Vínculo técnico entre PSC y ERC, pero el independentismo garantiza la mayoría



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Los miembros de un colegio electoral del colegio Roig de Terrassa de Montserrat comienzan el recuento.
Los miembros de un colegio electoral del colegio Roig de Terrassa de Montserrat comienzan el recuento.Cristóbal Castro

El PSC de Salvador Illa ganará las elecciones catalanas con el 24,2% de los votos y 33 escaños, según se desprende cuando el conteo supera el 55% de los votos y el baile de los escaños empieza a ralentizarse, lo que supone duplicar el resultado que los socialistas obtenido en las elecciones celebradas tras la intervención de la Generalitat en 2017. A pesar de esa victoria, la segunda consecutiva en Cataluña que no cae del lado de un partido independentista, el secesionismo tiene suficientes escaños para nombrar al próximo presidente de la Generalitat, desde ERC , Junts y la CUP se suman a la mayoría absoluta necesaria para la investidura.

Los republicanos de Pere Aragonès, con el 21,3 de los votos y 33 escaños (lo mismo que en la cita de 2017), superan a los Junts por votos y un escaño. Los de Laura Borràs conseguirían dos escaños menos que los obtenidos por Junts para Catalunya en las últimas elecciones. Vox, según los primeros resultados parciales, habría sido entregado a la Cámara Catalana como cuarta fuerza y ​​once diputados. La CUP ganaría 9 escaños.

Ciudadanos sufriría un desastre y pasaría de ser la fuerza más votada en 2017 con 36 diputados en apenas seis escaños. El PP aguantaría tres, uno menos. Un Comú Podem repetiría los resultados y el PDeCAT se quedaría fuera del Parlamento.

Así, ERC podría volver a gobernar el independentismo, aunque el PSC también podría intentar sumar Catalunya en Comú y ERC a una posible mayoría de izquierda. Y si triunfara la coalición independentista, ahora estaría liderada por Esquerra Republicana en lugar de Junts, que ganó en 2017 dentro del bloque independentista.

La ventaja que tiene la ERC ofrece como punto de partida la posibilidad de conducir a la Generalitat desde su posición más pragmática respecto a la independencia, tras defender la necesidad de ampliar la base secesionista para forzar la celebración de un referéndum consensuado con el Gobierno central. La presidenta de Junts, Laura Borràs, ha presentado una postura más dura en el caso de que el secesionismo alcance más del 50% en las elecciones. La mayoría de la izquierda parece más complicada porque, si bien pudo sumar la mayoría de escaños, durante la campaña el ERC se distanció de cualquier acuerdo con los socialistas y llegó a firmar, junto al resto de partidos secesionistas, un documento en el que se niega a estar de acuerdo con los socialistas.

La alta abstención marcó las elecciones de hoy. A las 18:00 horas, la asistencia había descendido 22,5 puntos respecto a 2017, aunque en ese momento era un récord por la convulsión política que atravesaba Cataluña por el fracaso de la declaración de independencia. Además, la pandemia desencadenó la votación por correo, lo que podría corregir ligeramente las cifras de participación. En total, han sido convocadas a votar hoy 5,36 millones de personas residentes en Cataluña y otras 255.000 residentes en el extranjero.

Las elecciones de hoy, las cuartas desde que Artur Mas inició el fallido proceso independentista en 2010, se llevaron a cabo ocho meses antes de que se agotara la legislatura después de que los socios del actual gobierno, Junts y Esquerra, no lograran ponerse de acuerdo sobre el nombre de un presidente para reemplazar a Quim Torra , inhabilitado por la Corte Suprema el 28 de septiembre por el delito de desobediencia. Las elecciones fueron convocadas automáticamente por el Parlamento y el Gobierno, junto con otros partidos, intentó posponerlas a mayo con el argumento de que la pandemia de coronavirus no recomendaba un movimiento de 5,3 millones de votantes potenciales y 100.000 personas en la organización logística de las elecciones. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña rechazó el aplazamiento rechazando el decreto del Gobierno.

Finalmente, la Generalitat cumplió con la decisión de los tribunales y aceleró los preparativos de las elecciones marcadas por las medidas de seguridad debido a la pandemia, generando un coste adicional de ocho millones de euros. Se aumentó el número de colegios electorales, se tuvo que comprar equipo de protección para proteger a los miembros de los colegios electorales y se fortalecieron los servicios de limpieza. Se fortaleció la votación por correspondencia, a través de la cual se articularon 284.706 boletas, 350% más que en las elecciones de 2017. Esto representa poco menos del 5% del censo, que será incluido en el escrutinio de esta noche.

La desmovilización marcó una campaña muy centrada en gestionar la pandemia junto con la necesidad o no de seguir impulsando la independencia de Cataluña. La gran noticia de este nombramiento es el candidato del PSC, Salvador Illa, que abandonó el Ministerio de Salud poco antes de la campaña electoral e intentó utilizar su proyección pública para mejorar los resultados de los socialistas. En el campo de la independencia, todos los candidatos también son nuevos. Laura Borràs (Junts) es la candidata efectiva del partido del expresidente Carles Puigdemont, que encabeza simbólicamente la candidatura. Su opción es mantener viva la idea de la independencia unilateral de Cataluña, aunque ahora no esperen hacerla efectiva a corto plazo. Esquerra presentó como candidato a Pere Aragonès, con un perfil más pragmático, tras la inhabilitación y condena a 13 años de prisión del líder del partido Oriol Junqueras por su participación en el proceso independentista.

A pesar de las disfunciones internas mostradas por el gobierno de coalición de Junts y ERC, ambas fuerzas han mostrado voluntad de mantenerlo y han dado la imagen de vetar cualquier alianza con el PSC, firmando un documento junto con el resto de las fuerzas independentistas. conspirar contra los acuerdos con los socialistas de Salvador Illa. Ese acuerdo deja muy débil la opción de la segunda puerta abierta que dejan los resultados: un pacto progresista al que se sumarían PSC, Catalunya en Comú y Esquerra Republicana. La pregunta es si la CUP finalmente estará dispuesta a facilitar un nuevo gobierno independiente en la Generalitat. Su incorporación al ejecutivo está en curso.