¿Por qué un impuesto mínimo global para multinacionales?



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Para satisfacer las necesidades provocadas por la crisis del covid-19 los países requieren recursos. La necesidad de multinacionales, especialmente los más tecnológicos y digitalizados, Paga más se ha convertido en una necesidad. Hace un par de años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que cada ejercicio se escapaba de las arcas públicas de los gobiernos entre 500.000 y 600.000 millones de dólares. Solo las 50 compañías más grandes de Estados Unidos habían estacionado alrededor de $ 2 billones en territorios de impuestos bajos o nulos.

Es por eso que la propuesta del Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Janet yellen, imponer un impuesto mínimo global a las empresas que operan fuera de sus fronteras ha sido bien recibido por el FMI o grandes países de la Unión Europea (UE), como Alemania, Francia o España, a través del vicepresidente segundo y ministro de Economía, Nadia calviño aplaudió la iniciativa para frenar las prisas por recortar impuestos y pidió que se llegue a un acuerdo sobre esto este verano dentro del OCDE, que agrupa a los países más desarrollados. Por todo ello, se traza un gran acuerdo político, que es un primer y gran paso hacia su implementación, según los expertos. Por primera vez 139 países de todo el mundo están dispuestos a negociar nuevas reglas fiscales para una economía más globalizada y digitalizada.

¿Por qué un impuesto mínimo global?

Las multinacionales operan en busca de la optimización fiscal, es decir, pagan la menor cantidad de impuestos posible según el derecho internacional. La propuesta lanzada por la Secretaria de Hacienda, Janet Yellen, de un impuesto mínimo global Para el multinacionales supone un punto de inflexión en la política estadounidense, del «America First» de Donald Trump alrededor multilateralismo. Aunque no es una idea nueva, ya que ya se había negociado dentro de la OCDE y la Unión Europea (UE), «Sin Estados Unidos esto no prosperaría» y su regreso a la senda del diálogo por un objetivo común es uno de los elementos destacables, según Ignacio Box, abogado y socio de Liga DeloitteL. En la misma linea Carlos Victoria, investigador de EsadeEcPol, destaca la necesidad de encontrar «soluciones globales a los problemas globales» para abordar el problema de la competencia fiscal que afecta la recaudación de muchos países desarrollados.

La creciente globalización y digitalización de la economía requiere nuevas herramientas fiscales, explica. Valentí Pich, presidente de la Consejo General de Economistas. De hecho, es un factor y una voluntad «política». Lo importante es que «prevalece la idea de llegar a un consenso político en verano», añade Box.

Cada vez más, los ingresos de fuentes intangibles, como las patentes de medicamentos y software, han migrado a estas jurisdicciones, lo que permite a las empresas evitar pagar impuestos más altos en sus países de origen tradicionales. Con un impuesto mínimo global ampliamente acordado, se espera que la administración Biden reducir esta erosión base imponible sin poner a las empresas estadounidenses en desventaja financiera al permitirles competir en innovación, infraestructura y otros atributos.

¿Dónde se llevan a cabo las negociaciones fiscales internacionales?

La OCDE está coordinando la negociaciones fiscales entre 139 países. El objetivo es establecer reglas para gravar los servicios digitales transfronterizos y frenar la erosión de la base imponible, con un impuesto corporativo mínimo global (impuesto de sociedades) como parte de este último. Los países de la OCDE y del G-20 pretenden llegar a un consenso en ambos frentes para mediados de año, pero las conversaciones sobre un mínimo global de empresas son técnicamente más simples y políticamente menos controvertidas. El problema será entrar en los detalles técnicos, lo que «llevará años», dice Box. Es por ello que muchos países han puesto en marcha sus propias iniciativas para el periodo en el que aún no hay armonización, a través de gravámenes como el denominado «impuesto Google» en España y otros países europeos.

¿Por qué la idea está cobrando impulso ahora?

El crisis de covid se ha quedado sin arcas públicas y se necesitan más recursos. Un ejemplo es el presidente Joe Biden, que ha puesto en marcha un plan de infraestructura en EEUU por unos dos billones de dólares y por ello ha anunciado incrementos de impuestos como el de las empresas, cuya tasa pasa del 21% al 28%. También necesita fondos en Europa y de ahí el aplauso que ha suscitado no solo de España sino también de Francia, que ve en la propuesta de Yellen una «oportunidad histórica». La idea despierta menos entusiasmo en Irlanda, con una fiscalidad muy baja para las multinacionales y que ha ganado una batalla en la justicia europea a Bruselas, que había pedido exigir a Apple 13.000 millones de euros por los impuestos que entendía que tendría que pagar. Y algo parecido ocurre con Holanda, con una antigua autoridad fiscal o con el antiguo socio de la UE, el Reino Unido, que «sigue su propio camino», dice Pich. Salvador Guillermo, Secretario General Adjunto y Jefe de Economía de Fomentar treballSin embargo, destaca la importancia de abrir el debate sobre el freno transferencias de impuestos o que al menos estos «no van más allá de lo razonable».

¿Cómo funcionaría el impuesto?

Si los países acuerdan un mínimo global, los gobiernos aún podrían establecer tipo impositivo a empresas que lo deseen. Pero entonces los países de origen de las empresas podrían «recargar» sus impuestos a la tasa mínima acordada, eliminando la ventaja fiscal de trasladar las ganancias a un paraíso fiscal. La administración Biden ha dicho que quiere denegar las exenciones fiscales a los países que no aceptan una tasa mínima. La OCDE dijo el mes pasado que los gobiernos ya acordaron ampliamente el diseño del impuesto mínimo básico, aunque la tasa aún no se ha acordado. Los expertos en impuestos internacionales dicen que este es el tema más espinoso. Otros elementos aún por negociar incluyen si sectores como los fondos mutuos y los fondos mutuos de bienes raíces deben estar cubiertos, cuándo aplicar la nueva tasa y asegurarse de que sea consistente con las reformas fiscales de EE. UU.

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¿Cuál sería el tipo a aplicar?

Estados Unidos propone un mínimo global del 21%. Pero este tema no está cerrado. Esta idea está muy por encima del impuesto mínimo del 12,5% discutido anteriormente en las conversaciones de la OCDE, un nivel que corresponde a la tasa impositiva en Irlanda, el país con la fiscalidad corporativa más ventajosa en Europa. La economía irlandesa se ha disparado en los últimos años debido a la afluencia de miles de millones de dólares en inversiones de multinacionales extranjeras, razón por la cual Dublín, que se ha resistido a los intentos de la Unión Europea de armonizar sus normas fiscales durante más de una década, está es poco probable que acepte una tarifa mínima por adelantado máximo. El representante de Deloitte señala que la complicación estará en los detalles. “Lo que se grava en un país debe salir de otro” y eso es lo que lo hace más difícil, explica.

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