Fenómenos (1999): «Me gusta abordar fotos toscas y salir con gran éxito», dijo; también incluye violencia o sexualidad, o en ocasiones combina ambas. Los retratos desnudos son los protagonistas de muchas de sus obras, como Nada personal, con instantáneas impactantes y atrevidas. «Nunca me he dedicado a la fotografía erótica, lo que he hecho son retratos de personas sin ropa, que es diferente», dijo con su peculiar humor en una entrevista con la revista. ojos rojos, en 2012. En algunas ocasiones definió su obra como «una cualidad alucinante, un fluir de emociones que generan imágenes imperfectas».

Desde que se conoció su muerte, muchos exalumnos han expresado su dolor y admiración por Oriola, quien lleva enseñando desde 1977, especialmente el Centro Internacional de Fotografía y Cine, EFTI, de Madrid, escuela a la que estuvo vinculado durante más de treinta años, donde dirigió un máster en fotografía de moda. Estos alumnos querían recordar algunas de las frases que dejaba en sus clases: «Si no sabes qué hacer, empieza», por ejemplo, y su carácter agudo pero cercano. Agustín Pérez de Guzmán, director de EFTI, recuerda su «carisma y cómo la enseñanza a los jóvenes le dio vida». “Fue un maestro esclarecedor, se mereció el Premio Nacional de Fotografía hace años, pero como no era un purista en sus imágenes. Creo que en España no se le reconoció como debería ser”, añade.

También fue profesor habitual, como se pudo comprobar, entre otros, en los Encuentros de Gijón en 2018, donde dejó sus ganas de disfrutar de la vida y divertirse, una exposición en el Museo Barjola y una de sus famosas frases: «Hay que fotografiar con el estómago».

Oriola ha expuesto, entre otros centros, en el Círculo de Bellas Artes (1995) y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, donde sus obras están presentes en la colección permanente, así como en museos de Japón, Finlandia y Austria. PhotoEspaña le dedicó una retrospectiva, en 2002, por sus 30 años de carrera, y sus imágenes se pudieron ver en cuatro ediciones de Arco. Cualquiera que quiera entrar en la rebelión de su obra puede hacerlo a través de algunos de sus libros, como Alphaville (2013), Bosquejo 5 (2015) o Actus (2017), en definitiva, en una obra en la que, proclamó, intentó encontrar la belleza en el lado oscuro.