Pandemia, año I



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Hace algunos años Gregorio Morán dibujó en «El sacerdote y los mandarines» un retrato despiadado de las generaciones que convivieron y se sucedieron al frente de la intelectualidad de este país al final del franquismo, la transición y los primeros años de la democracia. En ese fresco hay muchas altas dosis de ambición excesivo tanto como de mediocridad y falta de ética y modestia. Algunas escenas descritas y no pocos de los personajes que las interpretan son puro delirio. En cualquier caso, tiene una graduación alcohólica inferior al producto que ha destilado. el año pasado el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Un año. El 14 de marzo de 2020, el Gobierno decretó el Estado de Alarma para hacer frente al coronavirus. Ese día Sánchez se declaró «autoridad competente». Otro de sus juegos de palabras falaces. La falta de competencia de su equipo fue exactamente lo que nos hizo llegar tarde a esa primera ola. Y la autoridad quiso cancelar ya en el segundo. En el tercero, de hecho, ni lo era ni nadie realmente lo esperaba. Hacía mucho tiempo que el titular del Poder Ejecutivo de este país no sabía ni respondía.

Algunos dicen disfrutar interpretando sus movimientos reservados a los titulares derivados de los supuestos éxitos de la llegada de fondos europeos y la expansión de la campaña de vacunación. Historia. Las comunidades autónomas son las encargadas de gestionar a los fallecidos e infectados y de la crisis económica provocada por los cierres sanitarios y es líder de la recuperación y la salvación. Lo cierto es que como historia es muy suelta, incluso maniquea. Se parece a la trama que cualquier escritor de cuentos infantiles malo podría hacer.

Ésta puede ser la cuestión. Que en Moncloa creen que la sociedad está formada por adultos que no han superado la edad de los niños. El problema es que el truco es fácil de ver. Por eso, el equipo de propaganda de Monclovita necesita empañar el terreno de juego, crear cortinas de humo que centren la atención del público en cualquier otro actor. Una breve crisis de confianza en sus socios de Podemos, unas elecciones en Cataluña que consolidan a sus socios independentistas o una frustrada moción de censura en Murcia que se aprovecha de la falta de principios de Ciudadanos. Cualquier cosa con la que entretener a los espectadores.

La tragedia es que más allá del juego de manos de Sánchez, las consecuencias de esta crisis durarán mucho tiempo. Y quizás llegue el día en que ya no encuentre conejos en su sombrero que le haga olvidar que precisamente hoy hace un año se autoproclamó la «autoridad competente» para gestionar la pandemia.

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