Tiempos y pueblos



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ESCRITOR SIELNCIO ESPAÑA (ED. Almuzara)

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El reciente encarcelamiento ha agravado el problema rural, como siempre ha sido el caso de las reiteradas declaraciones sobre la reforma agraria en España, luego olvidadas hasta que volvió a salir a relucir con la llamada España vacía. Por eso voy a pensar en lo que ha ocurrido en el medio rural desde que estalló el desarrollo en España a mediados del siglo pasado, que podría haber afectado profundamente al campo.

Antes de esto, las ciudades habían vivido con pocos cambios durante milenios, y esto se evidencia por el hecho de que el arado romano fue la única invención de la materia en los últimos dos milenios. Hasta mediados del siglo pasado, la vida se limitaba a los medios de vida cercanos, con una estrecha dependencia del clima, siempre era desagradable en la península, porque las lluvias o el frío fallaban cíclicamente, pero el severo verano ibérico, nunca en boca desde hace cuatro meses, calienta sin una sola gota de agua.

La economía doméstica se limitó entonces a los cereales, el olivo y la huerta, los cerdos y las gallinas, y se rezó para que los cielos trajeran lluvia y no hubiera necesidad de llevar al santo a caminar pidiendo agua. El trabajo estuvo a cargo de dos maridos que trabajaban en el campo desde el amanecer hasta el atardecer, y hasta el final de la tarde, rodeado por el coro de los ruidos salvajes de la noche en el carro tirado por la mula, regresó al entrar. Miles de quehaceres domésticos, mujeres que vienen a trabajar a los pueblos es admirable. Se levantó dos horas antes que los demás, prendió fuego a la cocina y desayunó, limpió la pocilga, se despidió de su marido e hijos, preparó a los pequeños para la escuela, a los mayores para el trabajo y el resto del día. el almuerzo, una olla de papas, legumbres y una pizca de magro de la matanza, ordeñé la huerta, arrojó los adornos al cerdo, metió las verduras en botes, recogió los huevos del gallinero, encendió la chimenea para calentar la casa, lavó la ropa y remendaba lo agotado … y ayudando al hombre cuando el trigo estaba granulado Aún tenía tiempo y detenciones que tomar, lo llamó a cortar el césped y se fue temprano en la mañana para prestar su hoz y hombro.

Las estaciones del año fueron las que determinó su personalidad. Los duros inviernos fríos se apoderaron del mundo; fuentes de colores vivos, veranos abrasadores, simplemente relajados con frescura; y otoño absoluto, lleno de cultivos húmedos.

Esta fue la España del silencio ocupando al 90% de los habitantes de la península durante decenas de miles de años hasta que se impusieron las primeras garras de algunos cambios que, si bien tímidos al principio, pronto se tornaron abrumadores.

La primera fue la radio, que abrió una puerta a otros mundos, y se convirtió en una ventana luminosa con televisión e imágenes exteriores que nos invitaban a pasar y cambiar nuestra suerte. La televisión fue el encanto fascinante que atrajo a tantos campesinos, arrancándolos de raíz con su oferta engañosa: sueldo fijo, trabajo estable ya cubierto, luz y vivienda con agua corriente … tarde, porque no sabían ver que era una foto que mostraba lo bueno, pero esto es muy nítido. era una película llena de aristas: programación inflexible, trabajo monótono y sin sentido y, sobre todo, la pérdida absoluta de la libertad dorada. significa vivir por tu cuenta.

Entonces todo fue una serie de innovaciones: la máquina que facilitó el trabajo en el campo mientras rompía el silencio y acorralaba a la caballería; fertilizantes químicos que controlan las plagas pero envenenan los alimentos; Un seguro agrícola que quita las incertidumbres del clima … todo esto es aparentemente positivo, pero caro, y los precios no subieron mientras los costos subían. Y por si fuera poco, las normas y reglamentos se derramaron en el medio rural, capturando a personas que no estaban familiarizadas con los papeles y procedimientos, esclavas de los arreglos diseñados en frías oficinas en ciudades remotas. Tanta presión económica y regulatoria impidió que el campo fuera rentable, y se produjo la segunda ola migratoria más grande, dejando solo el diez por ciento de la población. Y ahora, las ciudades bulliciosas son un sueño roto que requiere prestar atención a esa España tranquila que produce alimentos y agua y fomenta formas nuevas y creativas de hacer que vivir en ella sea rentable nuevamente. Porque esta epidemia es la fragilidad de los cuarteles artificiales de la sociedad, y en definitiva lo único que importa es la comida, y esta está en manos del mundo.

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