Renuncie, Sr. Duke



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Hay ruido en el Universidades Españolas de Microscopio e Informática, no de sables, calma; pero con su cancelación de los nombres de los Premios Nacionales de las diversas especialidades de Ciencias y Letras, el ministro ha superado todos los signos de desprecio a tantos ilustres sabios, y lo logró de una sola vez.

Ya sabemos que la solicitud será inútil, ver Illa arriba, pero es obligatorio pedir la renuncia inmediata del ministro-astronauta que un «Caballo de Troya en traje de buceo» era para la memoria de estos héroes de nuestras ciencias y letras.

Nadie en el mundo científico se sorprendió cuando fue nombrado Ministro de Ciencia con sustrato en su calidad de astronauta, el segundo astronauta de nuestra historia. Sabemos que un astronauta es mucho más que un deportista privilegiado desde el punto de vista de las facultades físicas y fisiológicas; Su formación tuvo que cubrir el campo científico para que su odisea valiera la pena, por lo que no hubo objeciones.

Pero veamos ahora con tremenda desesperación de que no estábamos frente al tipo de tipo ensayo que su imagen implicó en sus inicios en la política, pero de alguien muy sectario o de carácter muy débil, lo bastante para dejarse llevar por quienes llegan a lo irracional impulsados ​​por su sectarismo.

La loca decisión de borrar los nombres de nuestros ilustres sabios, cuya lista completa se puede encontrar en nuestras páginas. gracias al brillante artículo de Don Pedro Fernández Barbadillo, requiere al menos tres actos inmediatos: rectificación, renuncia de todos los responsables y anotación de lo sucedido por los candidatos a la sucesión de «Sanchismo» para reemplazar estos nombres con todos los honores tan pronto como las encuestas lo permitan.

Probablemente, como hemos dicho, un triste récord en el registro de crímenesDe tal manera que los respectivos especialistas de cada una de las ramas afectadas por la expropiación deben necesariamente sentirse particularmente indignados. En mi caso, como biólogo, me refiero a Santiago Ramón y Cajal, que hasta el momento ha ilustrado con su nombre el Premio Nacional de Biología.

Don Santiago es víctima por tercera vez del trato injusto y despreciable de sus compatriotas que tanto favoreció con su obra, y no me refiero solo a obtener el Premio Nobel por su «Teoría de la neurona» pero también la pérdida de su salud como médico de campo en la guerra de Cuba. Conociendo su habilidad para trabajar y su abnegación, Dios sabe cuántas personas desafortunadas salvaría por esas maniguas infectadas con malaria.

La primera ofensa que sufrieron sus compatriotas fue consecuencia del desconocimiento y la violencia insensata: el piquete de los milicianos que irrumpieron en su casa de la calle de Alfonso XII no tuvo reparos en confiscar el coche que compró gracias al Premio Nobel.

La segunda infracción se produjo después de la muerte del sabio, cuando sus últimos descendientes no lograron que el Estado participara en el concurso para la compra del pequeño edificio en el que había vivido y trabajado y en el que aún se guardaba su gabinete de trabajo en el Ático.

Se anuló así el proyecto del «Museo Cajal», que junto con el casi contiguo Museo Antropológico, habría dado un brillo especial a esta noble zona, junto al Retiro, el Observatorio y la Estación de Atocha. Los objetos del trabajo del científico hoy buscan salvarse de los últimos románticos que los guardan como pueden hacerlo en algunas oficinas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El tercer crimen es el intento actual de hacer que su nombre caiga en el olvido retirándolo del premio científico más prestigioso del momento: de los más prestigiosos hasta ahora, ya que este nombre ofrece el premio mucho más de lo que gratifica al sabio. «No hay derecho» es lo que dicen ahora mismo muchos universitarios españoles.

Cajal tiene seguidores entusiastas, señala el profesor Benjamín Fernández Ruiz, Catedrático Emérito de Histología Complutense: Confiamos en ellos que el nombre y la obra del sabio renacerá con especial fuerza y ​​superará tanta basura, ignorancia y sectarismo.

Recuerdo en este momento que el citado Dr. Benjamín Fernández, en su discurso de entrada a la Real Academia de Farmacia, nos ofreció una fascinante mirada a otras facetas mucho menos conocidas de Cajal, como la literaria. Sin duda Don Santiago fue una de las mentes más clarividentes de la historia de la ciencia española.

Aquellos que recomendaron el ministro-astronauta En cuanto a la loca decisión que rechazamos con indignación, ellos simplemente siguen su línea, los conocemos bien, pero dejándose llevar por un gobierno sectario que parece despreciar a los españoles por serlo, dijo que el ministro está para siempre desacreditado. . Renunciar inmediatamente es lo mejor que podemos asesorarle.

MIGUEL DEL PINO ES PRESIDENTE DE BIOLOGÍA Y CIENCIAS NATURALES.

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