Se han trasladado personas mayores con seguro privado de residencias a hospitales en Madrid



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Se han trasladado personas mayores con seguro privado de residencias

En los días en que los ancianos en hogares de ancianos con covid-19 eran rechazados de los hospitales públicos, sus colegas con seguros privados disfrutaban de un buen comportamiento al ser tratados en una cama de hospital en Madrid. La Comunidad ha impuesto el triaje de las admisiones solo en la red de hospitales públicos, dando una vía de escape para aquellos que tienen la capacidad de pagar por la atención médica privada.

Los operadores de redes privadas y sus clientes confirman a Alicantur que gracias a esta cobertura pudieron sortear la exclusión planificada por la Comunidad de Madrid durante la peor pandemia de coronavirus, entre mediados de marzo y mediados de abril.

Para evitar el colapso de sus hospitales públicos, el Ministerio de Salud elaboró ​​protocolos que excluían de las residencias a las personas mayores que se encontraban en fase terminal y con adicciones como moverse en silla de ruedas. Estos documentos asignaron a los 475 centros de Madrid un geriatra de referencia en un hospital público de su zona, para que decida telefónicamente si era posible derivar pacientes. Pero este triaje no se impuso en la amplia red de más de 40 clínicas y hospitales privados de Madrid, a pesar de que el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, tenía un solo comando sobre salud pública y privada a partir del 12 de marzo.

“Hemos tenido cinco o seis casos de residentes que venían de residencias en zonas estresadas”, comenta Miguel Ortegón, director de la Clínica Santa Elena y presidente de los Hospitales Católicos de Madrid.

Asisa, la aseguradora que gestiona el hospital de Moncloa, con 235 camas, asegura que el Ministerio de Sanidad nunca les ha dicho que seleccionen a los mayores según los criterios del protocolo de exclusión. «Afortunadamente, en ningún momento tuvimos que negar la entrada», dice una portavoz. Según sus portavoces, ninguno de los clientes de Sanitas, con tres hospitales en Madrid, o QuirónSalud, con siete centros propios, fueron rechazados.

La hija de un residente en un centro de la capital madrileña dice que llamó ella misma a Sanitas para ir a buscar a su madre, una persona muy adicta que no había pasado el juzgado de salud pública. Era el 3 de abril, uno de los días más críticos de la crisis sanitaria en la región. Ella dice que una ambulancia vino a recogerla una hora con el reloj. Fue una suerte que no hubiera más en ese asilo de ancianos, según esta familiar que pide el anonimato porque no quiere exponerse a la atención pública. Fue hospitalizado por neumonía bilateral y pasó un mes en el hospital. Cree que su madre habría muerto si no hubiera sido por esa tapadera privada. Eso es lo que le dijeron los trabajadores de ese centro. «Soy muy claro. Supongo que muchas personas que no tuvieron mi oportunidad han perdido la vida».

Cuando un paciente se enfermaba gravemente, los empleados del hogar de ancianos debían llamar al geriatra de derivación del hospital público de derivación para evaluar la transferencia según los síntomas, la saturación de la sala de emergencias y los criterios del protocolo. Si la persona enferma tenía cobertura privada, los asistentes simplemente llamaban a su seguro para solicitar una ambulancia.

Los pacientes del Sistema Sanitario Público dependieron de la evaluación de una red de 22 geriatras de enlace creada por la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Fueron 12 de octubre, Alcorcón, Clínica San Carlos, Cruz Roja, El Escorial, Fuenlabrada, Getafe, Gregorio Marañón, Infanta Cristina, Infanta Elena, Infanta Sofía, Fundación Jiménez Díaz (privada con concierto público), La Paz, Principessa, Móstoles, Príncipe de Asturias, Puerta de Hierro, Ramón y Cajal, Rey Juan Carlos, Severo Ochoa, Sureste y Villalba.

¿Salud sin apellidos?

Durante el periodo aproximado de residuos hospitalarios, del 8 de marzo al 17 de abril, perdieron la vida en residencias de Madrid 5.272 gente con covid-19 diagnosticado o síntomas. Esto representa alrededor del 90% de los 5,975 Murió por la enfermedad en esos centros hasta este martes. Cerca de 300 familias de los fallecidos ya se han sumado a diversas denuncias colectivas contra el gobierno regional y residencias.

No hay datos oficiales sobre el número de adultos mayores en hogares de ancianos que fueron atendidos por la red de hospitales privados durante el período crítico, pero hay datos disponibles que indican que aquellos con los ingresos más altos eludieron más fácilmente el triaje. Según datos de la Comunidad del 25 de marzo, solo el 20% de las 102 muertes durante la pandemia (21 personas) que vivían en las 25 residencias públicas del gobierno regional lo hicieron en un hospital. Mientras tanto, el 36% de las 301 muertes que residen en hogares de ancianos privados (108 personas) habían sido hospitalizadas.

Esta diferencia de trato entre los hospitales públicos y privados cuestiona si la «salud sin apellidos», como algunos la han llamado, funcionó completamente durante la pandemia. La sanidad privada, con 6.068 camas en Madrid, hizo un gran esfuerzo. El 14 de abril había ingresado a más de 1.250 pacientes remitidos por la red de hospitales públicos, según datos facilitados por el concejal Escudero. Pero la intervención del Servicio de Salud no consistió en la imposición de un aporte a las empresas, sino que fueron los propios hospitales privados los que propusieron diariamente la cuota de camas disponibles al Municipio.

El grupo que coordinaba los traslados de la red pública a la privada estaba integrado por 12 personas, dos de ellas representantes de la privada, que realizaban una videoconferencia matutina diaria, según ha informado el presidente del Hospital Católicos de Madrid. Los hospitales privados dieron su parte de las camas disponibles, siempre asegurándose de que hubiera espacio disponible para los clientes de seguros privados. Sanitas registró una tasa de ocupación cercana al 95% en los peores días. Los hospitales de la red católica como la Clínica Santa Elena, que sumó unas 20 camas a sus 76 habituales, estaban casi al límite. A veces Sanidad enviaba autobuses llenos de enfermos al amanecer.

“Nos llamaron desde la audiencia y les dijimos que les podíamos dar 3, 4, 5, 7 camas, pero siempre había que reservar espacio para el paciente que venía con seguro”, dice Ortegón.

¿Conoce algún caso de discriminación o irregularidad en una residencia de la Comunidad de Madrid? Contacta con los periodistas de la sección de Madrid fpeinado@elpais.es o jdquesada@elpais.es o enviarles un mensaje en Twitter a @FernandoPeinado o @jdquesada

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