Zaldibar un año después, ni cuerpo ni custodia



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La pendiente del vertedero, una vez asegurado con muros de contención en diferentes puntos.
La pendiente del relleno sanitario, una vez asegurada con muros de contención en diferentes puntos.JAVIER HERNANDEZ

Joaquín Beltrán estuvo enterrado en el vertedero de Zaldibar (Bizkaia) durante un año. Su esposa y sus tres hijos no quieren que se quede allí, enterrado en tierra y basura. «No puedes parar hasta encontrarlo», preguntan. El 6 de febrero de 2020, Joaquín fue devorado junto con otro trabajador, Alberto Sololuze -sus restos fueron encontrados en agosto- por un aluvión gigante de basura luego del colapso del vertedero. «Un año después seguimos aquí, esperando que lo encuentren», se queja Laura Beltrán, hija del desaparecido. «Tenemos que llevárselo a casa para darle el descanso que se merece».

En casa de Beltrán no han perdido la esperanza, aunque cada vez son más incrédulos. Se han rastreado millones de toneladas, centímetro a centímetro, sin dejar rastro aún de Joaquín (51 años y residente en Zalla, Bizkaia). Solo quedan dos áreas por examinar. Uno de estos corresponde al lugar donde se ubicó el relleno sanitario. “Si aparece, debe estar allí. Si no, se agotan las posibilidades de localizarlo ”, dice el abogado Manu Unzueta, portavoz de la familia.

Nahia es la hija de Alberto Sololuze y solo quiere que encuentren a Joaquín, que cierren el vertedero para siempre y se despejen todas las responsabilidades. El miércoles coincidió con los niños de Beltrán en Ermua: «Todos los muertos son horribles, pero ser enterrado en un vertedero es insoportable», añade. Y que muchos técnicos coinciden en que los criterios de búsqueda son correctos. El antropólogo forense Paco Etxeberria cree que el asentamiento del terreno y la búsqueda de restos humanos se hace con buen juicio, pero deja claro que tales movimientos son impredecibles. “En deslizamientos de tierra, deslizamientos de tierra, avalanchas, deslizamientos de tierra de esta magnitud el cuerpo puede moverse hacia abajo y hacia adelante mucho o poco, nunca se sabe de antemano y esto requiere paciencia”, dice.

Al dolor de la ausencia de Joaquín y al enfado por una búsqueda que está resultando estéril, se suma el malestar por la lentitud del proceso judicial que investiga la mayor tragedia ambiental ocurrida en el País Vasco, y que hay elementos que podrían revocar las investigaciones.

A las 9:30 am del jueves 6 de febrero, la firma de ingeniería a la que se dirigió Verter luego de las advertencias de Beltrán de que había grietas y movimientos envió un correo electrónico al predio del vertedero. El mensaje, que hacía referencia a una visita de sus especialistas tres días antes, advirtió a Verter que «ningún escenario está fuera de discusión». El mensaje, recogido en el informe policial, fue impugnado por la defensa de los imputados porque «no es un documento oficial». Su confirmación en el testimonio puede ser instrumental en el trámite que siga el Juzgado de Educación No. 1 de Durango.

El mensaje fue tristemente premonitorio. Siete horas después, una masa de 800.000 metros cúbicos de tierra cayó por la pendiente, envolviendo a los dos operadores y finalmente colapsando la autopista AP-8 que conecta Bilbao con San Sebastián.

Si los ingenieros que estudiaron el relleno sanitario ratifican su contenido en la corte, las acusaciones podrían demostrar que Verter estaba al tanto del riesgo que implica mantener el negocio del relleno sanitario. Un comportamiento ahora clasificado como imprudente podría considerarse «posible fraude», aclara un delincuente. En ese caso, agrega, se les podría imputar un delito de homicidio y el caso sería juzgado por un jurado popular.

Pero nadie fue llamado a declarar, denuncian las acusaciones. Unos 40 testigos esperan, algunos de los cuales podrían ser clave. Estos son los responsables del citado correo, un equipo de ingenieros y topógrafos que acudieron al vertedero el lunes 3 de febrero de 2020 para comprobar su estado. Como uno de los trabajadores había advertido a los directivos de la empresa días antes del colapso, los técnicos también comprobaron que había grietas y resbalones en el suelo. A pesar de esto, los camiones de basura continuaron accediendo a la instalación, que ha estado abierta desde 2011 y se espera que se llene en 2022.

El alcalde de Ermua, Juan Carlos Abascal, tiene claro el recuerdo del momento en que el jefe de la Policía Municipal lo llamó para advertirle que el costado del vertedero se había derrumbado. “La pendiente se recuperará, se estabilizará y volverá a ponerse verde, todo se recuperará menos la vida de Alberto y Joaquín”, se queja, convencido de que el cierre del vertedero es lo mejor que puede pasar.

Y eso es lo que la familia de Beltrán no quiere que suceda, al menos si los técnicos no han encontrado el cuerpo antes. El Gobierno Vasco ha anunciado que sellará el vertedero una vez finalizadas las actividades de investigación. Podría suceder a finales de marzo. «No puedes parar hasta encontrarlo», acuerdan todas las partes en los pueblos circundantes. También estoy de acuerdo con el rechazo del personaje de Vox como acusación popular en el caso. La formación de extrema derecha interpuso recurso de apelación en la audiencia contra la negativa del fiscal y del tribunal a otorgarlo.

Los muros de contención que se construyeron en Zaldibar no pueden contener la tristeza de las familias por la terrible muerte de Alberto y Joaquín. No hay nada que atempere la desolación. Aparte de poner una placa en el vertedero, dicen. La llama de la esperanza aún no se ha apagado mientras haya un pequeño espacio para un descanso digno. Mientras tanto, solo queda el recuerdo.