«Operación Yolanda Díaz» para sacar a Podemos a la superficie



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El vicepresidente Pablo Iglesias y la ministra de Trabajo Yolanda Díaz el pasado mes de marzo.
El vicepresidente Pablo Iglesias y la ministra de Trabajo Yolanda Díaz el pasado mes de marzo.EDUARDO PARRA

Si algo ha demostrado Pablo Iglesias a lo largo de los años es que le gusta tener el control. Le tomó cinco años construir un Podemos completamente cerrado alrededor de su liderazgo, el mismo tiempo que tardó en lograr su objetivo de llegar al gobierno español. Ahora que tenía ambos, que los eternos rumores de sucesión estaban más apagados que nunca, Iglesias volvió a presionar el botón de reinicio. La «Operación Yolanda Díaz», que él orquestó, ya está en marcha para relanzar un partido que no ha dejado de perder votos en los últimos años.

Muy pocos podían imaginarse la última obra de teatro de Iglesias en Podemos. Algunos de sus asociados más cercanos se enteraron de la decisión el lunes por la mañana. “Pablo tuvo que irse en algún momento, no le habrían perdonado que llevara cuatro años más al frente del partido”, argumentan. El movimiento de la vicepresidencia, al que algunos se refieren como un poco «loco o visceral», intenta resolver varios problemas que tenían cierta urgencia al mismo tiempo. Primero, y por cuestión de supervivencia, mantener a Podemos en el Parlamento de Madrid. En segundo lugar, poner en marcha a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como su sucesora.

Las últimas elecciones autonómicas celebradas en 2019 tras la marcha de Íñigo Errejón por las bravas a Más Madrid de la mano de Manuela Carmena, dejaron a Podemos en un nivel bajo. Con Isa Serra como candidata, el partido apenas logró traspasar la barrera del 5% para incorporarse a su grupo y se quedó con siete escaños. Más Madrid, con Íñigo Errejón como candidato, consiguió 20.

Esa traumática ruptura entre los dos fundadores, los inseparables Iglesias y Errejón, fue la clave para la construcción del Podemos de hoy.

Iglesias llegó al gobierno español unos meses después de esas elecciones. Su mejor momento político vino de la mano de su peor resultado electoral. De los 71 diputados que Unidos Podemos tenía en 2016, la formación solo sumó 35 escaños a la coalición con el PSOE tras el 10-N.

Su presencia en el gobierno tampoco logró detener la pérdida de votos. Mantener el resultado que habían conseguido cuatro años antes, como habían hecho en el 14-F de los catalanes, se celebró internamente como una victoria tras los autonómicos de Euskadi, o principalmente en Galicia, donde desaparecieron de la Xunta.

Contra toda lógica, el partido nunca había estado tan unido como ahora, a costa de numerosas batallas internas y guerras sin cuartel de las que Iglesias siempre ha logrado ganar. Contra Errejón, contra los secretarios territoriales que pedían la autonomía de Madrid y finalmente contra Teresa Rodríguez, la líder andaluza que nunca ha mirado con buenos ojos la coalición con el PSOE y siempre ha dicho lo que pensaba.

Podemos es hoy una estructura piramidal en la que nada escapa al control del vicepresidente. Quizás por eso ha decidido hacerse a un lado ahora. Porque no queda nadie a quien preguntar.

Yolanda Díaz está en el gobierno porque Iglesias siempre le ha reservado una carpeta en todos los sudokus ministeriales que tuvo tiempo de hacer entre las generales en abril y noviembre de 2019. Su presencia en el Ejecutivo se ha convertido en uno de sus mayores éxitos. En un gobierno siempre al borde de la implosión por fricciones entre socios, Díaz se ha ganado el respeto incluso de los ministros socialistas.

Dentro del partido la situación es diferente. En un cartel donde todos se enorgullecen de ser amigos desde los días de las calles y las manifestaciones entre las clases universitarias, Díaz es diferente. Nunca ha sido miembro de Podemos -es del PCE- y siempre ha mostrado poco interés en unirse a la organización. Este puede ser su mayor problema. O tu mejor virtud. El todavía único líder de Podemos lo denunció desde el principio.