«Para que las vacunas en desarrollo tengan éxito, tendrán que mejorar lo que ya tenemos».



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El científico de desarrollo de fármacos Javi Burgos reflexiona sobre el futuro de las vacunas covid-19 que actualmente se están investigando en los laboratorios.

Actualmente, una decena de vacunas contra el covid-19 se distribuyen en todo el mundo, otras cien en ensayos clínicos y otras cien en ensayos de laboratorio. ¿Qué marca la diferencia entre un proyecto y otro? Marcador de posición de Javier Burgos, autor de ‘Diseñar drogas. Lo que siempre quisiste saber y no te atreviste a preguntar‘(Al lado), indica algunas de las interpretaciones de este complejo panorama.

Hace año y medio comenzaron los primeros estudios sobre vacunas frente al covid-19 y, tras una carrera científica sin precedentes, vemos que ya hay una docena de fórmulas en el mercado y varios cientos aún en estudio en laboratorios. ¿Qué marcó la diferencia entre uno y otro?

Parece una pregunta simple, pero en realidad plantea algo mucho más complejo. Las primeras vacunas que llegaron al mercado cuentan con grandes compañías farmacéuticas detrás, que son las que tienen el dinero y la experiencia para impulsar el desarrollo de fármacos desde su diseño hasta ensayos clínicos a gran escala. El factor que marcó la diferencia entre estas vacunas y las que aún están en estudio es la inversión. Desarrollar un medicamento cuesta varios miles de millones de euros, por lo que muy pocos pueden reunir tanto capital. Los farmacéuticos apuestan por las fórmulas que consideran más prometedoras. Y no apuestan al 10 o al 20; Solo apuestan a uno o dos como máximo. Esto no significa que los otros proyectos no sean válidos; simplemente no han encontrado a alguien con quien invertir en ellos.

«Las primeras vacunas que llegan al mercado están respaldadas por las grandes farmacéuticas, que son las que tienen el dinero y la experiencia»

Vemos que en España hay una decena de proyectos de investigación muy prometedores que aún se están estudiando en los laboratorios. ¿Qué pudo haber salido mal para que tu estudio no fuera más rápido?

Es una cuestión complicada que merece una reflexión en profundidad. Los estudios en curso son muy prometedores. Y hemos visto que ha habido un compromiso estatal con ellos y programas específicos para financiarlos, como la convocatoria del Instituto Carlos III. Quizás haya faltado la capacidad de atraer financiación; atraer empresas con suficiente dinero y experiencia para realizar estos estudios. Las grandes empresas farmacéuticas no están tan asentadas en España como en otros países.

¿Cuánto costaría llevar estos proyectos a la etapa clínica?No ha surgido el verdadero costo de las vacunas covid-19. Pero en condiciones normales estaríamos hablando de una media de 2.500 millones de euros para el desarrollo de un fármaco. La parte preclínica puede durar una décima. El dinero se destina a ensayos clínicos. Las pruebas en humanos son muy caras. Todo está parametrizado y pasa por muchos protocolos y controles. Hay muchos niveles de seguridad. Probar una vacuna puede costar varios miles de euros por paciente. Por ello decimos que la diferencia entre una vacuna que ha tenido éxito y una que sigue en el laboratorio es la inversión.

El desarrollo de un fármaco puede costar alrededor de 2.500 millones de euros. La inversión asciende a miles de euros por paciente.

Las vacunas españolas se encuentran en fase de investigación preclínica. ¿En qué consiste esta fase?

Antes de que una vacuna comience a probarse en humanos, debe pasar por dos tipos de estudios preclínicos. La primera, que es similar a lo que entendemos por I + D + i, es diseñar el fármaco desde cero y probarlo. Comience con modelos in vitro simples y luego continúe con los experimentos con animales. Esta fase depende en gran medida de los investigadores. Si todo funciona correctamente, pasamos a la fase reguladora preclínica. Están las agencias reguladoras que establecen las reglas del juego. Uno de los requisitos para esta fase, por ejemplo, es proporcionar estudios en al menos dos especies animales (un roedor y un no roedor; que históricamente han sido ratas y perros, pero que en realidad varían según el estudio). Es un trabajo muy documentado cuyos resultados se estudian con lupa.

¿Cómo comienzan los ensayos clínicos?

El salto al hombre ocurre solo cuando la agencia reguladora ha dado luz verde. Lo más importante siempre es la seguridad. De hecho, las primeras pruebas en humanos se realizan con una dosis mucho más baja que la utilizada en las pruebas con animales. Si todo funciona, se aumentan las dosis. Y luego pasamos a grupos de voluntarios cada vez más grandes. Las vacunas que están en el mercado se han probado en más de 40.000 personas en todo el mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que actualmente se están probando alrededor de 100 vacunas en pacientes y otras 100 en fase preclínica. En su libro habla de cuántas drogas caen en un ‘valle de la muerte’. ¿Crees que muchos de estos proyectos terminarán así?

Sí. Está claro que no todas las vacunas tendrán éxito. Principalmente por la oportunidad de mercado. Si las primeras vacunas aprobadas fueran tan efectivas como el 30% posible, tendría sentido buscar alternativas más efectivas. Pero afortunadamente vemos que estos fármacos tienen una eficacia cercana al 90%. También vimos que poco a poco se iban superando los problemas logísticos. Todo esto significa que si las vacunas en desarrollo tienen éxito, deberán mejorar lo que ya tenemos. O ofrecer una ventaja competitiva muy importante. También es cierto que debemos mirar un poco más allá y hacernos otras preguntas. No sabemos qué pasará con este virus a largo plazo. No si necesitamos una tercera dosis o nos vacunamos periódicamente como con la gripe. Tampoco debemos olvidar que hay países donde apenas reciben vacunas. Las vacunas en desarrollo pueden ser una oportunidad para inmunizar a estos países. Hay debates sobre vacunas que dependen más de cuestiones geopolíticas y económicas que de ciencia pura.

«Las vacunas en desarrollo podrían ser una oportunidad para inmunizar a países que no han tenido acceso a otras vacunas»

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Esta pandemia ha demostrado que es posible hacer avanzar una droga en menos de un año. ¿Qué lecciones podemos sacar de esto?

Si los humanos realmente queremos llamarnos seres inteligentes, deberíamos aprender de todo esto. Tarde o temprano habrá otra pandemia y debemos estar preparados. La buena noticia es que en tan solo un año hemos mejorado de muchas maneras. Al inicio de la crisis sanitaria, solo había un centro de referencia en Madrid con capacidad para detectar el coronavirus. En la actualidad existen termocicladores, que son las máquinas para realizar PCR, en prácticamente todos los hospitales. Esto no solo funciona para covid-19, sino que será un paso adelante para el diagnóstico de, por ejemplo, enfermedades raras. No olvidemos que afrontamos esta crisis con herramientas y conocimientos descubiertos hace 20 o 30 años. Si algo podemos sacar de esto es que invertir en ciencia vale mucho.

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