Tubau, el abogado obedecido por el «mayor» de los Mossos



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Josep Lluis Trapero abraza a su abogada Olga Tubau tras oficializarse su absolución del delito de sedición.
Josep Lluis Trapero abraza a su abogada Olga Tubau tras oficializarse su absolución del delito de sedición.CRISTOBAL CASTRO

Cuando le dijeron que las cosas se estaban complicando demasiado (acababa de pasar por alto la prisión temporal) y que lo mejor hubiera sido buscar un abogado externo, Josep Lluís Trapero hizo un puchero. Al musgosLuchando con el gen empresarial, debe defender los servicios legales de la Secretaría de Gobernación. Pero el abogado de la casa, su tocayo Josep Lluís Florensa, se mantuvo firme, casi tan obstinado como el mayor: un juicio penal en la Audiencia Nacional, con faltas graves, era demasiado agotador y lo hubiera abrumado.

Florensa propuso una candidata: Olga Tubau. La conocía porque había obtenido, junto a su compañera Lidia Lajara, la absolución de dos policías antidisturbios acusados ​​de haberle reventado el ojo a una manifestante, Ester Quintana, con una pelota de goma. El fallo concluyó que no existían pruebas para saber si había disparado a tal o cual movido. El caso está cerrado y un punto para el abogado, que a finales de octubre de 2017 fue visto sentado por primera vez frente a Trapero en una oficina de Egara, la sede de la policía catalana.

En Egara nació una armonía que ha crecido en tres años y que se deriva del cariño mutuo: el miércoles, tras escuchar la absolución, el concejal y el abogado se fusionaron en un abrazo que fue alivio, alivio, pura felicidad. . Una concesión a los sentimientos en dos personajes que no se entregan a mostrarlos: en público, Tubau (59) es reservado y sobrio; Trapero (55), rudo y distante.

Trapero tiene un carácter complicado. Su perro la disputa con el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos por la coordinación ante el 1-O es un ejemplo de ello y quizás explique el enfado del coronel por el juicio. Listo para la discusión, acostumbrado a comandar, con todo el poder en la sede de los Mossos, el mayor En cambio, se sometió, dócil y voluntariamente, a un mandato superior: el de su abogado.

Como cliente, el comportamiento de Trapero fue ejemplar: obediente, respetuoso, sin trabas y se basó en la estrategia de Tubau para su defensa. Cuando no estaba de acuerdo, lo expresaba en voz alta, pero siempre sometido al criterio superior de abuela, como llaman a Tubau en la oficina después de una anécdota en un restaurante italiano, donde el camarero la llamó «abuela», lo que la enfadó mucho.

Tubau, casado, tres hijos y sí, un nieto, ha alcanzado el Olimpo profesional. Acaba de ganar el juicio de su vida y llueve en algunos casos: el último, el del productor de televisión Josep Maria Mainat, a quien supuestamente su esposa intentó asesinar suministrándole insulina. Presente desde hace años en la primera división de abogados penalistas de Barcelona, ​​Tubau tenía otra impulso a fines de la década de 1980, con los GAL, cuando encabezó la fiscalía en el caso Segundo Marey.

«Pero este es su gran acierto, porque un abogado es ante todo un abogado defensor», reflexiona José María Fuster-Fabra, que con el GAL estaba «en la otra trinchera». El abogado recuerda que fue «un período de gran tensión». Por eso para muchos fue una sorpresa verlos tomar una copa en Madrid, en los albores de una amistad que perdura a pesar de estar ideológicamente «del otro lado». «Es una trabajadora, lenta pero enérgica», añade Fuster-Fabra.

Tubau es casi tan apasionada por su trabajo como los dulces y el baile, aunque es «mejor abogada que mujer de negocios», dice Lajara, con quien ha trabajado cara a cara durante años. Por lo demás, es sobria, respetuosa, atenta. Se podría pensar que su estilo francés, cabello corto y blanco, elegantes gafas impermeables, lo adquirió en París, donde nació. Pero no. Allí se conocieron sus padres, trabajadores migrantes y ella llegó a Barcelona de niña.

Amante (literario) de Albert Camus, pero también de la novela negra (Andrea Camilleri, Donna Leon), trabajó en la imagen pública de Trapero, que también tuvo que ceder en esto. “El tono y la actitud son importantes. Tenía que mantener la calma, contener su indignación ”, explica Tubau al día siguiente de su triunfo, todavía exultante aunque la vida siga: acaba de salir de un comunicado sobre un tema mucho menos mediático.

El abogado, que sigue escribiendo sus informes a mano, tenía una línea clara a seguir desde el principio: «Demuestre que los Mosso han hecho lo que pueden». La sentencia le dio la razón. Y también en Florensa. Con el tiempo, el mayor lo reconoció y agradeció que se hiciera a un lado y lo dejara en manos del abuela.