Un salvavidas para Sánchez para concluir la legislatura



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«Con este Gobierno, el gasto público está creciendo un 52%», presumían en las filas de Podemos el pasado martes con la presentación del techo de gasto para 2021, como si fuera una meta y no una losa pesada que se carga sobre los hombros de quienes vendrán después. Al día siguiente, el presidente Sánchez lanzó con gran fanfarria su plan de reconstrucción financiado con dinero europeo -una buena parte del cual habrá que devolverlo- cargado de goles muy verdes y muy grandilocuentes, pero con poca reforma para garantizar que la economía pueda generar la riqueza que necesita para poder reembolsar los fondos. El título de la jornada fueron los 800.000 puestos de trabajo que Sánchez había prometido crear con ese plan. A quienes, como nosotros, llevamos practicando unos años, Esta promesa, con el dinero prestado, por cierto, nos pareció demasiado para los 800.000 puestos de trabajo que prometió Felipe González en 1982. y esto nunca se materializó. Con la diferencia de que cuando Felipe González hizo esa promesa solo había 10 millones de personas trabajando, hoy más de 19 millones. Estos 800.000 puestos de trabajo, por tanto, apenas alcanzan para cubrir los 700.000 perdidos desde que llegó a Moncloa en junio de 2018, y son apenas la mitad de los creados bajo los gobiernos de Rajoy.

Sin embargo, y aunque la figura puesta en perspectiva no está tan graduada como parecía, lo cierto es que esta Los fondos europeos son, sin duda, un salvavidas al que Sánchez quiere aferrarse para ampliar su mandato y, si es posible, agotarlo. Es por eso que el plan que presentó fue solo para los próximos tres años. Por eso quiere incluir 27.000 millones de fondos europeos en los presupuestos del próximo año, por eso quiere que quienes controlan el uso de estos fondos y su impacto no sean un grupo de expertos, sino una comisión interministerial formada por ellos mismos. Gastaremos y quien venga después se encargará de los ajustes.

La esperanza ha vuelto a Europa. España no recibirá el dinero a menos que primero se asegure que se utiliza bien y que servirá no solo para apoyar la digitalización de nuestras empresas y administraciones, sino también la transformación hacia una economía más verde. Pero estos fondos también deberían utilizarse para intentar corregir los principales agujeros negros de nuestro tejido productivo que hacen a nuestro país más vulnerable que el de la mayoría de nuestros socios europeos en tiempos de crisis. Lo vimos en la crisis financiera de 2008 y lo estamos viviendo nuevamente. Y estoy hablando, por ejemplo, de utilizar los fondos para fomentar el crecimiento de nuestras pymes; reducir la temporalidad de nuestro mercado laboral con fórmulas como la mochila austriaca; o acabar con las burocracias estériles que impiden el desarrollo empresarial. No hemos escuchado una sola palabra de todo esto. Y solo podemos confiar en que Europa se asegurará de que estos fondos se utilicen al máximo, como hizo España en su día con los Fondos Estructurales, y que este gasto no acabará siendo una pesada carga para los gobiernos y las generaciones futuras.

Los números. 72.000 millones de euros es lo que el gobierno de Sánchez pretende pedir a la UE que gaste durante los próximos tres años hasta el teórico final de la legislatura. De esta cifra, 27.000 ya irían a los presupuestos del próximo ejercicio fiscal. Con estos fondos esperan la creación de 800.000 puestos de trabajo.

Yolanda Gómez RojoYolanda Gómez RojoSubdirectorYolanda Gómez Rojo

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