Vida sin gluten: necesidad o moda



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La hora de comer en el trabajo siempre fue difícil para Gema. Cuando tenía 24 años, se levantaba todas las mañanas, como lo había hecho durante más de diez años, para preparar su plato de comida en un recipiente.

No podía ir al restaurante con el resto de sus compañeros de oficina. Podía comer de algunos de ellos, pero no confiaba completamente en lo que le ponían en el plato.

El único lugar en el que confiaba estaba a unos cinco kilómetros de su casa y, por diversas razones, no podía permitirse comer allí todos los días.

Gema es celíaca y como ella mucha gente todavía la padece autoexclusión social comiendo una dieta libre de gluten requerida por su enfermedad.

La enfermedad celíaca es una afección del sistema inmunológico en la que las personas no pueden consumir gluten porque daña el intestino delgado. Es una enfermedad inflamatoria que puede afectar a varios órganos. La mucosa del intestino delgado es el sitio más afectado.

¿Hay muchas personas con intolerancia al gluten?

Este proceso inflamatorio es causado por el gluten, una proteína que se encuentra en las semillas de varios cereales (trigo, cebada, centeno o avena) y afecta a personas genéticamente susceptibles. A nivel mundial se estima que esta enfermedad afecta al 1,4% de las personas. En América del Sur en la prevalencia varía entre el 0,4% y el 0,6% de las personas.

Aunque suele diagnosticarse en la infancia, también puede aparecer en adultos. En España, las cifras de afectados varían entre el 0,71% en niños y el 3,57% en adultos.

La frecuencia con la que se presenta este trastorno no solo varía con la género y edad, pero también tiene diferencias según la ubicación geográfica.

Estas diferencias entre países podrían explicarse por factores genético y ambiental. Por ejemplo, la cantidad de trigo consumida en su dieta habitual, la edad de introducción del gluten, la lactancia, infecciones gastrointestinales o uso de antibióticos, entre otros.

Dificultad para tener enfermedad celíaca

Debemos ser conscientes de que la enfermedad celíaca es una condición permanente. Se trata de vivir con una dieta libre de gluten para siempre y en todo momento. El último estudio realizado en España sobre la calidad de vida de las personas celíacas muestra que un período más largo de dieta sin gluten se ha asociado con una mejor Calidad de vida.

Sin embargo, son muchas las variables que dificultan el mantenimiento de este tipo de dieta. Por ejemplo, algunos autores han observado que falta de etiquetado veracidad de los ingredientes que componen los alimentos sin gluten, junto con Alto costo de estos, disminuye la adherencia a una dieta libre de gluten.

Los autores de este artículo estudiaron este desafío continuo de seguir una dieta libre de gluten de por vida. Las conclusiones de este trabajo indican que las personas con enfermedad celíaca percibir la enfermedad como una experiencia negativa. Esta situación es el resultado de la suma de todas las situaciones que se han producido relacionadas con una dieta sin gluten.

La locura por las dietas sin gluten

En este sentido, otros estudios muestran la falta de mayor concienciación y apoyo social a todos los niveles. Observamos que esta enfermedad pasa muy desapercibida para la gran mayoría de personas y solo los afectados y las personas del entorno familiar y social más cercano conocen el alcance de sus repercusiones.

La tendencia a eliminar el gluten de la dieta surge como respuesta terapéutica a la enfermedad celíaca. Sin embargo, el consumo de productos sin gluten está experimentando un aumento espectacular en la población general que va más allá de los pacientes diagnosticados.

En España, las cifras de afectados varían entre el 0,71% en niños y el 3,57% en adultos.

Las dietas sin gluten se han extendido entre la población sana que opta por una dieta sin gluten pasado de moda o la creencia de que los productos sin gluten son más saludables. También es común asociarlo con la pérdida de peso o la disminución de futuras enfermedades gastrointestinales, entre otras.

Esta situación ha sido aprovechada e incluso impulsada por la industria alimentaria, que ha diversificado su oferta de productos, especialmente en los países desarrollados.

Los especialistas en marketing son conscientes de este fenómeno. Saben que el marcado de productos con el «sin gluten»Es importante para los usuarios cuando deciden comprar un alimento.

De esta forma, existe una variedad creciente de productos alimenticios sin gluten en los supermercados y, con ellos, también se editan recetarios.

Los productos sin gluten ya no son saludables

Sin embargo, una dieta sin gluten no está exenta de problemas. Para simular las características que le da el gluten a los productos de panadería y pastelería es habitual añadir más grasas saturadas, para agregar estabilidad y más azúcar, para mejorar el sabor.

Estos cambios en la producción de productos a menudo se traducen en alimentos. alta densidad de energía. Esto está asociado con excesos de calorías que conduce al sobrepeso y la obesidad, que a su vez están relacionados con problemas metabólicos.

Además, para las personas con enfermedad celíaca, existe un componente significativo de aislamiento social. Puede resultarles difícil participar en celebraciones, ritos religiosos e incluso comidas con amigos o familiares.

Los especialistas en marketing son conscientes de este fenómeno. Saben que marcar los productos con la etiqueta «sin gluten» es importante para los usuarios a la hora de elegir comprar un alimento.

Por su parte, la dieta sin gluten también puede ser motivo de preocupación, especialmente para los padres. Es común encontrar gluten en salsas, aderezos y alimentos en el que es difícil de identificar, lo que nos llevaría a causar un problema en los niños celíacos.

Por lo tanto, es importante evaluar qué verdadero costo emocional que la presencia de esta enfermedad crónica en sus vidas implica para las personas con esta condición y sus familias. Al mismo tiempo, la investigación de este fenómeno ayudaría a encontrar las intervenciones más adecuadas para ellos.

Por tanto, se podría plantear la necesidad de aplicar nuevas formas de intervención socio-sanitaria que sean complementarias a las actuales y que permitan una respuesta global a las necesidades de salud del paciente celíaco.

Julián Rodríguez Almagro, profesor adjunto médico. Grupo ICE., Universidad de Castilla-La Mancha. Antonio Hernández Martinez. Profesora de Enfermería Maternoinfantil. Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Terapia Ocupacional, Universidad de Castilla-La Mancha. Juan Miguel Martínez Galiano. Catedrático de la Universidad de Jaén.

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