Wembley, donde empezó todo para España: así nació el equipo que desafía a la invicta Italia



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Luis Enrique regresa al lugar donde comenzó su revolución hace casi tres años. «Somos más un equipo de club que una selección nacional», dice el técnico asturiano.

Once inicial de Luis Enrique, el 8 de septiembre de 2018 en Wembley.
Once inicial de Luis Enrique, el 8 de septiembre de 2018 en Wembley.REUTERS

7 de septiembre de 2018 Luis Enrique habló en la sala de prensa del estadio de Wembley, la que no pudo pisar el lunes porque lo hizo el lunes – para hablar – desde el hotel del equipo. En este extraño Eurocopa donde los aficionados no pueden ver a su equipo y los equipos no pueden entrenar el día anterior en el escenario, todo es muy extraño. El caso es que el 8 de septiembre de 2018, Luis Enrique tomó la palabra antes de debutar como seleccionador nacional. «El objetivo es evolucionar y dejar de ser predecible», dijo, y comenzó un viaje, interrumpido hace unos meses, que tiene una temporada crucial en Wembley este martes. No definitivo, porque el proyecto del técnico continuará, al menos, hasta el Mundial de Qatar, pero es fundamental.

«Evoluciona y deja de ser predecible». Más allá del debate sobre si este equipo es más o menos predecible, lo cierto es que ha ido evolucionando a lo largo de estos tres años. De hecho, la lista que presentó a finales de mayo es la más disruptiva desde que era gerente, sin Sergio Ramos y, por extensión, sin nadie del Real Madrid. Del Bara solo hay tres (Busquet, amanecer Pedri) y el Atlántico dos (Llorente Koke). El que más aporta es el Manchester City, y el resto lo reparten equipos dentro y fuera de España. Después de los años de éxito y los continuos y fallidos intentos de revolución por parte de bosqueLopetegui, Luis Enrique ha llegado para volver a España en las semifinales de un gran torneo nueve años después.

Y lo hizo con una apuesta muy personal, siendo el único líder visible de un grupo joven y hambriento. Eso, el hambre, es lo que distingue a este equipo de los presentados por España en los últimos años. Hambre y haber construido un magnífico grupo humano, donde tipos como Busquets, que han visto todo tipo de cosas, están contentos. «No puedes hacer algo grandioso en un deporte de equipo si crees que las personas son más importantes que el equipo. Somos más un equipo de club que una selección nacional».dijo ayer el técnico asturiano.

32 partidos sin perder

Por el camino, unos números que admiten todo tipo de lectura. Contando esta última fase de 17 partidos con Asturias, España solo ha perdido uno, es cierto, contra Ucrania (1-0), pero también es cierto que solo ha ganado seis, empatando 10, incluidos cuatro de los cinco partidos de la Eurocopa. esta temporada (dentro de los 90 minutos). Solo ha vencido a Eslovaquia en este torneo, pero lo cierto es que, con ese equilibrio, estaba a un paso de la final. Nada distrae a los jugadores de ese gol.

Lejos de pensar que el trabajo ya está hecho, lo cual es legítimo conociendo las expectativas anteriores, el grupo está convencido de que hay dos victorias para ello. Italia, un rival que acumula 32 partidos sin perder con Mancini, deslumbrado en este Campeonato de Europa, pero el declive de Espinazzola y la fuerza del grupo, entregado sin dilación a un bien colectivo común y lejos de las divinidades de otras épocas, no demasiado lejanas, hacen que España crea en el paso. Italia y España se han enfrentado en 37 ocasiones, con un récord de 11 victorias, 15 empates y 11 derrotas para la selección. Las historias recientes de ambos no se pueden entender sin el recuerdo de los penaltis de 2008, la final de 2012 o los octavos de final de 2016.

La primera batalla será saber quién tendrá la pelota.

Luis Enrique

El camino, entonces, de 2018 aquí tuvo todas las aristas imaginables y mostró la heterodoxia de un entrenador incapaz de pasar desapercibido. De los once titulares que presentó aquel 8 de septiembre de 2018 en Wembley para su debut (por cierto, España ganó 1-2), solo De Gea, Busquets y Thiago Estoy en esta llamada, y solo el centrocampista del Barça es el dueño. No es exagerado escribir, por tanto, que Luis Enrique ha hecho transiciones en su propia transición. Ha cambiado de convocatoria y once iniciales (nunca ha repetido en esta Eurocopa) para llegar a estas semifinales, donde pisará el césped que le vio debutar hace casi tres años. «Me gusta Dragon Kahn», dijo más tarde, refiriéndose al vértigo que podría llevar a su debut ante un equipo así en un estadio así.

¿Qué hará el rival?

Ese día prometió que a su equipo le gustaría ser el protagonista, que a él le gustaría tener el balón y atacar siempre y que, cuando lo perdieran, correrían duro para recuperarlo. Y lo cumplió, por mucho que la apuesta admita debate, e incluso al propio técnico le gustaría que los rivales no volvieran tan lejos para jugar con menos toques, en transiciones más rápidas.

Aquí radica la principal duda. El técnico asegura que casi todos los equipos cambian su forma de jugar contra España. Italia, con Mancini, quiere el balón y quiere atacar. Sin embargo, en el vestuario sospechan que este martes se trasladarán a un equipo retirado en su propio campo, en busca de un contraataque. «Será la primera batalla del partido, saber quién tendrá el balón», dice Luis Enrique, que mira a la final como todos, hambriento.

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